UN HALO DE MISTERIO rodea a Caravaca de la Cruz (Murcia) desde la Edad Media, cuando apareció milagrosamente una cruz de doble brazo, traída por dos ángeles. Se trata de la Cruz de Caravaca, conocida por otorgar protección a aquel que la lleva. Por ello, este lugar del noroeste murciano se pierde en el resquicio del mito y la realidad. Cada edificio tiene su historia y cada historia, su leyenda. El aire que se escapa y se oculta entre el sigilo de sus paisajes agrestes y las construcciones de piedra moldea el entramado de culturas que conforman el alma mora y cristiana de una ciudad que aún conserva vestigios del paleolítico, además de restos íberos y romanos. Sus gentes han sabido hacer de su esencia un símbolo, que rememoran con pasión en las fiestas populares de mayo, una perfecta unión de colores, cultura, religiosidad y diversión, en las que participan de forma incondicional todos los ciudadanos del pueblo, y atrae a numerosos visitantes cada año. RAÍCES MEDIEVALES La fiesta de los Caballos del Vino irrumpe estrepitosa y anualmente en la primavera murciana abriendo de par en par las puertas de la fiesta mayor de la Santísima Vera Cruz, declarada de interés turístico nacional. Del 1 al 5 de mayo, las calles de la población murciana se convierten en un alarde de fantasía y simbolismo, para dar culto a la fuerza, al valor, a la belleza y a los sentidos. Tras las vibrantes carreras de caballos envueltos en bellísimos bordados, comienzan las fiestas de Moros y Cristianos, que representan las luchas que tuvieron lugar en aquella época. Los orígenes de la fiesta se pierden en la nebulosa del tiempo fundiéndose entre la historia y la leyenda. Si quieren conocerlos visiten el Museo de la Fiesta, ya que desvela lo que sucede en mayo en Caravaca de la Cruz. Ubicado en el Palacio de los Uribe –una casa del siglo XVI–, alberga en sus diversas plantas el origen de toda la trama. El visitante puede pasear por las raíces medievales y también por la historia actual. En la planta baja, el público toma contacto con la pasión y el alma de la ciudad: los caballos del vino, nacidos a mediados del siglo XVII, como transporte del producto importante de la comarca para su bendición en el Santuario. Se pueden ver los magníficos atalajes del caballo, los concursos y las carreras, que han dado merecida fama a la ciudad. En el sótano bulle la fiesta viva, escenificada; mientras que en la primera planta se explica la milagrosa llegada, en 1232, de la Vera Cruz, llamada así por la Iglesia, por considerarla la cruz verdadera. La escapada CARAVACA DE LA CRUZ 10 destinos jueves 30 de octubre del 2003 Sin embargo, para conocer mejor la legendaria historia de la Sagrada Reliquia, nada mejor que pasarse por el Museo de la Vera Cruz. ‘LIGNUM CRUCIS’ El museo está ubicado en la tradicional Casa del Capellán, en el Santuario de la Vera Cruz, y cuenta con tres salas. La primera explica la historia de la Aparición de la Cruz –que recoge diversas versiones, algunas de ellas pertenecen a cronistas locales–; además se exhibe una casulla realizada con tejido hispanomusulmán que, según algunas tradiciones forjadas durante el siglo XVIII, es la que vestía el clérigo Ginés Pérez de Chirinos cuando ofició la Misa de la Aparición. También cuenta con la arqueta de plata –una pieza de orfebrería castellana de gran poder simbólico–, que se utilizó durante 612 años para albergar el relicario del lignum crucis (se llamaba así a la cruz por ser un trozo de madera perteneciente al leño donde fue crucificado Cristo). En el sótano, hay restos arqueológicos de las murallas, torres y mazmorra del antiguo castillo medieval que existió bajo el actual museo e iglesia; además, se ha recuperado el foso de la guerra de la independencia, y otros elementos. ARQUEOLOGÍA Y PAISAJES Caravaca de la Cruz cuenta también con un antiguo templo arqueológico, llamado Soledad. Sin embargo, la Soledad es más que un museo, también es un iglesia renacentista del siglo XVI, que se asienta sobre otra medieval. Reúne piezas arqueológicas e interesantes propuestas: analiza los ritos funerarios o las técnicas metalúrgicas, interpreta el uso de los utensilios antiguos y acerca al visitante los fundamentos de la arqueología. “Desde la aparición del hombre del Neandertal en la Cueva Negra del Estrecho de la Encarnación, muchas culturas han habitado esta comarca atraídas por sus recursos naturales, dejando un rico legado arqueológico”, comentan desde el museo. La ecología tampoco pasa desapercibida. De custodiarla se encarga el Centro de Interpretación de la Naturaleza, que alberga el Torreón de los Templarios. Con peculiares nombres como la Sala de los Arcos, la Sala de los Secretos y el Altillo, se pueden recorrer diversos espacios naturales pertenecientes a las 200.000 hectáreas que arropan a la misteriosa Caravaca de la Cruz, una ciudad que evoca leyendas vivas por doquier.