BELFAST SE HA CONVERTIDO en el mayor enclave británico, industrial y moderno de Irlanda del Norte. Situada en el extremo norte de la isla, emerge como una ciudad pintoresca, bajo la Cave Hill y la Black Mountain, rodeada de colinas y cuna de grandes navíos del pasado, como el mismísimo Titanic. Pero esta ciudad es ante todo un refugio de culturas, donde la creación brota a borbotones, especialmente en los cafés, tan famosos como los pubs, discotecas y otros locales que palpan el entusiasmo de una ciudad acogedora y llena de vida. Belfast ofrece a los visitantes todos los deleites que puedan esperar. Desde las famosas mantelerías irlandesas a una selecta cocina, con el calor de sus establecimientos que recuerdan más a una pequeña localidad que a un ciudad de más de 360.000 habitantes. Su hospitalidad es legendaria, su calor, genuino, y en cada uno de sus rincones se refleja la diversidad cultural y la agitación de una zona en pleno progreso, cansada de convenciones que la enmarcan como un punto problemático. SINGULAR Y DIFERENTE La música, la diversión y la vida nocturna de Belfast cautivan a todos sus visitantes. Basta disfrutar de un viaje nocturno por los muelles Lagan, donde se encuentra el WB Club y el Odyssey Arena, en los que, entre otros acontecimientos, juega el equipo de hockey sobre hielo de los Belfast Giants. Para los amantes de la música, existe la aconsejable opción de asistir a conciertos de estrellas del rock (Van Morrison y Brian Kennedy nacieron aquí) en el Waterfront Hall, mientras que el escenario de la Opera House conmueve con artistas de renombre internacional. Y los más exquisitos pueden disfrutar de la elegante antigüedad del Ulster Museum, con el Tesoro de la Armada Invencible, por no hablar de la riqueza cultural dispersa por la Queen’s University, la biblioteca Linenhall y la Fernhill House, escaparates de la rica historia de la ciudad. En las afueras queda el Ulster Folk y el Transport Museum, auténticos rincones de creación cultural y artística. La naturaleza también tiene su espacio en Belfast, con la belleza natural de sus espectaculares jardines botánicos. Belfast sobresale en un país singular y diferente, como Irlanda del Norte, núcleo donde confluyen las más diferentes culturas –esco- cesa del Ulster, gaélica, normanda, anglonormanda–. Estas influencias se reflejan en todo, en la forma de los campos, en los pueblos, en los bosques bien cuidados, en las grandiosas mansiones señoriales, castillos, jardines y en los lujosos edificios industriales victorianos típicos del norte. No en vano, Belfast será la capital europea de la cultura en el año 2008. IMPONENTE BELLEZA La situación geográfica, rodeada de mar por tres partes, ha dotado a la región de una costa de imponente belleza, con escarpados acantilados, amplias playas y montañas de una altura rara en la isla. La tranquila campiña del sur, alrededor de Lough Neagh en el este, Lough Erne en el oeste y la zona de lagos de Fermanagh forman un soberbio paisaje con montañas y suaves drumlins, adornados con numerosos lagos y ríos espectaculares. Desde Belfast se va por la famosa Costa de Oro hacia el sur a través del condado Down, que conduce a las tranquilas comarcas de suaves montes de la costa, alrededor de Strangford Lough, y a la península Ards, así como al centro de la cultura norteña, alrededor de Downpatrick. En este paraje cabe destacar la suntuosa mansión y los jardines en Mount Stewart, y el sublime Castlewellan Forest Park, uno de los parques más bellos de las islas británicas. También pueden seguirse los vestigios del paleocristiano en Downpatrick, en cuya catedral está enterrado san Patricio, el apóstol más famoso de Irlanda. A las afueras de la cuidad se encuentra el masivo, y bien conservado, fuerte Navan, construido aproximadamente en el 2500 antes de Cristo, que está inextricablemente unido a los mitos y sagas celtas. La ciudad portuaria de Portrush, en el norte, es una mina de encantos para los visitantes, con sus excelentes campos de golf a la cabeza. En la misma línea, la población de Bushmills, con sus bonitas casas de piedra, es famosa por sus exquisitos whiskys irlandeses y por acoger la destilería más antigua del mundo, que pasa por ser una de las mayores atracciones de la zona. Al sur de Newcastle se encuentra la costa más escarpada, que se extiende hasta las montañas de Mourne, con algunas de las zonas de senderismo más apreciadas en el norte, así como espectaculares vistas sobre la costa y hospitalitarias áreas diminutas. HISTORIA EN CADA RINCÓN Y para rutas bellas, merece la pena recorrer el espacio de costa entre Ballycastle y Larne. Desde las imponentes ruinas de Dunluce Castle en Bushmills hasta los numerosos restos de antiguas murallas de la familia MacDonell –como la de Rahtlin Sound– se esconde un trozo de historia en cada rincón. La agreste isla Rathlin, con sus casas dispersas y sus botes de pesca, es otro de los reclamos para los turistas. Pero, ojo. Hay que tener arrestos para pasar a tierra firme a través del precario puente colgante de Carrick-a-rede. La seguridad está garantizada y la experiencia merece mucho la pena. Pero lo más espectacular de todo es el magnífico paso elevado Giant’s Causeway, considerado como una de las maravillas naturales más excepciones del mundo. Está formado por miles de columnas hexagonales de basalto, algunas de hasta 160 metros de altura, formadas hace 60 millones de años al salir la lava a la superficie. En este incomparable marco de Belfast, se puede sentir el inmenso ímpetu geológico y, poniéndose al lado de las columnas de piedra, es posible comprender el antiguo mito del paso de los gigantes a Escocia. TRÁFICO PORTUARIO Fundada en 1177, Belfast creció a partir del siglo XVII. Hoy en día, es el epicentro industrial y comercial de Irlanda del Norte, con una industria activa en el sector textil (lino), astilleros, aviones, máquinas, tabaco, petroquímica y madera. La mayor parte de actividades se centran en su conocido puerto, cuyo tráfico anual supera los siete millones de toneladas. Los encantos de esta ciudad han maravillado a todo tipo de visitantes. El actor Michael Palin, resume así sus vivencias: “He viajado regularmente a Belfast en los últimos 20 años y sigo maravillado por la generosidad, la inteligencia y la pasión de sus gentes. En medio de los problemas, brota una gran vitalidad. Es una ciudad para volver siempre”