BUENOS AIRES atrapa para siempre a todo aquel que pone un pie en sus calles. Será porque su ambiente de gran capital europea se funde, no se sabe muy bien cómo, con la alegría de vivir de sus barrios populares hasta formar un lugar único, magnético y contagioso, como cualquier tango de Carlos Gardel, como un sorbo de mate, como una tarde de fútbol en la Bombonera. Y tras perderse en la capital argentina y empaparse de la cultura urbana porteña, el país propone un giro radical, para situarse frente a espectáculos naturales de la talla de las cataratas de Iguazú, entrar de lleno en la Patagonia y acabar en Ushuaia, a un paso de la misma Antártida.

Pero antes de todo eso, queda mucho Buenos Aires por descubrir. El itinerario depende de cada uno, del viento que sople ese día o de las recomendaciones de los bonaerenses que surjan a cada momento. Es imprescindible, no obstante, acercarse al barrio de Montserrat, denominado así en honor de La Moreneta, y situarse en pleno centro de la Plaza de Mayo –junto a las madres y abuelas aún en lucha– para observar el resultado final de un punto histórico, núcleo del casco antiguo de la ciudad y testigo de todo tipo de hechos históricos fundamentales para la historia argentina. Desde allí se observan edificios de la época colonial, como la Pirámide de Mayo o la Catedral Metropolitana, y otros de principios del siglo XX, como la Casa Rosada, sede del gobierno argentino.

Un paso hacia al sur introduce al visitante en San Telmo, el barrio más típicamente porteño, con sus estrechas callecitas empedradas, las casas coloniales con rejas de hierro forjado y las construcciones de estilo inglés, francés y art nouveau. Una zona tranquila de día, llena de talleres artesanales y galerías de arte, que encuentra el punto de ebullición de noche, cuando el tango comienza a sonar en sus múltiples salas con paredes que datan de siglos anteriores.

Y de nuevo poniendo rumbo hacia el sur, aparece La Boca, de estilo inequívocamente mediterráneo, también conocida como la Piccola Italia, ya que sus primeros pobladores fueron los inmigrantes y marineros genoveses, que imprimieron al barrio una identidad alegre y fraternal, vivero de artistas y pasiones varias. También se debe a ellos su característica imagen, compuesta de casas bajas de madera con techos de zinc y paredes pintadas de vistosos colores (en la foto). Entre ellas se encuentran los 100 metros más famosos, la calle del Caminito, con sus murales y adornos, e improvisados bailes al compás de una milonga.

DE IGUAZÚ A USHUAIA

La melancolía asoma a la hora de partir de Buenos Aires, pero si el viaje continúa aún quedan vistas impresionantes que conservar para siempre en la memoria. Al norte de la capital, junto a la frontera con Brasil, aparecen los 275 saltos de agua a lo largo de 3 kilómetros de extensión de las cataratas de Iguazú, entre ellas, la grandiosa Garganta del Diablo. Y si la dirección elegida para seguir la ruta es  el sur, ante los ojos del viajero aparece la inmensa Patagonia, con San Carlos de Bariloche en primer término. Construcciones de piedra y madera con tejado de pizarra y, a su alrededor, montañas, bosques, lagos y glaciares.

Circuitos para conocer el país a fondo

La agencia de viajes por internet www.vamosdeviaje.com propone diferentes circuitos para conocer Argentina a fondo, descubriendo la magia que destila Buenos Aires y dejándose impresionar por las maravillas naturales que aparecen a lo largo de todo el país. Así, es posible conocer la capital, Calafate e Iguazú desde 1.995 euros por persona (10 días y 7 noches) o recorrer la Patagonia durante 15 días hasta llegar a Ushuaia desde 2.475 euros. Dahab Travel también ofrece la posibilidad de combinar la visita con una escapada a Chile desde 2.475 euros (15 días y 12 noches). El circuito más completo es de 16 días y recorre buena parte del país desde 2.970 euros.

Aún más al sur, Calafate se convierte en el punto de partida hacia el famoso glaciar Perito Moreno, majestuoso y siempre en constante avance. En verano, y ahora también en invierno gracias a los efectos del cambio climático, se desprenden bloques de hielo que caen en las aguas del lago Argentino provocando sonidos estremecedores. El camino acaba en Ushuaia, en la Tierra del Fuego, la ciudad más austral del planeta, conocida tanto por ser el fin del mundo como el principio de todo. En cualquier caso, sí que es el fin del viaje. Solo queda volver a Buenos Aires y despedirse como es debido, al estilo Gardel: “Adiós muchachos, ya me voy y me resigno…”.