LA CAÍDA DEL MURO de Berlín, en 1989, pertenece ya a los libros de historia y los trozos que todavía quedan en pie y esperan al visitante repartidos por distintos puntos de la ciudad son sólo un reflejo de un siglo demasiado convulso para la capital germana. Un año más tarde del fin del telón de acero, la victoria de la selección de fútbol en el Mundial de Italia consiguió unificar las dos Alemanias más que cualquier otro proyecto político. Ahora, el Campeonato del Mundo se celebra en un país que ha olvidado su división, y Berlín se ha convertido en una ciudad en la que la gente joven ha sabido llenar de color los antiguos barrios del este, que se presentan ahora llenos de vida, proyectos, cultura, moda y vida nocturna. Sorprende caminar por barrios como Mitte o Prenzlauer Berg y ver las cantidades de bares y cafés que se abren a la calle sin temor al frío. Y sorprende también comprobar que realmente hay muchos, que suelen estar llenos y que además todos están pensados y decorados con buen gusto y mucho sentido de la modernidad. Sus precios no son excesivos, como podría parecer, siempre que la opción sea una cerveza, porque los cócteles de moda ya pican más alto. Y algunos de ellos no se conforman con dedicarse a la bebida o la comida, sino que llenan sus paredes de exposiciones o habilitan un pequeño rincón para que grupos de música inexpertos sorprendan con sus nuevas propuestas.

UNA LARGA NOCHE
Y luego, no hay porqué irse a dormir. En un golpe de bicicleta, que aparecen por todas partes sobre todo en los barrios con más gente joven, se llega a todo tipo de discotecas. Aunque para los menos adictos a los decibelios, también existen propuestas menos ensordecedoras, como la Larga Noche de los Museos, obras de teatro y salas de cine. Aquí sí que no existe ningún problema, porque Berlín está abierta las 24 horas del día y no para de inaugurar nuevos locales. En la Nollendorfplatz, por ejemplo, ha abierto sus puertas Goya, un local autodenominado como la catedral de la diversión. Y a principios de mayo abrirá de nuevo sus puertas el Admiralpalast, uno de los lugares de entretenimiento que causaron más furor en el Berlín de los años 20 y 30. Y también a principios de mes, el programa Belle et Fou (el juego con el deseo) llenará la Marlene- Dietrich-Platz de sensualidad y alta gastronomía, que se entremezclará con la danza, la música y el teatro. Berlín es, además, la capital de la moda y de las compras. Por eso, aprovechando la celebración del Mundial, las tiendas abrirán entre el 9 de junio y el 9 de julio de lunes a sábado entre las 6.00 y medianoche y los cinco domingos de 14.00 a 20.00 horas. Oportunidad única para pasearse por los más de 30.000 comercios, negocios y boutiques de la capital alemana repartidas por sus barrios. Entre muchas otras, las más elegantes y tradicionales en la avenida Kusfürstendamm, las orientadas al gran público en las galerías Arkaden de la Postdammer Platz y las más modernas en Mitte o Kreutzberg. Mientras los mercadillos se reparten por toda la ciudad, siete escuelas de moda se dedican a formar a los futuros diseñadores, a la vez que los cazatendencias buscan ideas en las calles. La moda en Berlín carece de tabús y, por eso, la capital alemana es un terreno de cultivo ideal para los profesionales de cualquier gusto e ideología. Por eso, la Unesco otorgó el pasado mes de enero a la ciudad el título de Ciudad del Diseño.