DENTRO DE LA GRAN cantidad y variedad de opciones turísticas que ofrece Álava, destacan en un entorno absolutamente mágico, sus cuatro parques naturales. A 24 kilómetros de Vitoria y con las Peñas de Amboto como enseña, se extienden las cimas rocosas del parque de Urkiola, donde se encuentra la Cueva de la Mari. Es un lugar donde, según numerosas leyendas de brujas, reside la Dama de Amboto, reina de los genios de la naturaleza. Aparte del encanto especial que da a Urkiola su carácter mitológico y religioso, destacan sus bosques de robles, hayas, pinos y algunos abedules. El parque natural de Gorbeia, el más extenso de Euskadi, con más de 20.000 hectáreas, marca el límite entre Álava y Vizcaya. Su macizo, rematado con una cruz en el punto más alto del monte Gorbeia, es cita obligada para los montañeros vascos. Cabañas de pastores salpican las tierras que rodean la cruz de la cumbre. En los bosques de Gorbeia nacen los ríos Bayas y Zubialde, y acogen una fauna rica en jabalíes, tejones o ciervos, a los que es una maravilla escuchar a mediados de septiembre. Tierra de pastores, carboneros y ferrones, este parque es también escenario de leyendas que unen lo pagano y lo religioso. Sin un solo núcleo de población dentro de sus lindes, en el parque natural de Izki se extiende la mayor reserva europea de robles quercus pyrenaica, y la mayor concentración de abedules de Álava. En sus arroyos pueden verse nutrias, y en sus bosques una gran cantidad de animales salvajes. Se trata de una altiplanicie rodeada de montañas, entre las que un bello desfiladero entre Corres y Bujanda hace más pintoresco el paisaje, ya que sus rocas están llenas de cuevas formadas de forma artificial. El río Purón atraviesa con pozas y cascadas el último parque natural, el de Valderejo, donde naturaleza y vida rural siguen viviendo en perfecta armonía. Un elemento de su rica fauna se ha convertido en la imagen del parque, se trata del buitre leonado, cuya colonia es la más grande del País Vasco. El parque de Valderejo es un valle semicircular rodeado de crestones calizos que esconde, entre otras maravillas, dos pueblos abandonados. Los bosques contrastan con los pastos y con los acantilados.