TAN PLURAL

 como el nombre de As- turias es su extremo oriental, donde se pasa de la playa a la nieve en unos mi- nutos. Museo prehistórico; meta de montañeros, excursionistas y amantes del queso; territorio fronterizo con León y Cantabria… Al norte, el Cantábrico; al sur, los Picos de Europa. Y entre uno y otros, apenas 15 kilómetros. En esta zona, las playas reciben ca- da año miles de visitantes. Si las del concejo de Llanes gozan de especial fa- ma (unas 30 en total), no hay que olvi- dar las de Caravia (un tramo de la gran senda costera asturiana une las de La Espasa y Arenal de Morís) o Ribade- sella. En esta última localidad desem- boca, además del río, la Fiesta de las Piraguas, que cada año parte de Arrien- das. El descenso del Sella es una con- vocatoria deportiva, pero esencialmen- te lúdica, una cita veraniega irrenunciable para miles de personas. Si se busca co- nocer la villa, dar un paseo histórico por el puerto o recorrer el Circuito de Paraí- sos Marineros, mejor eligir otra fecha. Ribadedeva se inscribe entre dos rías, las de Santiuste y Tinamayor, en la frontera con Cantabria.

En Colombres, su capital, aguarda el Archivo de India- nos, apasionante crónica de la emigra- ción asturiana en los siglos XIX y XX. En toda la comarca abundan los edificios que, como vivienda o para uso público, pagaron los retornados de las Améri- cas. Su emblema, la palmera.

DE PICOS

Hace un instante nos asomábamos al mar de Llanes desde los Cubos de la Memoria y, sin transición, hemos subi- do a Picos. Estas líneas no pretenden descubrir el Parque Nacional de los Pi- cos de Europa al montañero avezado. Sus cumbres forman parte de la leyen- da, empezando por el Urriellu o Naran- jo de Bulnes, en territorio de Cabrales. El visitante que no aspire a pasar a la historia del alpinismo disfrutará de este escenario dejándose guiar. ¿Algunas sugerencias? Si se ha acer- cado a Cangas de Onís para empapar- se de historia (fue la primera capital, co- mo recuerda la recién creada Aula del Reino de Asturias), no descarte la subi- da a los Lagos de Covadonga, de evo- caciones ciclistas, siempre y cuando la niebla lo permita.

La ruta que se arrima al macizo del Cornión y concluye en la majada de Ario tentará a los más esfor- zados. Y, claro, la ruta que sigue el cur- so del río Cares, 20 kilómetros entre el pueblo leonés de Caín y el asturiano de Poncebos. Para una visión de conjun- to, nada como el nuevo Mirador de la Collada, en Amieva, garantía de una es- pléndida foto. Sin salir de la montaña, las dos Pe- ñamelleras, la Alta y la Baja, comparten nombre y relieve, pero es preciso ma- tizar. La Alta (o el Valle Altu), entre Picos y el Espacio Protegido de la Sierra del Cuera, está atravesada por el Cares, cauce salmonero de referencia para pescadores de todo el mundo. La miel es otra de sus riquezas. Peñamellera Baja, en tierras del río Deva, es puerta de entrada al Parque Nacional. Los bos- ques cubren el 40% de su superficie; los más singulares, las Saucedas de Buelles, el Bosque del Argayu y el Ro- bledal de San Esteban de Cuñaba.

QUESO Y AVELLANAS

 El oriente de Asturias concentra bue- na parte de la variedad quesera del Prin- cipado. El Cabrales es el número uno de los 40 (la región cuenta con 40 o más especialidades de quesos). En Onís y Cangas de Onís se elabora el Gamo- neu. La terna la completa el que se fa- brica en las dos Peñamelleras y que combina leches de vaca, cabra y ove- ja. En Amieva, el suculento queso de Los Beyos. Piloña, concejo boscoso atravesa- do por el río del mismo nombre, se asienta sobre buena tierra: manzanas, nueces y, sobre todo, la avellana, cuya fiesta se celebra en octubre. Ponga aporta a la nómina de espacios prote- gidos asturianos el Parque Natural del mismo nombre y la Reserva Natural Par- cial del Bosque de Peloño.

TEXTO DARÍO REINA

El porqué de un nombre

Parece ser que el primero en em- plear el término Picos de Europa fue un marino italiano, allá por el siglo XVI. En el XIX el nombre fue adoptado oficialmente. Eran lo pri- mero que veían los navegantes cuando se aproximaban a costas europeas. Y quizás de ahí la deno- minación. Aunque hay expertos que niegan la explicación: antes de los Picos se divisan otras cumbres de la Cordillera Cantábrica… Sin de- jar de lado la abundante niebla que suele ocultar su correcta visión. Tal vez el apelativo fuera cosa de los peregrinos a Santiago, que asocia- ron su afilado perfil al de otras montañas de Europa, por ejemplo los Alpes. ¿Quién sabe? De Europa o no, siempre serán los Picos.