Cuando llega el verano, el sol obliga a buscar refugio en la sombra durante el día. La noche, en cambio, invita a pasar las horas bajo las estrellas. Momentos en los que todo se olvida, la rutina, las prisas y los ajetreos cotidianos. Y más si, como suele suceder en la mayoría de pueblos y ciudades de Catalunya en algún momento entre julio y septiembre, se celebra la fiesta mayor. Bailes en la plaza, una cerveza fría compartida, la madrugada que llega sin avisar y sobre todo fuego, mucho fuego. Desde el Pirineo hasta la costa, las fallas, correfocs y castillos de fuegos artificiales iluminan la oscuridad, mientras los espectadores desean que las vacaciones no acaben nunca. Mañana mismo, el pequeño pueblo de Taüll celebra su noche de fallas, cerrando una práctica que se extiende por todo el Vall de Boí (Alta Ribagorça) y que comenzó a mediados de junio en la vecina villa de Durro. Según la tradición, los jóvenes suben a lo alto de una montaña cuando el sol desaparece con unos troncos de unos dos metros de altura, que encienden en los llamados faros. Una vez en llamas, comienza la bajada, primero a paso lento, para luego ir aumentando el ritmo hasta llegar al pueblo corriendo, donde son recibidos con campanas, música, gritos de ánimo, coca, vino y una enorme hoguera, donde sigue la fiesta hasta que el cuerpo diga basta y el fuego purificador haya eliminado los malos espíritus.

COLOR SOBRE EL MAR

Días más tarde, la misma magia, pero en diferente escenario. La cita ya no es entre las montañas del Pirineo, sino ante las calas de la Costa Brava. Del 22 al 27 de julio, Blanes (la Selva) acogerá la 38ª edición del concurso internacional de fuegos artificiales. La plataforma de lanzamiento es la roca de Sa Palomera y el mejor lugar para disfrutar de las composiciones de luz y color, la playa. Eso sí, mejor ir con tiempo, porque horas antes del inicio del espectáculo, la arena parece ya un hormiguero. Este año, abre el fuego la compañía valenciana Pirotecnia Tomàs y cierra Innovative Pyrotechnik, de Alemania. Las fiestas mayores propiamente dichas, y con todos los elementos de la tradición catalana a cuestas, no llegan hasta finales de agosto, momento en el que la mayoría de la gente necesita una dosis extra de alegría para sobrellevar que las vacaciones tocan a su fin y que el inicio del nuevo curso asoma la cabeza por la esquina. Del 23 al 24 de agosto, Sitges (Garraf) celebrará Sant Bartomeu. Todo comienza a las 12 del primer día, cuando tras las gralles aparece el desfile surrealista de gigantes, cabezudos, diablos y, como no podía ser de otra manera, las bestias de fuego, que reúnen a los más valientes a su alrededor bailando bajo la lluvia de fuego del correfoc. Esta procesión se repite varias veces, tanto después del castillo de fuegos artificiales como a primera hora del día siguiente, cuando despiertan a la villa a primera hora, en la que es una de las singularidades de la fiesta de Sitges. Por las molestias causadas, desde los carruajes se reparten claveles. Entre el 29 y el 2 de septiembre, la fiesta se trasladará a Vilafranca del Penedès, en honor a Sant Fèlix. El punto de partida es una tronada que marca el inicio del pasacalles, con todos los elementos representativos del bestiario catalán y una serie de bailes populares protagonizados por gitanas, bastoneros, pastores, enanos, pandereteros y compañía. Al día siguiente, otro de los elementos más característicos: los castells, con la participación de las cuatro colles más en forma.

EL MISMO INFIERNO

Y también el 29 de agosto, llegará el momento culminante del cóctel de magia y fuego que se adueña de las noches de verano catalanas. Popular e irreverente, el Aquelarre de Cervera (la Segarra) alcanza este año su 31ª edición para invadir de nuevo el casco antiguo de la ciudad con correfocs, música, esoterismo, la feria del gran boc, el baile de la polla y el espectáculo final, estructurado en tres actos. Empieza una vez se abren las puertas de la universidad, cuando una procesión liderada por los diablos y seguida por grupos locales de teatro, percusionistas y diversas entidades recorre las calles hasta llegar a la plaza mayor. Allí, justo a las 2 de la madrugada, comienza la invocación del Mascle Cabró, que hace su aparición mientras los diablos sumergen a los presentes en el fuego del infierno. Y, finalmente, cuando finaliza el último correfoc tiene lugar el tercer y esperado acto, la Escorreguda del Cabró, quien riega con sus atributos sexuales a cualquiera que se le ponga delante como bendición. Ya solo queda que los diablos enciendan su gran fogata para quemar todo lo que aún queda en pie, antes de que despunte el alba y el sueño de una noche de verano comience a desvanecerse.