DURANTE DÉCADAS, LAS cristalinas aguas que bañan las Azores fueron, por su privilegiada situación en el Atlántico, un auténtico vergel para los balleneros. Hoy, el archipiélago portugués, constituido por tres grupos de islas –Flores y Corvo; Faial, Pico, San Jorge, Graciosa y Terceira, y San Miguel y Santa María– es uno de los últimos grandes descubrimientos para los amantes del submarinismo. La temperatura del agua oscila entre los 16º y los 22º C, con una visibilidad de has- ta 30 metros de profundidad y unos acci- dentes geográficos que permiten realizar toda suerte de inmersiones (en corrien- te, en grutas de origen volcánico, en pa- red…). La ilusión de contemplar un gran cetáceo, aunque sea de lejos, está ase- gurada en las Azores casi en un 98%. El archipiélago portugués es el hábitat natural de más de 24 especies de gran- des mamíferos marinos. Los cachalotes, las falsas orcas, los delfines mulares, el moteado del Atlántico, las rorcuales co- munes e incluso la ballena azul (el mayor pelágico de la Tierra) son algunos de los cetáceos que merodean habitualmente por las aguas de las Azores. Pero el espectáculo marino no acaba aquí. El submarinista también puede ad- mirar los impresionantes bancos de atún de aleta amarilla, que acuden a este pun- to del Atlántico para alimentarse de los grandes familias de peces que habitan en estas aguas, especialmente los bancos de sardinas, palometas, bonitos, jureles, barracudas, morenas, peces ballesta e in- cluso grandes mantas.

La observación de cetáceos –iniciada en la isla de Pico en 1989– se ha convertido en la atracción turística más aprecia- da por los visitantes. Las aguas que salpican las costas de las is- las Azores se han transformado en un espectacular acuario na- tural y en el destino preferido de los submarinistas. Azores Portugal

 

CENTROS DE INMERSIÓN Actualmente, los grandes centros de sub- marinismo se encuentran en la isla de San Miguel, concretamente en la zona de Ca- loura y en Villa Franca do Campo. No obs- tante, los clubs náuticos afincados en ocho de las islas –excepto en Corvo– y las em- presas que operan en las islas de Faial, Pico, Graciosa, San Jorge y Terceira, cuen- tan con los equipos necesarios para prac- ticar esta apasionante actividad. Ponta da Galera –con grutas en las que hay que tener especial cuidado para no perderse– y Villa do Campo –con increí- bles paisajes submarinos en los que se pueden observar importantes crustáceos, como las cigarras de mar– son las dos znas de inmersión más emblemáticas de San Miguel. En la isla de Faial destacan tres puntos: Porto Pin (en los fondos de la factoría ballenera se pueden ver curio- sidades como balleneras hundidas y hue- sos de ballena bajo la arena), Monte da Guía (un lugar aconsejado para los días en que el viento no acompaña), y Baixa do Norte, catalogada como la mejor zo- na de inmersión de la isla. El turista no quedará defraudado con las salidas para el avistamiento de delfi- nes y ballenas. Personal altamente espe- cializado, con muchos años de experien- cia en este tipo de actividades, acompa- ñan en todo momento a los intrépidos via- jeros, a los que enseñan los hábitos de los mamíferos. Los grupos de profesionales –fotógrafos, periodistas, biólogos, etcé- tera– también pueden contratar embar- caciones para expediciones científicas. El Museu dos Baleeiros (Museo de los Balleneros), en la isla de Pico, alberga una interesante exposición etnográfica que muestra la vida de los balleneros azore- ños y reúne una importante colección de huesos de ballena y objetos relacionados con la caza de estos mamíferos.

 TEXTO ALBERTO LARRIBA

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