LEJOS, MUY LEJOS, vive un grupo de pequeñas criaturas azules llamadas pitufos. Bien, en realidad no viven tan lejos. Su hogar, además del imaginario colectivo de pequeños y mayores, ha sido y sigue siendo Bruselas. Cincuenta años después de su nacimiento, los Pitufos mantienen su posición privilegiada entre los personajes más populares del mundo creados por un autor de cómic belga. ¿Quién no ha sentido alguna vez simpatía por esos pequeños seres de tres manzanas de altura? ¿O se ha reído con los constantes e injustificados enfados del pitufo gruñón? ¿O ha querido ser el pitufo fortachón o el poeta para conquistar el corazón de la solicitada y dulce pitufina? Nacidos de la imaginación de Peyo, estos carismáticos personajes hicieron su primera aparición en El diario de Spirou el 23 de octubre de 1958, dentro de una de las aventuras de Johan y Pirluit La flauta de seis pitufos. Para este aniversario tan especial, celebrado en todos los continentes del mundo, el Centro Belga del Cómic propone visitar la obra de Peyo bajo un punto de vista original: el que considera que es en su fragilidad individual donde los Pitufos encuentran su fuerza. Esta alegoría, en cierto modo, del comunismo –el esfuerzo común por el bien de la comunidad, la inexistencia de clases sociales– puede verse en la exposición La unión hace el pitufo, abierta al público hasta el próximo 16 de noviembre en el Centro Belga del Cómic en Bruselas (www.comicscenter. net). El Museo del Cómic, abierto todos los días excepto los lunes y situado en una hermosa hacienda de estilo art nouveau, alberga, asimismo, una amplia muestra de la que es sin duda una de las representaciones artísticas más peculiares y conocidas de Bélgica. Y es que lejos de la inexplicable infravaloración que ha tenido en otros países, como el nuestro, el cómic ha jugado un papel importante en la historia cultural de Bruselas, dando pleno sentido a la consideración del cómic como noveno arte. No es para menos: la ciudad ha visto nacer personajes que han trascendido las viñetas como Lucky Luke, del dibujante belga Morris; Spirou y Marsupilami, ambos ideados por André Franquin; o el más carismático y universal de todos ellos, Tintín, creado por el genio del trazo y la narración gráfica Hergé. VIÑETAS URBANAS Lejos de limitarse a las salas de los museos y a las numerosas y fascinantes tiendas de cómics –obviamente, las mejores de Europa–, los dibujos han asaltado las calles y fachadas de la ciudad, ilustradas con casi una treintena de grandes y llamativos frescos a todo color. Ello ha motivado la creación de la llamada Ruta del Cómic, que recorre tanto la zona más turística de Bruselas, así como algunos barrios periféricos menos transitados. Un recorrido singular con paradas en algunos de los monumentos más representativos de la ciudad, como el Manneken Piss o la plaza Mayor, que aúna en sus alrededores la Boutique Tintín y algunas ilustraciones gigantescas como la de Lucky Luke y los hermanos Dalton o el perro Jojo de Geerts. Realidad y mundos imaginarios que se funden en una bella y mágica viñeta a gran escala que invita a perderse en ella y volver a creer, como en la infancia, en la posibilidad de un mundo algo mejor.