HAY CIUDADES que, por su dimensión, solo son visitables en transporte público; otras que, de tan pequeñas, pueden conocerse a pie; y otras que, como Berlín, hacen de la bicicleta la mejor forma de desplazamiento. La capital alemana cuenta con una amplia red de carriles bici y poca densidad de tráfico. Además, pagando un recargo de 1,10 euros, se puede subir la bici al S-Bahn (metro de superficie) o al U-Bahn (metro subterráneo). Supongamos que tenemos por delante un fin de semana. El sábado se puede comenzar dando un paseo sobre dos ruedas por el Tiergarten, entrando por el parque zoológico y llegando hasta el lago, donde nos espera una cerveza y una salchicha en el Cafe am neuen See. Luego, un paseo en barca por los canales o la visita a la cercana embajada de España, uno de los edificios históricos más bonitos, junto a la embajada de Italia. Y, antes de marchar de la zona, hay que recorrer el mercadillo de antigüedades al aire libre de la avenida 17 Juni. Por la tarde sería acertado desplazarse al este de Berlín, para visitar las terracitas de la plaza Kolwitz, en el barrio de Prenzlauerberg, una preciosa zona llena de universitarios y artistas. Este es también el lugar donde se puede conocer otro Berlín, como si fuéramos antiguos ciudadanos de la RDA: durante hora y media se tiene la oportunidad de explorar la ciudad conduciendo, o como pasajero, sobre un auténtico Trabant (o Trabi), el automóvil arquetipo de la época comunista. El domingo comienza en los cafés del muelle Paul-Lincke-Ufer, en el barrio de Kreuzberg, donde se encuentra la segunda comunidad turca del mundo, después de la de Estambul. Por muy poco dinero es posible disfrutar de un brunch (desayuno tardío) rodeados de un ambiente bohemio y moderno. Por la tarde, aparcaremos por un momento la bicicleta para subir a la cúpula de cristal del Parlamento, sobre la que se puede andar. Vale la pena ir con tiempo porque, como la entrada es gratuita, se crean largas colas. Una forma de evitarlas es hacer una reserva para comer en el café Käfer, cuya terraza permite disfrutar de unas vistas increíbles de la ciudad. Y nuestra bici esperando abajo.