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Bután | Capital Timbu | Población 741.822 habitantes | 2 ASIA Superficie 38.394 km | Moneda Ngultrum butanés y rupia india Idioma Dzongkha | Las ciudades de Paro y Timbu concentran la mayor parte de la oferta hotelera y de restauración del país.

Texto Alberto González Foto Albert Falcó

ENCAJONADO entre montañas, misterioso y aislado, el pequeño reino de Bután (poco más grande que Catalunya) permaneció de espaldas al mundo hasta 1974, año en que abrió sus puertas a los escasos peregrinos que atraviesan sus valles. Su compleja oro- grafía convierte en una operación delicada el aterrizaje de cualquier avión. Una vez en tierra, el viajero tiene la sensación de haber retrocedido en el tiempo, dada la escasez de vehículos y la inexistencia de signos de la globalización. Su población, cercana y amable, sitúa sus creencias religiosas y culturales en un lugar central de la vida. Esto es sinónimo de recogimiento, sí. Pero también de folclore, que se convierte en uno de los grandes atractivos para el visitante.

Los tshechus (nombre que reciben los festivales del país) constituyen una rica forma de tradición oral a través de la cual los butaneses transmiten valores, mitología y creencias espirituales. La profunda fe y devoción de la gente es lo que convierte estas fies- tas en una ocasión especial que atrapa al ciudadano occidental. Al mismo tiempo, es una oportunidad de sentirse unido a los cientos o incluso miles de habitan- tes locales que participan en estos eventos, calados a menudo de un ambiente carnavalesco.

Los famosos festivales de Bután tienen lugar du- rante todo el año y en todas las regiones, por lo que, independientemente de cuándo se viaje, siempre es posible participar en alguno de estos rituales milena- rios. No obstante, sus fechas se establecen siguiendo el calendario lunar y, por tanto, varían de un año a otro (en ocasiones las fechas también pueden ajustarse para que coincidan con determinados días).

Vestidos ‘de gala’. Del 3 al 5 de octubre próximos tendrá lugar uno de los festivales más grandes del país: el tshechu de Timbu, la capital. Allí acuden cientos de personas de todo el país, ataviados con sus mejores trajes y joyas. Aunque data de mucho antes, desde el año 1950, este festejo viene precedido por varios días de oración y rituales para invocar a los dioses, y consiste en numerosas danzas de máscaras realizadas por monjes laicos. Para los agricultores, este tshechu también es visto como un descanso de la vida agrícola, una ocasión para celebrar, recibir bendiciones y orar por la salud y la felicidad.

Un segundo ejemplo es el festival de Dochula, co- nocido como Dochula Druk Wangyel Tshechu, que fue establecido hace solo tres años y es uno de los secretos mejor guardados de Bután. El festival se lleva a cabo cada 13 de diciembre en el paso de Dochula, a 22 kilómetros de la capital. Uno de los lugares más pintorescos de todo el reino, que ofrece impresionantes vistas panorámicas de la cordillera del Himalaya.

En honor a Guru Rinpoche. Sin embargo, es el mes de abril –el año que viene tendrá lugar del 31 de marzo al 4 de abril– cuando se celebra uno de los aconteci- mientos más famosos: el vibrante festival religioso del pueblo de Paro, en el que bailarines enmascarados y disfrazados de forma caprichosa realizan bailes que dra- matizan los acontecimientos transcurridos en la vida de Guru Rinpoche –también conocido por el nombre de Padmasambhava– y considerado como el padre del budismo butanés o incluso como el segundo Buda.

Este personaje fue también el promo- tor del monasterio de Taktshang (o Nido del Tigre) que, construido sobre la misma roca, parece flotar al borde del abismo. Sobre cómo pudo hacerse semejante obra en un lugar tan inaccesible, los lugareños solo saben responder una cosa: fue gracias   a los mágicos poderes de Guru Rinpoche. Poderes que, por otra parte, no evitaron que el antiguo templo (que databa del siglo XVII) se quemara en 1940. La restauración concluyó en el 2005 y en ella se utilizaron técnicas muy modernas, pero conservando la apariencia original del edificio.

Llegar hasta allí a pie (también existe la posibilidad de salvar un tramo de la ruta a caballo) supone un reto de dos horas, a través de escarpadas laderas y cerca de mil escalones. Es lo que hace que, al concluir el ascenso, el excursionista crea merecer –en caso de que exista– una digna reencarnación.

Los consejos

Salvar con tiempo las trabas burocráticas

IMG_1820Como el turismo en Bután está tan regulado, para visitar el país es nece- sario contactar con una agencia auto- rizada, que se encargará de gestionar el visado y preparar el recorrido, al menos con tres meses de antelación. Solo cuando se concede dicho visado es posible reservar los vuelos con Druk Air, la aerolínea nacional y única autorizada para volar al aeropuerto de Paro (se recomienda evitar junio, julio y agosto, época de monzones). Una vez en el destino, también existe la obligación de ir acompañado por un chófer y un guía local, ya sea en un viaje individual o en grupo.

La agencia

Un exclusivo viaje con parada en India

La agencia de viajes Baraka (www. baraka.cat) tiene programado un nuevo viaje que aúna lo mejor de India y de Bután y que tendrá como colofón final la asistencia al Festival Tashichho Dzong (en Timbu). La salida tendrá lugar el próximo 5 de septiembre (desde Barcelona), pero las inscripciones de- ben formalizarse antes del 25 de julio.

Serán 17 días en los que los aventureros participantes podrán sumergirse en la magia de Calcuta, con su mezcla única de reliquias de la época de Raj, de la cul- tura bengalí y de la política comunista o en el encanto inglés de Darjeeling. En Bután se visitarán templos como el de Zangtho Peiri, fortalezas como la de Si- mtokha Dzong, museos como Ta Dzong o curiosidades arquitectónicas como el puente cubierto de Nemi Zam. El precio de este exclusivo viaje (las plazas son muy limitadas) es de 5.420 euros.

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