RASTROS EN LA CAPITAL

El próximo 12 de febrero de 2009 se celebra el aniversario del nacimiento de uno de los grandes nombres de la ciencia mundial. Charles Darwin cumpliría 200 años. Es por ello que la comunidad científica internacional y en especial su país Gran Bretaña, pretenden homenajearle como se merece. Una ruta por los lugares que le marcaron conduciría a Londres, donde residió en varias ocasiones, sede de la Royal Geological Society –de la que fue miembro entre 1836 y 1841–, dio a conocer los famosos papeles de Darwin y Wallace sobre la selección natural o donde yace enterrado, en la abadía de Westminster. Pero antes de visitar la capital británica, hay un largo recorrido que hacer.

Evolución de vida

CHARLES ROBERT DARWIN nació el 12 de febrero de 1809 en el pequeño pueblo de Shrewsbury, en el condado de Shropshire. A pesar de sus viajes, esta hermosa región del oeste de Inglaterra fronteriza con Gales representó siempre un punto de paz y sosiego en la vida del científico. Fue quinto de seis hermanos e hijo de un médico librepensador y una dama burguesa de profundas creencias religiosas. Y fue precisamente la muerte de su madre en 1818 lo que hizo que su padre le e n v i a r a como interno a la cercana escuela anglicana de su pueblo, donde cursó estudios hasta 1825. En su localidad natal todavía se pueden visitar las Boarding Rooms, donde se conserva la habitación que ocupó Darwin durante su interinaje y el magnífico edificio de la escuela, que actualmente alberga la biblioteca pública de la localidad, presidida por una estatua de su vecino más ilustre.

En 1825 un Darwin adolescente recala en la capital de Escocia, la universidad de las Lothians. Tenía por aquel entonces una de las más prestigiosas escuelas de medicina de Europa, circunstancia poco aprovechada por el naturalista debido a su más que célebre pánico a la sangre. Allí conoce al esclavo negro liberado John Edmonstone, la primera persona que introduce al joven Darwin en las apasionantes historias sobre las selvas suramericanas. Durante su segundo año en la facultad de medicina, Darwin se convierte en miembro de varias sociedades científicas que le animan a realizar sus primeras investigaciones.

También en Escocia se encuentra otro de los puntos de interés de la Gran Bretaña de Darwin. El valle de Glen Roy, en el oeste de las Highlands, que fue objeto de un exhaustivo estudio del fenómeno geológico conocido como paralell road.

En 1827 su padre, harto de la falta de progresos visibles, decide enviarle al prestigioso Christ’s College, perteneciente a la Universidad de Cambridge. La calle Sydney de la ciudad universitaria fue su residencia durante el primer año. Posteriormente pasó a vivir en el propio Christ’s College hasta el final de sus estudios para clérigo. Sendas placas recuerdan el paso del científico por ambos lugares. También el maravilloso King’s College fue escenario y deleite para Darwin, que se confesaba ferviente admirador de su coro. Pero su relación con Cambridge no finaliza aquí: años después, y tras su travesía del Beagle, Darwin residió en la calle Fitzwilliam ente 1836 y 1837. Una placa lo recuerda en la actualidad.

Otro de los santuarios darwinistas por excelencia es Maer, una pequeña aldea situada en Sttafordshire. Allí se encuentra la imponente Maer Hall, que perteneció a su muy querido tío Josiah Wedgwood II, que tanto influyó sobre todo en el padre de Darwin a la hora de consentir que formase parte de la expedición del Beagle. Precisamente en la contigua iglesia de St. Peter’s está enterrado su entusiasta tío. Esta coqueta iglesia fue el escenario también de su boda el 29 de enero de 1837 con Susannah Wedgwood, a la sazón sobrina de su tío Josiah y prima hermana de Darwin, con la que tuvo diez hijos, de los que solo sobrevivieron siete.

LUGAR DE CULTIVO Y EXPERIMENTACIÓN

Siguiendo la ruta de Darwin se llega a otro punto de interés, Downe House, en el pueblo con el mismo nombre, en el condado de Kent. Allí se encuentra esta residencia de campo donde el científico vivió y trabajó en sus más importantes teorías evolutivas.

Actualmente, esta casa es un museo dedicado a Darwin magníficamente conservado. Muy cerca de allí se encuentra The Sandwalk, que fue adquirido por el científico en 1846 como lugar de cultivo y experimentación. Está compuesto por avellanos, abedules, alheña y cornejos y rodeado por un pequeño sendero de gravilla que más tarde se conocería como Darwin’s thinking path (la senda del pensamiento de Darwin). Actualmente se ha recuperado en su totalidad y se muestra con el mismo esplendor que debió tener a finales del siglo XIX. Quién sabe, quizás pasear por allí ilumine alguna de las mentes mediocres de la mayoría de los mortales.