CON UN CORAZÓN que se mantiene fiel a su pasado medieval, Berna ha afrontado el cambio de los tiempos con placidez, ligada a su historia y tradiciones, pero sin tratar de esquivar los aires de progreso. Al más puro estilo suizo, la combinación de tradición y modernidad es una de sus marcas registradas. Por eso, mientras el casco antiguo de la ciudad, declarado patrimonio mundial de la Unesco en 1983, se mantiene aparentemente intacto gracias a los continuos trabajos de rehabilitación, la capital helvética se reinventa a sí misma sin estridencias y levanta construcciones futuristas como el nuevo Zentrum Paul Klee o el Estadio de Suiza.

BAJO LAS ARCADAS

Los soportales abovedados que se extienden a lo largo de seis kilómetros conforman sin duda la imagen más característica de Berna. Estas arcadas medievales albergan bajo su techo curiosas tiendas de antigüedades, boutiques, galerías de arte y cafés, creando uno de los circuitos comerciales más largos y con más encanto de toda Europa. Para disfrutar de la mejor vista sobre el centro histórico, el Jardín de Rosas ofrece una panorámica extraordinaria que abarca desde el núcleo urbano, donde la catedral de estilo gótico tardío preside el paisaje, a los verdes campos de los alrededores, hasta llegar a descubrir el contorno nevado de los Alpes.

HISTORIA Y LEYENDA

Símbolo de la naturaleza confederal suiza, el Palacio Federal, sede del Gobierno y del Parlamento, se construyó en 1894 utilizando piedras procedentes de todos los rincones del país y en su decoración intervinieron 38 artistas nacionales. Con motivo de su centenario, en el 2004 se inauguró la plaza Federal, cuyos 26 surtidores de agua, en representación de los 26 cantones, son una atracción tanto para locales como para turistas. Las más de 100 fuentes del siglo XVI repartidas por toda la ciudad también merecen una visita. Muy ligada a la historia de la ciudad está también la fosa de los osos, construida a mitad del siglo XIX para acoger al animal que es también emblema de la capital helvética. Según cuenta la leyenda, el duque Berchtold V von Zähringen, fundador de la población, anunció en 1911 que la ciudad llevaría el nombre del primer animal cazado, y efectivamente el oso, bär en alemán, dio nombre a Berna. Tres osos marrones habitan en la actualidad el foso, que en los próximos años se convertirá en un parque de más de 10.000 metros cuadrados dedicado al disfrute de estos animales. Para visitar todas las atracciones que ofrece la ciudad, un tranvía de vapor recientemente restaurado recorre los puntos más representativos, con paradas en el Palacio Federal, en algunas fuentes destacadas y en el foso de los osos, además de la torre del reloj Zytglogge, la basílica del Münster y el río Aare, entre otros.

ARTE MODERNO

Un impresionante edificio que se asemeja a tres colinas en forma de olas acoge al este de la ciudad el novedoso Zentrum Paul Klee, concebido por el arquitecto italiano Renzo Piano, diseñador también del Centro Pompidou de París. El museo fue inaugurado en junio del 2005 y acoge 4.000 de las 10.000 obras de este artista bernés, desde pinturas a diseños, grabados, marionetas, pinturas sobre vidrio y documentos que pertenecieron a Klee. Otro ejemplo de la moderna arquitectura que está despuntando en la capital helvética es el nuevo Estadio de Suiza, con capacidad para 32.000 personas, que cuenta con la mayor central solar del mundo integrada en el techo de un complejo deportivo.