Pasear por las orillas del Garona y del Tarn permite descubrir míticos enclaves medievales y sorprendentes itinerarios gastronómicos.

La bicicleta resulta uno de los medios de transporte más adecuados para recorrer, en su totalidad o en parte, la ruta de 85 kilómetros que atraviesa el pulmón verde de Tarn y Garona: el valle y las gargantas del Aveyron. Un área donde se asientan pueblos medievales como Saint-Antonin Noble Val, Penne, Bruniquel, paisajes salvajes y carreteras acariciadas por abundante vegetación.

El trayecto se inicia en Montauban, un enclave de casi nueve siglos de existencia. Se trata de una ciudad de ladrillos rosas que ofrece al visitante joyas como la Place Nationale, que destaca por sus espléndidos soportales, sus tradicionales calles peatonales y hoteles con encanto, además de una espectacular vista sobre el antiguo Palacio Episcopal, desde el reconocible Puente Viejo. Esta urbe ha sabido conservar su identidad y rehabilitar sus numerosos monumentos, testigos de una historia rica y agitada: la Place National, la iglesia de Saint-Jacques, el museo Ingres, alojado en el Palacio Episcopal del siglo XVII, el Puente Viejo del siglo XIV, la catedral de Notre-Dame, así como las esculturas de Antoine Bourdelle.

Al aire libre: Las gargantas del Aveyron constituyen también un auténtico paraíso para las actividades al aire libre y, especialmente, el piragüismo. Existen numerosas ofertas turísticas que permiten descubrir la magia del entorno y la belleza de sus acantilados blancos. Playas acondicionadas salpican el recorrido, Para disfrutar de un inigualable escenario. Otras actividades son la escalada, espeleología, bicicleta de montaña (BTT), excursiones a pie y ecuestres, parapente, ala delta, o pesca.

Las gargantas del Aveyron, clasificadas en zona Natura 2000, cuentan con una fauna y una flora rica y variada. Son además un gran pulmón verde plagado de joyas medievales como los pueblos de Bruniquel, Saint-Antonin Noble Val, Caylus, o Montricoux, entre otros.

Habitadas desde la prehistoria, estas gargantas cuentan con riquezas arquitectónicas y un patrimonio cultural excepcional. Castillos y pueblos bien conservados, grutas y asombrosos espacios naturales hacen las delicias de los visitantes. Hay que destacar pueblos de carácter como Montricoux; Bruniquel, clasificado como uno de los más bellos de Francia; Saint-Antonin Noble Val, joya medieval, y Varen, con su decanato, obra maestra del arte románico.

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Vía verde: Inaugurado en 1856, el canal de Garona une Toulouse con Burdeos bordeando el río y prolonga el canal del Midi que une Toulouse con el Mediterráneo, formando lo que se conoce con el nombre de Canal de los Dos Mares, que conecta el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Forman, a lo largo de 433 km (240 km del canal del Midi y 193 km del canal de Garona) un paisaje idílico de aguas tranquilas.

El canal de los Dos Mares, además de un regalo para la vista, es también un paseo a través de los siglos, ya que bordea maravillas arquitectónicas de la edad media, pero requiere prodigios técnicos del siglo XX. Ofrece en todas las estaciones, el esplendor tranquilo del campo, atravesando ciudades en las que se han construido muelles de gran envergadura.

La vía verde para bicicletas del Canal de los Dos Mares que une Toulouse con Burdeos, tiene más de 200 kilómetros y está totalmente acondicionada y protegida. A lo largo de su recorrido, se descubren paisajes campestres que van desde el viñedo de Fronton hasta los vergeles de las orillas del río. En la confluencia del Tarn y de los primeros cerros del Quercy, la leyenda atribuye a Clovis (primer rey de Francia) la fundación del monasterio de Moissac.

Prestigio: La incorporación de esta abadía, bautizada bajo el nombre de Saint Pierre, la orden de Cluny la transformó en un establecimiento muy prestigioso. Ubicada en pleno Camino de Santiago, el conjunto monumental formado por la abadía y su claustro ha sido clasificado como Patrimonio Mundial por parte de la Unesco. Algo que no es en absoluto de extrañar si se observan sus esculturas y estatuas, así como su rica arquitectura románica.

La época de esplendor de la abadía de Moissac se sitúa entre los siglos XI y XII, cuando se construye el claustro, la iglesia con su portal, el tímpano y las esculturas románicas. Todos estos elementos arquitectónicos y ornamentales reflejan la abundancia cultural de ese momento histórico y rivalizan en importancia con los manuscritos que alberga la biblioteca. Textos que fueron elaborados pacientemente por los monjes en el scriptorium y que fueron dados a conocer en París por Jean-Baptiste Colbert, ministro de finanzas, en el siglo XVII.

No obstante, la abadía de Moissac actual no muestra ni mucho menos la riqueza de antaño. Tras la Revolución Francesa, sus posesiones se vendieron y los edificios sufrieron remodelaciones o fueron destruidos. Fue clasificada Monumento Histórico en 1847, pero ya era demasiado tarde: la construcción del ferrocarril destruyó el refectorio y partió en dos el conjunto. No parece que ahora haya riesgo de un nuevo desastre, aunque nunca está de más prevenir y visitar la abadía cuanto antes.

uvas

Las virtudes de las uvas de moissac.

En Tarn y Garona se produce la uva chasselas (albilla) de Moissac, la primera fruta en obtener la DOC en 1971. Con 298 productores en 598 hectáreas, estos viñedos son el orgullo de la región, por lo que su utilización no se limita a uva de mesa y, recientemente, han aparecido nuevos sectores derivados como la producción de zumos, mermeladas y bebidas alcohólicas. Por ejemplo, el aperitivo Le Quercy des Iles surgió de la combinación entre este tipo de uva dorada, el ron de la Martinica, perfumado con auténtica vainilla de Tahití y estimulado con pimiento de Espelette.

Esta variedad posee cualidades diuréticas que facilitan la digestión y la eliminación de toxinas. Es particularmente rica en vitaminas A, B y C; y pobre en proteínas y materias grasas, pero resulta un excelente antioxidante que contribuye a la eliminación del colesterol malo y ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares. Contiene todos los oligoelementos asimilables por el organismo y tiene virtudes remineralizantes.

Visitas: Una veintena de productores de la región de Moissac comparten la pasión por este producto y organizan la recepción de los visitantes interesados, que pueden acceder al interior de las fincas para descubrir las características de su cultivo y los cuidados excepcionales que se da a este producto. El de la albilla es simple pero riguroso y muy exigente. El resultado es una fruta de excepción. Su producción está sujeta a las técnicas tradicionales, en el respeto del suelo y del medioambiente.

De su deliciosa simplicidad, los más audaces cocineros hacen maravillas como, por ejemplo, los sorbetes chutney. Los productores de albilla se han asociado a expertos gastronómicos para intensificar los sabores naturales.

De esta pasión nació una guía para descubrir el producto, un catálogo con las direcciones de interés, que también propone paseos por las viñas, cursos de cocina, degustación, juegos educativos y alojamiento. La publicación está disponible, de manera gratuita, en las oficinas de turismo, en las fincas, en restaurantes y los hoteles de la zona.

www.turismo-midi-pyrenees.es
www.tourisme-tarnetgaronne.fr/es