PRIMERA HORA DE LA MAÑANA. Niños, jóvenes, mayores, ancianos caminan por las calles de Budapest con una bolsita a cuestas. Imagen típica de la capital de Hungría, que adquiere el valor de icono. No se dirigen al colegio, ni al gimnasio, ni tan siquiera al trabajo, sino a un baño público. Y es que no hay ciudad en el mundo con una tradición tan arraigada de balnearios como Budapest. Más de 120 manantiales brotan en la ciudad. Elegir uno es sólo cuestión de gusto. Los hay por todos los rincones y de todos los estilos: fríos, calientes, curativos, lujosos, al aire libre, con masaje incorporado… Elegantes y suntuosos, los balnearios de la capital de Hungría, a orillas del Danubio, conservan la tradición de las termas romanas. Los baños rusos y los turcos tienen renombre internacional, pero los húngaros los han elevado a categoría de arte, como símbolos de la relajación y la paz. Muchos los visitan para tratar sus dolencias reumáticas, estomacales, intestinales, cardiacas o de la piel, pero muchos otros lo hacen como un acto social, siguiendo una tradición milenaria que les permite disfrutar de un rato agradable con la familia y los amigos. UNA CITA INOLVIDABLE Cuentan las crónicas medievales que Santa Isabel trató a los leprosos en los balnearios que los caballeros de San Juan fundaron al pie de la colina de Géllert, en Buda. Durante la belle epoque y a lo largo de todo el siglo XX, personajes como Visconti, Arthur Rubinstein, Richard Nixon, Raquel Welch o el sha de Persia fueron algunos de los huéspedes del Géllert. El interior de la piscina está decorado con mosaicos estilo art-déco en tonos azules y dorados, rodeado de columnas bajo una cúpula de vidrio. Un solario, una piscina de olas artificiales y otros encantos son las bases de esta emblemática instalación. Otro de los puntos con más gancho de la ciudad es el Danubius Grand Hotel, en plena isla Margarita. Construido en 1870, este encantador lugar resulta destinos jueves 24 de abril del 2003 perfecto para descansar rodeado de árboles y espacios verdes, con excelentes baños termales que permiten disfrutar de las milagrosas propiedades del agua. Los baños Kiraly, fundados en 1566, cuando Budapest se encontraba bajo el yugo del imperio otomano, son otros de los feudos para vivir una experiencia inolvidable, al igual que los de Rudas o el Rác, de inspiración oriental, y el Szechenyi, el mayor centro termal de Europa, donde los clientes juegan al ajedrez mientras se bañan. Los precios suelen ser muy asequibles. En las piscinas interiores y exteriores puede haber mezcla de sexos, lo contrario que en las salas de vapor. En éstas, hombres y mujeres, por separado, pueden hacer gimnasia y charlar desnudos sobre cualquier tema. CAFÉS TRADICIONALES Para los húngaros la ocupación austriaca representa uno de los periodos más dolorosos de su agitada historia. Durante muchos años, se mantuvo la costumbre de no brindar jamás con cerveza, la bebida favorita de sus conquistadores. Eso sí, Budapest ha mantenido la tradición de sus cafés fin de siécle, redescubiertos ahora por una población joven que se deleita con sus hermosos ambientes de lujo y decadencia, ideales para la tertulia y la charla, con una excelente repostería de sabor imperial. Entre estos locales destacan el New York Káhézaz Éterem, ahora en reformas; el Café Angélika, con sus cremosos dobos, truffos y somlóis; el vetusto Ruszwurm; el Croso Bar; y el Café Viqan. Además de los cafés y balnearios, la ciudad de Budapest ofrece otros encantos. Más de 500 anticuarios inundan sus calles, llenas de tiendas tradicionales, restaurantes de todo tipo y condición, grandes hoteles internacionales y espectáculos variopintos, sin olvidar una gastronomía exquisita y una amplia oferta de ocio cultural para toda la familia.