BRASIL ES MUCHO MÁS que la cuna de algunos de los mejores futbolistas del mundo, el popular Carnaval de Río de Janeiro, la cachaza o el calor y el ritmo de estilos musicales como la samba o la bossanova. El estado federado de Pernambuco, al noroeste del país, constituye una de las regiones más atractivas de Brasil, tanto por su historia como por sus bellos parajes y la exquisitez de su relativamente desconocida gastronomía. Su capital, Recife, ciudad costera de gran tradición comercial y portuaria, fue el principal punto de entrada y salida de la caña de azúcar, motor, desde el siglo XVI, de la economía del país. A su puerto llegaron también muchos esclavos en tiempos del colonialismo holandés y portugués, lo que explica que los habitantes de esta región del norte de Brasil tengan la piel más oscura que en el resto del país. PARAÍSO NATURAL El nombre de esta localidad procede de los arrecifes que embellecen las playas y forman agradables piscinas naturales, como las de la playa de Boa Viagem, una de las más bonitas de Brasil. Otra de las imágenes más bellas de Recife es su centro urbano, formado por tres islas conectadas por puentes. El tradicional barrio histórico de la ciudad concentra durante el día un gran movimiento comercial y de noche se transforma en un importante centro de ocio, con sus casas restauradas convertidas en bares y restaurantes. Otra buena muestra arquitectónica del pasado colonial de la zona es el Instituto Ricardo Brennand, museo con una impresionante colección de arte y la mayor muestra de armas del país. Recife es conocida también como la Venecia de Brasil por sus canales, que se recomienda relas aguas tibias, tranquilas y repletas de peces de colores de sus numerosas piscinas naturales. A pesar de que algunas especies marinas pueden verse desde la superficie, se recomienda realizar unas cuantas sesiones de buceo para disfrutar plenamente de la rica fauna de la región. Los más de 60 kilómetros de manguezales –nombre que recibe la vegetación frondosa de las playas– se pueden recorrer en canoa o balsa, a pie o acompañados por un guía. Opciones todas ellas válidas para acercarse a un ecosistema único en el que destacan los cangrejos, las ostras o los vistosos grupos de caballos de mar. Del mes de septiembre a marzo, sin embargo, las estrellas son las tortugas marinas, que eligen las playas de Maracaípe y Muro Alto para desovar sus huevos.

TESORO CULINARIO

La gastronomía es otro de los crecientes reclamos de Brasil. Un total de 89 restaurantes de todo el país forman parte de la Associaçao dos Restaurants da Boa Lembrança, una iniciativa innovadora que cuenta con el respaldo del Ministerio de Turismo del país, Embratur, con el objetivo de promover la riqueza culinaria de Pernambuco, una exótica mezcla de sushi, crepes, jugos tropicales y frutos de mar. Una vez al año, cada uno de estos restaurantes envía una receta propia a un ceramista, que diseña un plato del año para cada establecimiento que el cliente puede llevarse a casa al terminar de comer. Ya hay coleccionistas que los intercambian a través de internet. Desde el punto de vista gastronómico, Recife es también la ciudad más importante del noroeste del país. Además de por sus festivales culinarios, es conocida por contar con el restaurante más antiguo de Brasil, Leite, fundado en 1882 y especializado en comida portuguesa. Su plato estrella es el bacalao al estilo de la casa. En Olinda destaca la Oficina do Sabor, de César Santos, presidente de la citada asociación. De aire romántico y magníficas vistas, sirve platos tan exóticos como calabaza rellena de langostinos y crema de mango. En Porto de Galinhas resalta el bohemio Beijupirá, con troncos de árbol a modo de mesas, luz tenue y cortinas hechas de pechinas.

NOMBRES CON HISTORIA

Además de Recife, muchos otros topónimos del país tienen una explicación histórico- semántica. El mito popular cuenta que el nombre de Olinda procede de una exclamación del donante de esas tierras, Duarte Coelho, que habría pronunciado las palabras Oh linda en referencia a la zona donde se construiría la futura villa. El caso de Porto de Galinhas tiene su origen en el contrabando de esclavos que se realizaba en barco a mediados del siglo XIX. Estos se escondían bajo las jaulas de gallinas y su llegada a la ciudad se anunciaba con la contraseña Tengo gallinas nuevas en el puerto. correr de noche en una de las múltiples embarcaciones dispuestas para este fin.

OLINDA, CAPITAL CULTURAL

A unos seis kilómetros al norte de Recife está Olinda, una de las ciudades más antiguas del país. Declarada en 1982 patrimonio histórico y cultural de la humanidad por la Unesco, la localidad, fundada en 1535, ha alternado históricamente con Recife la condición de capital de Pernambuco. Dejó de serlo al ser incendiada por los holandeses y retomó ese estatus en 1654, con el regreso de los portugueses al poder, para cederlo definitivamente en 1837. Ciudad bohemia repleta de artistas y museos, hoy día se considera la capital cultural del país. En ella, la arquitectura colonial convive con llamativas casitas de colores, tiendas de artesanía y música y bailes tradicionales. En este sentido destaca el entrañable Carnaval de Olinda, menos mediático y conocido que el de Río pero más tradicional e interesante como manifestación popular. Se celebra los meses de enero y febrero.

PORTO DE GALINHAS

Sin renunciar a sus orígenes como villa de pescadores, el distrito de Porto de Galinhas, a 70 kilómetros de Recife, ha incorporado con los años numerosas opciones de hospedaje, gastronomía, comercio y entretenimiento. Su mayor atractivo, sin embargo, sigue siendo la impresionante belleza de sus extensas playas de aguas cristalinas y arenas blancas, que han sido elegidas por sexto año consecutivo como las más bonitas del país. Las olas agitadas de Maracaípe