Texto, Alberto González.

La región cubre una superficie de 16.844 km2 y tiene aproximadamente 3,5 millones de habitantes, lo que representa un 55% de la superficie belga y un 32% de la población.

800px-0_Mons_-_Grand'Place_(2)CUANDO, A PRIORI, no se tienen referencias sobre un destino vacacional, puede bastar una pequeña excusa –un festival, una inauguración o simplemente la existencia de un edificio– para encender la chispa de la curiosidad. Y de ahí a comprar los billetes de avión, puede ir un paso. Durante este año 2015, Valonia tiene varios de estos reclamos. El primero –atractivo, sobre todo, para los aficionados a la historia– es la celebración del bicentenario de la batalla de Waterloo y la llegada de Napoleón I a suelo belga, hecho que se produjo en el año 1815. El aniversario llegará a su punto álgido durante cuatro días de junio. Sin embargo, durante to- do el año se conmemora esta fecha a través de un circuito de 100 kilómetros que recorre las provincias de Henao, Namur y Brabante Valón. El mismo que en su día realizara el emperador Napoleón y que nos acerca a los monumentos, museos, folclore y patrimonio de esta zona.

Pero el plato fuerte, a nivel turístico, se encuentra en la ciudad de Mons, capital europea de la cultura 2015. Esta designación ha supuesto la creación de un programa compuesto por más de 300 eventos, que salpicarán los 12 meses. Durante todo el año, las obras de arte salen de los museos y llenan de instalaciones efímeras y exposiciones al aire libre los rincones más inusitados.

Por otra parte, la ciudad acoge multitud de espectáculos de baile y teatro, entre los que se podrían destacar los trabajos de Marco Matrinelli (Italia), de la compañía líbano-canadiense Wajdi Mouawad, del flamenco Wim Vandekeybus o el francés Joel Pommerat. En el apartado musical –y dejando a un lado los conciertos de estilos actuales como el rock o la música electrónica– se reservará un lugar destacado al compositor Rolandus Lassus que, oriundo de esta ciudad, llegó a convertirse en un referente en la Europa del siglo XVI. Maratones poéticos al aire libre, pasarelas para el diseño y creaciones digitales serán otros de los atractivos de estos 365 días de capitalidad cultural.

Historia militar. Por si fuera poco, cinco mu- seos están a punto de inaugurarse en Mons. Para empezar, el Mons Memorial Museum (o MMM), que narra el pasado de la ciudad a través de las guerras, desde la edad media al Shape (el centro de comando militar de las fuerzas de la OTAN), pasando por el antiguo régimen y las batallas circunscritas en las dos guerras mundiales.

Por otra parte, el campanario de Mons –Patrimonio de la Humanidad por la Unesco– acogerá un recorrido museístico para mostrar su relación con el resto de la ciudad. Afortunadamente, un ascensor acristalado conduce hasta la cima, a 87 metros de altura, desde donde se tienen unas preciosas vistas panorámicas.

En tercer lugar, la primavera asistirá a la inauguración de la Arthothèque, en la antigua capilla del convento de las ursulinas, un magnífico ejemplo de arquitectura clásica del siglo XVII. Desempeñará un rol múltiple, como centro de depósito, de búsqueda, de restauración y de estudio del patrimonio.

El cuarto de la lista es el Museo del Doudou, ubicado en el jardín Du Mayeur y dedicado a la Ducasse de Mons, una celebración que la Unesco ha declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, en la que se recuerda la legendaria batalla entre San Jorge y el dragón. Un patrimonio excepcional que se repasará desde un punto de vista antropológico, científico, ar- tístico, laico y religioso.

Por último, no debe olvidarse Silex’s, el que será el nuevo centro de interpretación de las minas neolíticas de Spiennes (a seis kilómetros de Mons), uno de los centros de extracción minera más antiguos y vastos de Europa (se tiene constancia de presencia humana en este lugar desde el Paleolítico).

OTRAS CIUDADES

1024px-Liege_View_03Namur, Lieja, Tournai y Charleroi

Pese a que, durante el 2015, Mons sea la ciudad más dinámica de Valonia, el viajero no debería perder la oportunidad de conocer algunos otros enclaves de la región. Por ejemplo, Namur, la capital, que se encuentra en la confluencia de los ríos Sambre y Mosa. En la antigüedad, dicha posición geográfica fue blanco de envidias. Sin embargo, también la convirtió en protagonista de episodios tan cruentos como la batalla de Las Árdenas. Una de sus atracciones más populares es la ciudadela que, con siete kilómetros de sótanos, presume de ser la fortaleza con la urdimbre de galerías más grande de Europa.

Lieja, por su parte, es una urbe cosmopolita y vital gracias –en gran medida– a la universidad, ubicada en un barrio que vive al ritmo de los cafés y los restaurantes. Feudo del Sacro Imperio Romano Germánico durante ocho siglos, se constituyó, asimismo, como el primer principado episcopal en la historia de la Iglesia Católica.

También va sobrada de historia Tournai. Tiene, concretamente, 2.000 años de antigüedad, y sus calles así lo atestiguan, con diversos edificios patrimonio de la Unesco, entre los que se encuentran el campanario más antiguo de Bélgica, la catedral de Notre Dame y la Iglesia de Santiago.

Entre las grandes metrópolis valonas tampoco hay que olvidar Charleroi, cuna del cómic belga (de ahí que, al pasear por el metro o el centro, se encuentren personajes como Spirou, Marsupilami o Lucky Luke) y poseedora de un gran patrimonio modernista. Un consejo: no hay que marchar de la ciudad sin probar dos de sus grandes especialidades gastronómicas: el grenadin (ternera cortada a filetes gruesos con una salsa a base de tomate, cebolletas, estragón, vino blanco seco, nata líquida y pimienta blanca) y las chuletas en salsa Al’berdouille (a base de margarina, pimienta, y mostaza).

Con encanto

A las grandes ciudades antes citadas habría que sumar las 24 villas que engloba la lista de los Pueblos más Hermosos de Valonia, en función de su patrimonio rural, natural o arquitectónico. Entre ellos está, por ejemplo, Celles, con sus casas de piedra perfectamente conservadas y la iglesia románica de Saint-Hadelin; Nobressart, en el parque natural del valle de Attert; Mélin, con sus casas de piedra blanca, siempre florecidas; Ragnies, rodeado por los bosques de Luiseul y de Les Agaises y con cuatro imponentes granjas; o Soiron, con su magnífico castillo.