Las gigantescas dimensiones del país asiático ofrecen al visitante un ramillete de sorprendentes propuestas

Texto: J.M.

URBES VIBRANTES, rascacielos de arquitecturas asombrosas, glamurosos hoteles, bares con atractivos diseños, tiendas que nunca cierran… El gigante asiático se está modernizando a pasos agigantados con la innovación constante como motor de su propio presente y futuro. Pero este atractivo paisaje naciente oculta una civilización y una cultura milenarias, con joyas tan antiguas como deslumbrantes repartidas a lo largo y ancho del país que nadie debería perderse. En China, pues, la tradición y la transformación conviven en perfecta sintonía, lo que hace mucho más interesante la elección de este país como destino a descubrir.

Además, en los últimos años, China ha dado un gran empujón a su infraestructura turística. Entre provincias y ciudades se ha construido una red muy eficaz integrada por carreteras, ferrocarriles y aviación, de modo que todas las grandes localidades tienen rutas turísticas abiertas a destinos de interés periférico.

Shanghái

La herencia histórica de China ofrece al viajero un inconmensurable filón de antigüedad que no podría encontrar en otro país, dadas sus gigantescas dimensiones. Por ello, podrá meditar sobre los mitos y leyendas de la Ciudad Prohibida, asombrarse ante la Gran Muralla, sorprenderse ante los semblantes atemporales de los Guerreros de Terracota, rendirse al encanto de Pingyao –la ciudad amurallada mejor conservada del país–, pasear por los pintorescos pueblos de Wuyuan, perderse en su naturaleza y disfrutar del silencio en las apacibles cuevas de Mogao. Sin embargo, la lista de puntos por visitar es interminable. De hecho, China es el segundo país del mundo con más lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La provincia de Shanxi, situada en la parte central del valle del río Amarillo, es un territorio de visita obligada. Recorrer la ciudad antigua de Pingyao, que fue el gran centro financiero de China, es un viaje en el tiempo. La localidad ha conseguido preservar el modo de vida, la cultura y la arquitectura de las dinastías Ming y Qing, y su esencia milenaria ha permanecido casi intacta. Las grutas de Yungang, formadas por unas 250 cuevas, albergan una impresionante colección de esculturas y relieves budistas que datan de los siglos V y VI. Y no hay que olvidar la sobrecogedora obra de la naturaleza: la catarata de Hukou, del río Amarillo, la segunda mayor de China por volumen.

China

Tesoros muy valiosos. En la región del Tíbet se encuentra la montaña más alta del mundo, el monte Everest, denominado en China como Madre del Universo. Lhasa, su capital, conocida como la ciudad del sol, tiene 1.300 años de historia y aloja templos, monasterios y palacios como el de Potala, máxima expresión de la antigua arquitectura tibetana y lugar sagrado de los budistas de este territorio. Poderoso imán, es el palacio construido a mayor altitud del mundo, ante el cual el viajero se rinde por su enorme grandeza.

Por otra parte, la ciudad de Chongqing, posee una energía única que la convierte en un lugar fascinante cuyos habitantes son conocidos por ser especialmente acogedores. Situada en una península sobre el río Yangtzé, es una localidad rodeada de montañas y ríos que se está convirtiendo en una urbe moderna, cuyos rascacielos se ven reflejados en los dos ríos que la atraviesa. Pero más allá existe un lugar maravilloso, Las Tres Gargantas, que ofrecen un extraordinario espectáculo que alberga la presa más grande del mundo. Asimismo, es el único cañón del mundo que puede recorrerse a bordo de lujosas embarcaciones de crucero. Los barcos navegan envueltos en la bruma que oculta los acantilados y los picos rocosos. A lo largo de las montañas que se sumergen abruptamente en el río, los viajeros hallarán numerosas curiosidades, como el bosque de estela subacuática que representa esculturas en piedra que datan del siglo XIII, así como templos antiguos.

chongqing

Qinghai y su capital, Xining, fueron un importante paso en la Ruta de la Seda, mientras que ahora constituyen un santuario libre de la agitación de las ciudades modernas. Tierra mística, esta vía comercial dejó en Xining un gran rastro de lugares y monumentos históricos en los que vale la pena adentrarse: el monasterio Ta’er o la Gran Mezquita Dongguan. Además, desde Xining puede accederse a panoramas de una belleza superlativa: el mayor lago de agua salada de China, el lago de Qinghai, o el llamado Lago de los Pájaros.

Saliendo de las entrañas de la China histórica y antes de despedirse de este magnífico país, el viajero debería hacer una parada obligatoria en Shanghái, ciudad protagonista de películas y libros, ciudad embriagadora, el París oriental, el escaparate de la modernidad de China. Hogar de una rica mezcla entre Oriente y Occidente. El epílogo de un viaje por un imperio milenario. Como dijo Lao-Tse: “Un viaje de miles de kilómetros comienza con un pequeño paso”.