POSEE EL TURBADOR encanto de los lugares excepcionales, en los que la belleza se expresa por doquier. Alsacia tiene mil rostros y todos sonríen al viajero. Situada entre Alemania y Suiza, ofrece una gran variedad de paisajes, colores e influencias. Sus 190 kilómetros de largo por 50 de ancho hacen que sea un placer descubrirla. Desde las orillas del Rin hacia la frontera alemana se extiende una fértil llanura abierta de colinas y viñedos, casas con entramado de madera, catedrales e iglesias de piedra arenisca roja. Hay diversos itinerarios que permiten al visitante conocer los aspectos más interesantes de su historia, cultura y gastronomía. Cada uno de los 170 kilómetros de la ruta del vino invitan a descubrir una región en la que vivir es un arte. Este recorrido ofrece, a primera vista, una auténtica imagen de postal: viñedos que parecen escalar las laderas lanzándose a la conquista de los bosques vogianos, orgullosas ruinas de castillos medievales, ciudades con antiguas murallas que en la actualidad protegen las pintorescas callejuelas llenas de flores, elegantes edificios centenarios, iglesias románicas y fuentes. Existen nada menos que 38 caminos diferentes que serpentean entre viñas y pueblos pintorescos. Cada sendero es una ventana abierta a la Alsacia de los colores. Pero todavía existen secretos que serán desvelados a los viajeros que se aventuren fuera de los caminos más trillados. La ruta románica muestra los detalles de una historia tumultuosa y fecunda que fue testigo de la llegada del románico. Las huellas tangibles de este pasado se inscriben serenamente en sus monumentos. Pero si no desea hacer kilómetros, puede asentarse tranquilamente en alguna de sus ciudades. Estrasburgo es la mayor ciudad alsaciana. No deje de visitar la bella catedral gótica y La Petite France formada por el antiguo barrio de los molineros, pescadores y curtidores. En Mulhouse, la segunda ciudad de la región, se encuentra el mayor museo del mundo dedicado al automóvil, famoso por albergar 121 Bugatti –incluidos dos Royale de 1928– y otros coches de leyenda. Tampoco hay que pasar por alto Riquewihr, descrito por muchos autores como el pueblo más bello y atractivo de Alsacia, con sus calles empedradas, jalonadas de casas medievales y renacentistas. Colmar, la capital del vino, es la ciudad que mejor conserva su centro histórico. Aún se puede recorrer en barca su complejo sistema de canales por donde transportaban sus valiosos caldos. Ir a Alsacia equivale a elegir desde el primer momento: ¿Visitar un museo lúdico o un castillo mágico? ¿Contemplar el vuelo de las águilas reales o los juegos de los monos? ¿Cerveza a presión o flores en el balcón? Lo inesperado está al acecho. Esta tierra fronteriza cultiva un arte raro y delicado, el arte de sorprender. destinos