EN 1520, EL NAVEGANTE portugués Hernando de Magallanes, al servicio de la corona española, ya quedó deslum- brado por el impresionante paisaje de la Patagonia, cuando bautizó con su nombre el estrecho del extremo sur del continente americano. Cinco siglos más tarde, el territorio conserva una natura- leza virgen de belleza incomparable y es fuente inagotable de increíbles his- torias. La Patagonia chilena no es un destino cualquiera. Es una invitación a descubrir un mundo de leyenda. Impre- sionantes lagos, glaciares, fiordos, bos- ques y cientos de kilómetros de tierra bajo un cielo limpio seducen a los aman- tes de las experiencias inolvidables.

FELIZ RECOMPENSA

La Carretera Austral atraviesa la Pata- gonia norte o región de Aysén. Se tra- ta de un territorio prácticamente des- habitado (apenas el 2% de los chilenos viven en estas tierras). Sin embargo, el viaje depara una feliz recompensa. Aquí se encuentran lagos enormes –el Ge- neral Carrera es el más profundo de Su- ramérica–, termas, glaciares colgantes, ríos turbulentos, bosques de alerces, parques nacionales y poblados de co- lonos, así como un inexplorado cam- po de hielo de 400 kilómetros de longi- tud. La zona invita a practicar montañis- mo, senderismo, kayak, rafting, pesca y a navegar por la hermosa laguna de San Rafael y otros glaciares. La emoción de los deportes de aven- tura –esta región concentra algunos de los mejores rápidos del mundo– es com- parable a las sensaciones que produce recorrer los fiordos y las islas de la Pa- tagonia a bordo de un crucero o un ca- tamarán. La navegación por lugares pa- radisíacos, casi inaccesibles, permite al viajero contemplar la gran riqueza de la fauna y flora local: huemules –venado andino–, lobos marinos, marsopas, aves marinas y hasta ballenas migratorias. Otro punto ineludible es el Parque Na- cional Torres del Paine, en la Patagonia sur, Reserva de la Biosfera desde 1978. Esta zona es célebre por sus colosa- les torres y cuernos de granito y roca con alturas de hasta 3.050 metros so- bre el nivel del mar. En el parque habi- tan familias de guanacos, zorros, ñan- dús, cóndores y flamencos. Más allá del estrecho de Magallanes está Tierra del Fuego. La isla fue bau- tizada así por el navegante portugués al divisar el humo de las hogueras de los nativos selk’nam, aniquilados violenta- mente durante la colonización. Plena de misterios y leyendas, la isla disfruta de un paisaje único, fascinante –los hori- zontes casi no existen–, que justifica por sí solo el largo viaje hasta aquí. La pes- ca deportiva y la navegación por ca- nales salvajes completan la visita. Para los más intrépidos la aventura no acaba en este punto. Más allá del ca- bo de Hornos, el tormentoso mar de Drake sirve de antesala a la frontera del fin del mundo: la Antártida. El popular continente blanco, con hielos que calan a profundidades de hasta 3.000 metros, constituye la principal reserva de agua dulce del mundo. También es una fuen- te de recursos todavía insospechados, gracias a la riqueza de sus suelos y ma- res. El Tratado Antártico de 1959 abor- tó cualquier atisbo de utilizar el territo- rio con fines poco claros.

PAISAJE CONMOVEDOR

Pisar la Antártida supone una experien- cia vital sin parangón. El paisaje resul- ta conmovedor: el azul del cielo contras- ta con la inmensa superficie blanca de la nieve y de los espectaculares témpa- nos de hielo. En este escenario convi- ven pequeños crustáceos (krill), focas Wedell, elefantes marinos, siete espe- cies de pingüinos, ballenas azules, or- cas y diferentes aves marinas. El magnetismo que desprende el con- tinente blanco se ha dejado notar en el incremento del turismo. Cada vez son más numerosas las excursiones a la An- tártida. El gran objetivo de estas expe- diciones es la observación de la fauna y la contemplación del paisaje. Cruce- ros marítimos, vuelos turísticos o visi- tas a las bases científicas son algunas de las principales actividades que se or- ganizan para conocer un territorio que no deja indiferente a nadie.