CUENTA LA MITOLOGÍA griega que Hércules unió las aguas del Mediterráneo con las del océano Atlántico al separar las dos míticas columnas del fin del mundo: una era Calpe (Gibraltar); la otra, el monte Hacho, justo donde se encuentra Ceuta. Esta característica de puerta entre dos continentes hace de Ceuta una ciudad excepcional con vocación mestiza, por su situación, por su clima moderado, por las cuatro culturas que en ella conviven y por ser un trozo de África que siempre quiso ser europeo. Explican los ceutís que tienen dos pesares, fruto del desconocimiento de su realidad: uno es la mala prensa que asocia la ciudad con conflictos fronterizos, inmigraciones clandestinas y desigualdades cívicas; el otro arranca de considerar a Ceuta como un enclave colonial, a pesar de que, desde el momento de su fundación por los romanos, siempre estuvo unida cultural, económica y políticamente a la península. La historia de Ceuta se inicia con el transitar de los homínidos paleolíticos entre África y Europa. Más tarde, fenicios, cartagineses y griegos imprimen sus huellas y, posteriormente, serán los romanos los que la designarán como Septem Fratres (por sus siete colinas, al igual que Roma) de donde surgirá el actual nombre de Ceuta. Vándalos, visigodos, bizantinos y una primera diócesis cristiana van a dejar la impronta occidental. La oriental la pondrán los sarracenos cuando también invadan la península. Posteriormente, se sucederán Abderramán, el Califato de Córdoba, las Taifas y también la llegada de los portugueses, que en 1415 fundan su perla ultramarina. En 1640 los ceutís deciden integrarse en la corona española y, desde entonces y hasta el estatuto de autonomía de 1995, la ciudad siempre ha permanecido vinculada a la suerte de la península. Aunque Ceuta es frecuentemente un lugar de paso fugaz para los que atraviesan el Estrecho con destino al norte de Marruecos, merece la pena pararse para descubrirla. El viajero se va a sentir sorprendido por la insólita belleza de su situación entre dos mares, entre dos continentes y ente dos paisajes montañosos unidos por un istmo, por su clima agradable y la cálida hospitalidad de sus gentes. Siglos de convivencia en armonía de sus cuatro culturas (cristiana, islámica, judía e hindú) hacen de Ceuta un caso excepcional en el mundo. Vestuarios, colores, perfumes, gastronomías y festejos se mezclan en un mismo entorno cosmopolita. Igual relevancia tienen las fiestas de Nuestra Señora de África que la Semana Santa, el Yom Kippur, el Ramadán, el Krishna Janmashtami o el ya famoso carnaval ceutí. Ceuta es ciudad moderna, limpia, agradable para el paseante, sin grandes distancias. Ofrece múltiples atractivos para el visitante cultural, como son el Parque Marítimo del Mediterráneo, los baños árabes, las murallas merinís, las Murallas Reales –centro cultural, lúdico y de exposiciones, con su espectáculo de luz y de color–, la basílica tardorromana, la fortaleza del Hacho, los tres museos militares, la Casa de los Dragones, la señorial catedral, la barroca iglesia de Nuestra Señora de África, el colorista mercado central y los rurales fortines neomedievales, sin olvidar una agradable circunvalación marítima a bordo del barco turístico Desnarigado. El nuevo auditorio, firmado por Álvaro Siza, será la guinda de una infraestructura capaz de acoger congresos (cuenta con tres grandes hoteles de lujo: Ulises, Tryp Ceuta y Parador Nacional La Muralla), pero también para dar la bienvenida a los visitantes de fin de semana y a los que convierten Ceuta en un centro de operaciones para saltar al Rif marroquí, además de los cruceros que allí hacen escala. El mar es el centro vertebrador de una gran parte de la oferta de ocio ceutí, y a parte de las playas lamidas por el Mediterráneo y el Atlántico, existe la posibilidad de practicar todo tipo de deportes náuticos, gracias a un puerto deportivo de gran capacidad en el centro de la bahía. En Ceuta también hay operadores que organizan singladuras a la carta y todo tipo de eventos relacionados con el mar, incluyendo la pesca deportiva y el submarinismo. En lo gastronómico, Ceuta es fuente de grandes placeres para los amantes de los mariscos, el pescado frito y las tapas, además de un sinfín de especialidades de las culturas islámica, india y judía. Por último, una interesante posibilidad que ofrece la ciudad es la del shopping. El particular régimen fiscal de Ceuta permite comprar productos de importación a bajo precio: joyería, óptica, fotografía, electrónica, imagen, alcohol, tabaco, gasolina, perfumes y ropa deportiva sorprenden por sus extraordinarios precios. Ceuta es, como escribiera Ibn Idari en el siglo XIII “puerta del Magreb, llave de los países orientales, confluencia de dos mares, capital del continente y del mar y la perla colocada entre el pecho y la garganta del mundo”.