CENTROAMÉRICA es una región con grandes riquezas culturales y naturales, un asombroso mosaico de paisajes llenos de tradición y color. Por algo la lista del patrimonio mundial de la Unesco reserva 15 sitios a esta parte del planeta. Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá han unido esfuerzos y bajo la marca Centroamérica han alumbrado una propuesta turística regional que promete sorprender al mundo por sus innumerables atractivos. Saborear cada kilómetro. Ese es el leitmotiv de La Ruta Colonial y de los Volcanes. Un itinerario que sigue los pasos de los antiguos senderos indígenas que cruzaban Centroamérica y que los españoles convirtieron en el denominado Camino Real, una compleja red de rutas terrestres, marítimas y fluviales que unía sus dominios a lo largo del mundo. La propuesta recorre un amplio abanico de ciudades y pueblos coloniales que muestran la riqueza cultural y natural de la región. En Guatemala, la ruta pasa por Esquipulas, una de las capitales espirituales centroamericanas, y se detiene obligatoriamente en la Antigua Guatemala, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco. Fundada en 1543, la ciudad conserva edificaciones del siglo XVI y alberga los conventos de Capuchinas y Santa Clara,Mala catedral de San José, la Compañía de Jesús, la iglesia de la Recolección, la iglesia y convento de La Merced, y el convento y arco de Santa Catarina. También destacan el palacio de los Capitanes Generales, la Universidad de San Carlos de Borromeo y el Museo de Armas de los Caballeros. Los paisajes volcánicos están muy presentes en el país guatemalteco. Los volcanes Agua, Fuego y Acatenango flanquean la Antigua Guatemala y merecen una visita, así como el volcán Pacaya, cerca de Guatemala, el Tajumulco –el más alto de Centroamérica con sus 4.220 metros de altitud–, y los de Atitlán, Chicabal, Ipala, San Pedro, Santa María, Tecuanburro y Tolimán. El legado colonial se puede apreciar en poblaciones como Quetzaltenango, Salcajá, Huehuetenango, Chichicastenango o Las Verapaces. En El Salvador, la ruta visita las localidades de Suchitoto, Santa Ana, Panchimalco, Izalco y Nahuizalco. País volcánico por excelencia, el Parque Nacional de los Volcanes alberga el volcán de Cerro Grande de Apaneca, la caldera del lago de Coatepeque y los volcanes de Tecapa y San Salvado El camino principal entra en Honduras por la frontera de Las Manos y alcanza Yuscarán y Tegucigalpa. En los alrededores de esta última destacan poblaciones como Valle de Ángeles, Santa Lucía, San Juancito, Ojojona y Santa Ana. La ruta sigue hacia Comayagua, La Esperanza, Gracias y Santa Rosa de Copán. Otra opción es entrar a Honduras desde Nicaragua por el sur –Guasaule– en dirección a Choluteca, visitando El Corpus y San Marcos de Colón. La alternativa marítima –del puerto nicaragüense de Corinto hasta el salvadoreño de La Unión– permite contemplar el golfo de Fonseca, una enorme bahía compartida entre El Salvador, Honduras y Nicaragua, en cuyo seno se expande un archipiélago volcánico en el que destaca la isla del Tigre. Granada y León son ya, en Nicaragua, las dos ciudades coloniales más importantes del país. En Granada vale la pena visitar el volcán Mombacho, el lago Cocibolca, donde se encuentran las isletas de Granada, las islas de Zapatera y Ometepe –con los volcanes Maderas y Concepción–, y el archipiélago de Solentiname. Uno de los pocos volcanes activos del mundo es el Mala saya, situado en la población del mismo nombre, a cuyo cráter se puede acceder en vehículo. En León sobresale la espectacular basílica de Nuestra Señora de la Asunción, que alberga el mausoleo del poeta Rubén Darío. El volcán Cerro Negro, pionero en la práctica del surf sobre arena, y el lodo hirviente de los Hervideros de San Jacinto del volcán Santa Clara son otros puntos de gran interés.

COSTA RICA Y PANAMÁ

Cartago y Liberia concentran la mayor parte del legado colonial costarricense. El país destaca por las variadas actividades que se pueden realizar en los principales volcanes: Arenal, Rincón de la Vieja, Miravalles, Poás, Irazú, Turrialba y Tenorio. El casco antiguo de Panamá y, en especial, el barrio de San Felipe, conservan el esplendor colonial en esta parte de la región centroamericana. De Panamá salían dos caminos hacia el Caribe: el Camino Real y el Camino de Cruces hacia Portobelo. Otros lugares con sabor colonial son la isla de Taboga y el santuario de la Santa Librada, patrona de Las Tablas. Penonomé, Natá de los Caballeros, San Francisco de la Montaña y el Valle de Antón, situado en el cráter de un extinto volcán, son otras paradas obligatorias en la ruta por tierras panameñas.