En Amristrar se encuentra el templo dorado de los sijs

sijsDescalzos y con la cabeza cubierta, cientos de indios se reúnen cada día en el Templo Dorado de Amristrar, el centro espiritual de la religión sij, donde sus 23 millones de seguidores peregrinan al menos una vez en la vida para contemplarlo y purificarse en las aguas sagradas del estanque Amrit Sarovar.
Los fieles inician este ritual de purificación, antes de entrar, sumergiendo sus pies en una piscina de mármol blanco en la entrada principal. Hombres, mujeres y niños caminan en silencio, pegados los unos a los otros. Ellos tienen el pelo recogido bajo un turbante y una larga barba. Las mujeres llevan el cabello muy largo, a menudo con una trenza. Y es que entre los preceptos del sijismo –la religión monoteísta fundada por el gurú Nanak en la India del siglo XV– está el de no cortarse el pelo nunca, una norma a la que se resisten las nuevas generaciones.

Las cinco ‘K’.
Todo buen sij tiene una serie de deberes que ha de cumplir: tener siempre presente el nombre de Dios, ganarse la vida trabajando honestamente, practicar la caridad, servir al resto de la comunidad sij y huir de los cinco impulsos malignos: la lujuria, la codicia, el apego a los bienes materiales, la ira y el orgullo. Su fundador, el gurú Nanak (1469-1539), condenó el culto a los ancestros, la astrología, las castas, la discriminación sexual y los ritos brahmánicos.

100 kilos de oro iluminan Amristrar

 A las cinco y media de la madrugada, la polvorienta y caótica ciudad de Amristrar amanece teñida de colores malvas. Los primeros rayos de sol iluminan la cúpula dorada, compuesta por 100 kilos de láminas de oro, del Harmandir, el espacio más sagrado del templo, que flota en el centro de las aguas del Amrit Sarovar, el llamado estanque del Néctar de la Inmortalidad. Algo especial debe tener esa agua, a juzgar por el tamaño de los peces de colores que se acercan a la orilla, atraídos por el movimiento de los fieles que beben y se sumergen en el agua sagrada, aferrados la mayoría a cadenas de hierro, al no saber nadar.

Los sijs a menudo comparan el Harmandir con un barco que “atraviesa el océano de la ignorancia”. Dentro, los granthis o custodios se turnan cada tres horas para entonar la continua lectura del Libro Sagrado, que recoge las enseñanzas de los 10 gurús sijs y conforma los cimientos de su religión. Tardarán dos días en completar su lectura. Un hermoso puente une el Harmandir con el patio circundante frente al Akal Takht, la segunda dependencia más sagrada del complejo, un símbolo del poder de la divinidad en la Tierra, hacia donde se transporta cada anochecer el Adi Granth en una asombrosa procesión que ningún viajero debería dejar de disfrutar.

El visitante debe caminar siempre en el sentido de las agujas del reloj, alrededor del estanque. Los kirtans –cantos devocionales– que se escuchan a cualquier hora del día o de la noche crean un ambiente de espiritualidad y misticismo sobrecogedores.

Una de las partes más interesantes son los Gurudwaras y el Guru-ka-Langar. Los Gurudwaras son los alojamientos gratuitos que acogen tanto a sijs como a extranjeros durante un máximo de tres noches. Por su parte, el Guru-ka-Langar es el gigantesco comedor comunitario anexo a las cocinas del complejo –que rara vez se enseñan pero merecen una visita, aunque se tenga que negociar con el guía– donde se ofrece gratuitamente comida a todos los visitantes sin distinción de raza, religión o casta para reafirmar la creencia sij en la igualdad de todos los hombres. Se sirven más de 10.000 raciones diarias de pan chapati y dal, guiso de lentejas, a otros tantos peregrinos sentados sobre las alfombras del tan inmenso como limpio Guru-ka-Langar.

Chandigarh, fuerte contraste

templo dorado amristrarChandigarh, la capital del estado donde habitan la mayor parte de los sijs del mundo, es un oasis para los ricos. Con sus anchas y rectilíneas avenidas, sin demasiado tráfico, libres de cláxones –está prohibido hacerlo sonar–, sin un exceso de polución y con mucho verde produce una sensación extraña al visitante, más aún si no es la primera ciudad que visita en la India; tanto orden y limpieza resulta desconcertante.

El primer ministro y arquitecto de la independencia de la India, Jawaharial Nehru, encargó a Le Corbusier, el profeta suizo del modernismo, la construcción en 1951 de la primera ciudad planificada de la India, la nueva capital del Punyab. Buscaba crear una ciudad ajena a todo aquello que recordara a la colonización, “símbolo de la libertad de India”. Le Corbusier basó la ciudad en cuatro funciones: vivienda, trabajo, circulación y cuidado del cuerpo. Aun así, Chandigarh no es solo una ciudad para vivir, sino también para reflexionar sobre un país que sigue el pulso de la modernidad desde una perspectiva holística, integrando cuerpo y alma, que poco tiene que ver con la de Occidente.

Viajar a India, Punyab

Datos generales:

  • Capital: Chandigarh
  • Población: 24.290.000 habitantes
  • Superficie: 50.362 km2
  • Idioma: Panyabí
  • Moneda: Rupia

Más información en: www.incredibleindia.org