Texto Alberto González

Relais Royal

MARAVILLOSO descubrimiento el de Mirepoix, villa medieval (hermanada con Palafrugell)
en el corazón de los Midi-Pyrénées. Un destino a salvo de las grandes multitudes para entrar en contacto con la naturaleza –está rodeado de paisajes idílicos, donde se cultivan los famosos vinos del Languedoc– y adentrarse en la región de Ariège: la robusta Carcasona, la gruta prehistórica de La Vache, el lago de Montbel, castillos como los de Lagarde o Montsegur, o las cascadas de Roquefort.

Si el objetivo del viajero es el descanso más absoluto, ni siquiera le hace falta salir de la villa. Un paseo por su entramado cuadrangular –visitando la catedral gótica de San Mauricio, la puerta de Aval o la preciosa plaza porticada, con llamativas casas de madera y adobe pintadas en vivos colores–
serán entretenimiento más que suficiente para los que se hospeden en el Relais Royal, el establecimiento que la cadena Relais & Châteaux tiene en el corazón de esta villa.

Un cúmulo de casualidades llevaron a sus patrones, Gerwin y Roger, a hacerse cargo de este edificio hace ahora 12 años. Entonces era una casa privada, aunque no una cualquiera: un palacete de tres plantas que rehabilitaron para convertirlo en el elegante hotel que ahora es, merecedor de múltiples
distinciones, y donde el huésped se siente constantemente agasajado.

Las estancias –de altos techos, vigas de madera y, en algunos casos, antesalas– son de tamaño extragrande (algunas alcanzan los 60 metros cuadrados), y combinan su decoración –eminentemente clásica y de estilo francés– con todas las comodidades propias de un cuatro estrellas: televisiones
planas, climatización, bañera y ducha, caja fuerte, minibar, etcétera. El hecho de ser solo nueve habitaciones garantiza una estancia tranquila y un trato cercano, atento y refinado por parte del personal del hotel.