Destinos Octubre

La distancia entre ciudades es pequeña y están bien conectadas en tren. Dos factores básicos para considerar la idoneidad de la región para una posible escapada.

TRES DÍAS pueden ser claramente insuficientes para conocer una gran metrópolis. Pero, al mismo tiempo, pueden bastar para un primer contacto con toda una región. Esto es lo que ocurre en Flandes, donde los más inquietos podrán trazar un raudo recorrido de Amberes a Lovaina y de allí a Bruselas, la capital.

Claro está que tendremos que ser selectivos y no podremos detenernos en todos los aspectos que cada una de ellas ofrece. Pero la sensación final será la de haber exprimido el tiempo al máximo. Comenzando por la primera –Amberes–, se recomienda centrarse en el nuevo barrio de Het Eilandje, el antiguo puerto fluvial, hoy rebosante de arte y restaurantes con encanto. Además del nuevo Red Star Line (ver despiece), allíse encuentra el impresionante edificio del museo MAS, que cuenta una innovadora historia sobre las relaciones históricas de Amberes con el resto del mundo. Asimismo, se recomienda comprobar por qué la ciudad está considerada la ciudad belga de la moda (de hecho, mucha gente la visita solo para ir de compras).

Uno de los trayectos más recomendables es pasear por la calle de Meir hasta la plaza de Groenplaats, también conocida como la milla de oro.43 kilómetros separan Amberes de la segunda parada: Lovaina, un auténtico paraíso para los amantes de la bicicleta. De hecho, se han preestablecido varias rutas cicloturísticas que muestran algunos de los atractivos de este destino, como por ejemplo las cuatro abadías lovanienses u otros bellos rincones a las afueras: en los alrededores se encuentran algunas de las zonas forestales más grandes de todo Flandes. La arboleda de Heverleebos, por ejemplo, con sus más de 300 tipos de árboles y arbustos, bien merece una pedaleada. Y en el bosque Meerdaalwoud prima la naturaleza hasta tal punto que algunas zonas están vetadas al tránsito humano. Además, ocho kilómetros al sur de Lovaina, se encuentra el parque natural De Doode Bemde, con más de nueve kilómetros de senderos.

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Dejando a un lado la bici, uno se puede adentrar en el carácter juvenil de esta ciudad visitando la flamante biblioteca universitaria, con un millón de libros. Aunque nada como unas buenas cervezas para revivir el auténtico carácter estudiantil. La ciudad alberga la fábrica de las mundialmente conocidas Stella Artois o la Hoegaarden. Otra cita ineludible es la cervecería artesanal Domus. Pero quizás lo que más sorprende a los visitantes de Lovaina es la Oude Markt, una plaza conocida entre los estudiantes de la ciudad como la barra más larga del mundo, por albergar muchos bares al más puro estilo mediterráneo. Y sin hora de cierre.

Bruselas. En contraste con la primera guerra mundial, el periodo comprendido entre 1871 y 1914 fue una época florecientey próspera para Francia y Bélgica. Tanto es así que se hizo famosa como la belle époque. No se puede hablar de este periodo sin mencionar a Victor Horta,cuya actividad brilla especialmente en la última ciudad de este recorrido: Bruselas. Con su arquitectura, dicho artista se convirtió en pionero del movimiento art nouveau en el país. El Hotel Tassel (1893) fue su primer edificio construido en el nuevo estilo; y entre las obras desu ocaso, está el Museo de Bellas Artes, todo un símbolo en la ciudad. Además, cualquiera que desee profundizar en los forjados, las claraboyas o las terrazas de este genio, debe visitar el Museo Horta.

De una forma más genérica, los interesados en profundizar en este fascinante periodo de la historia deben visitar el nuevo Museo Fin-de-Siècle. Cuenta con pinturas de Léon Spilliaert y James Ensor, así como poemas de Emile Verhaeren y Maurice Maeterlinck (héroe literario nacional que ganó el Premio Nobel de  Literatura en el año 1911).

EN HONOR A LOS ANTIGUOS VIAJEROS:

Los hombres hemos trazado nuestra historia a través de grandes periplos que nos han llevado de una punta a otra del globo. Viajes por placer, pero muchos de ellos también por obligación, como los que se vieron obligados a realizar miles de belgas a finales del siglo XIX y principios del XX. Sus historias y testimonios constituyen el núcleo principal de la colección del Museo de la Red Star Line (www.redstarline.be), llamado así por la naviera antuerpiense de la época.

El museo, que fue inaugurado el pasado mes de septiembre, se encuentra principalmente ubicado en los almacenes de ladrillo que la naviera levantó durante seis décadas en el puerto de Amberes. Entre 1873 y 1934, dos millones de europeos partieron desde allí en dirección a Estados Unidos, con la ilusión de encontrar una vida mejor. Sus inquietudes se palpan en las paredes del museo, a través de fotos, carteles, obras de arte, suvenires y objetos de recuerdo.

Entre estas huellas, están las de algunos personajes ilustres, como el físico Albert Einstein, la política Golda Meir o el compositor IrvingBerlin. La muestra también presta atención a la emigración actual a través de la proyección de la película Dance de Hans Op de Beeck. A las históricas edificaciones portuarias hay que sumar un elemento nuevo: una estilizada torre que, con forma de proa, parece querer empezar su propio viajesurcando el río Escalda. El espacio que ocupa ahora la torre llena el que dejó la antigua chimenea que los desorientados emigrantes tomaban como referencia desde la ciudad para encontrar las naves.

Texto Alberto González

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