CUANDO EL CALOR

aprieta, los expertos recomiendan acercarse al mar. Una manera de escapar de los agobios ciudadanos que contempla saltar de cala en cala en busca de las aguas más cristalinas, pero también eliminar el es- trés gracias a diferentes actividades náu- ticas pensadas para todos los públicos, desde la iniciación a la vela hasta el es- quí acuático. Para los que prefieran ol- vidarse de la rutina terrestre, encontrarán un mundo submarino presidido por los bancos de peces y los corales. En cual- quier caso, alentar el espíritu marinero es algo fácil en la costa catalana, plagada de parajes singulares, estaciones náuticas y poblaciones con gran tradición de sol, playa y turismo familiar. Entre muros de rocas y vegetación, aparecen pequeños oasis situados en las antípodas de las aglomeraciones.

Es en la Costa Brava donde se concentran la mayoría de calas, sobre todo en el cabo de Creus y alrededor del cabo de Begur, con rincones como Sa Riera, Aiguafreda, Sa Tuna y Aiguablava. En la Costa Daurada predominan las grandes playas de arena fina, donde también se pueden encontrar sorpresas escondidas entre pi- nedas y barrancos, como Cala Fonda, Cala Moros o Cala Forn. Algo más recogidos esperan los pueblos marineros, con sus muros blancos y sus puertas azules, el laberinto de callejuelas estrechas y las habaneras que suenan de noche. Localidades como Cadaqués, el Port de la Selva, Calella, Tossa o Sitges han con- servado su esencia al mismo tiempo que responden a las necesidades del turis- mo. Otras, como Santa Susanna, Salou, Pineda de Mar o Calafell ponen a disposición de las familias todos sus servicios para unas vacaciones que combinan sa- biamente ocio y descanso.

ESTACIONES NÁUTICAS

Otro de los buenos argumentos que ofrece el litoral catalán son sus cinco gran- des estaciones náuticas (L’Estartit-Islas Medes, bahía de Palamós y Sant Anto- ni de Calonge, Santa Susanna, Vilano- va i la Geltrú y Salou-Cambrils-Mont- roig/Miami Platja), complejos que ofrecen la posibilidad de practicar todo tipo de deportes relacionados con el mar a dife rentes niveles, desde los cursos de iniciación hasta los de perfeccionamiento. Instalaciones certificadas y servicios de calidad, que complementan con diversas modalidades de alojamiento, gastronomía y un gran número de propuestas culturales y de ocio. Los vientos generosos convierten el litoral en uno de los lugares más adecuados para adentrarse en el mundo de la tablavela –en especial en Pals, Castelldefels o el delta del Ebro–, mientras que las condiciones del Medi- terráneo son las más apropiadas para probar con el esquí náutico.

Urbanas o escondidas

 Certificado de calidad Gran parte de las playas catalanas –en la ciudad o escondidas entre rocas– están galardonadas con la bandera azul. Algunas de ellas además, disponen del certificado Q de Qualitat, como las de Fenals Tamariu o Llafranc (Costa Brava) Garbí y Calella (Costa del Mares me); o distintas playas de Salou Rodà de Barà y Tarragona (Costa Daurada), entre muchas otras. Museos marineros Algunos centros permiten disfru tar del mar sin tostarse bajo el sol como el Museu de la Pesca de Pa lamós, el Museu del Port de Ta rragona o el Museu Marítim y e Aquàrium, ambos en Barcelona.

Las cuevas naturales y los rincones insólitos de las Islas Medes o la costa del Montgrí son de visita obligada para los que prefieran las excursiones en kayak. Una vez descubierta la superficie del mar, toca investigar lo que esconde en sus profundidades y salir en busca de las formaciones de corales o la fauna marina autóctona. Los dos paisajes más destacados son el Parque Subacuático de Tarragona y la Reserva Marina de las Islas Medes, una auténtica catedral submarina. Como colofón, queda dar una alegría al estómago. El menú varía según el lugar. En la Costa Brava, un suquet de pescado o un plato de mar y montaña; y en las Terres de l’Ebre, un arroz marinero, entre otras recetas memorables.

Las calas de agua cristalina aparecen entre muros de roca y vegetación

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