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Durante la primavera, la ciudad andaluza despliega sus innumerables atractivos sin moderación alguna

Texto: Alberto González

SI TODAS LAS GUÍAS de viaje coinciden en el mismo consejo, por algo será: “Si hay un momento del año ideal para visitar Córdoba, ese es mayo”.

Aún estamos a tiempo de hacer un hueco en la agenda y organizar una rápida escapada, mientras la ciudad ultima los preparativos para un mes de infarto. El principal reclamo es -del 4 al 17 de mayo- el Festival de los Patios (en paralelo al Concurso de Rejas y Balcones), que sirve para exaltar una de las características arquitectónicas mas genuinas de la ciudad: los patios particulares. Durante estos días alrededor de 60 propietarios los abren para mostrarlos en todo su esplendor, con sus fuentes, sus arcos, sus geranios abarrotando las paredes y esa luz especial. Tanto es el interés que despiertan- especialmente desde el 2012, cuando fueron reconocidos como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco- que a día de hoy ya es casi una odisea hallar alojamiento para esas fechas. Además, para realizar la visita en fin de semana, es necesario inscribirse previamente (de lunes a jueves la concurrencia es menos y el registro no es necesario).

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Poca gente sabe que muchos de los mismos patios que concursan durante estas dos semanas, también abren sus puertas durante el resto del año, dando a conocer -de boca de sus propietarios y en un clima más sosegado- su historia, su mantenimiento y la cultura que se desarrolla en torno a ellos.

Otra alternativa es la visita al Palacio de Viana -conocido justamente con el sobrenombre de el museo de los patios-, que esconde 12 de estos recintos, a cual más personal. La visita adquiere un plus si es nocturna, teatralizada y musicada por un grupo de zarzuela (el próximo de estos pases tendrá lugar el 25 de abril).

De copas. Antes y después del Festival de los patios, hay otras citas dignas de mención. Del 22 al 26 de abril, por ejemplo, se celebra la Cata del vino Montilla Moriles, un homenaje a la denominación de origen y una excusa perfecta para degustar estos caldos, acompañamiento ideal de postres o recetas dulces, amén de cualquier otra circunstancia.

Otra celebración es el Concurso de Cruces de Mayo (del 29 de abril al 3 de mayo), cuando en diversos lugres de la ciudad – desde parroquias, a plazas, asociaciones o patios- se engalanan con grandes cruces con flores y mantones de Manila. Más allá de su origen religioso, esta fiesta es una excusa popular para disfrutar de unos vinos, unas tapitas y unas sevillanas de fondo. Anticipa, de alguna forma, el ambientazo que se respirará en la Feria de Córdoba (del 23 al 30 de mayo) que, con sus casetas, recoge el espíritu festivo cordobés.

La fuerza del baile. El arte flamenco constituye en Córdoba -igual que en el resto de la comunidad andaluza- la expresión que mejor representa su cultura popular, singular y única. Cada tarde y noche el barrio de la judería se llena del sonido inconfundible de este cante y baile, cuyo árbol genealógico no está del todo claro, si bien la época musulmana es, indudablemente, una de sus principales fuentes. Las soleás o las alegrías se escapan de los muchos tablaos tradicionales, restaurantes, peñas y salas de espectáculos que habitualmente lo programan. Para disfrutarlo sin pagar un euro, hay que viajar a Córdoba coincidiendo con la Noche blanca del flamenco (el 20 de junio), cuando las actuaciones llenan las plazas, las avenidas y los monumentos públicos.

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Y algo de flamenco se colará también en el Festival de la Guitarra (del 1 al 12 de julio), que homenajea, desde diferentes estilos, al instrumento de las seis cuerdas. Bob Dylan, Sting, David Russell o Serrat serán algunos de los artistas que actuarán este año en una muestra que, paralelamente, organiza un programa formativo impartido por figuras internacionales de la guitarra.

Duende nocturno. No es el calor de agosto, claro está. Pero en los días soleados del mes de mayo, en Córdoba fácilmente se alcanzan los 25 grados. Es inteligente, pues planificar algunas visitas para la franja horaria nocturna, cuando el casco antiguo destila un ambiente mágico. Una de ellas podría ser la mezquita. Bajo las estrellas, el que es el indiscutible símbolo de la ciudad ofrece una cara distinta. El alma de Córdoba -que así se denomina la actividad- es un recorrido de una hora que recurre a la tecnología para embarcar al visitante en un viaje en el tiempo. Tras un vídeo explicativo inicial, los participantes -en grupos reducidos de un máximo de 80 personas- se ven conducidos por la luz y la ambientación sonora, que les muestra las diferentes zonas del templo, al tiempo que este cobra vida. Una ruta guiada, relajada y muy didáctica, que pone el énfasis no solo en los aspectos arquitectónicos, artísticos e históricos del edificio, sino también en su papel religioso: desde su origen musulmán hasta la transformación católica, el monumento transmite, en definitiva, el eterno interés por lo trascendente. Algo que encaja perfectamente con una ciudad como esta, donde cada dos por tres se descubre una iglesia, un colegio religioso o alguna de las hermandades que, en Semana Santa, sacan a la calle algunos de los pasos procesionales más bellos de toda Andalucía.

Otra propuesta nocturna es Córdoba, la luz de las culturas, un paseo a través de la historia y la cultura de la ciudad en el incomparable escenario de los Jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos. Esta antigua fortaleza -que se convirtió en residencia de verano de los Reyes Católicos durante ocho años- se apoya en las mas avanzadas técnicas de iluminación, proyección y sonido para guiar el paso de los visitantes a través de fuentes, que bailan al ritmo de la música.

Elegancia ecuestre. La guinda de las actividades nocturnas está en las Caballerizas Reales, donde tiene lugar el espectáculo ecuestre Pasión y duende del caballo andaluz. Fueron creadas en 1570 por Felipe II, quien dio rienda suelta a su afición por los caballos y a su proyecto de crear una nueva raza, aún más potente. Así es como nació el pura raza español, muy apreciado para montar, que llegó a convertirse en un claro símbolo del imperio.

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Sin embargo, no hay mejor forma para familiarizarse con estos nobles animales que montando uno de ellos. La Yeguada Almuzara es una de las que ofrece esta oportunidad. Sita en el valle del Guadalquivir, a los pies de Sierra Morena y a ocho kilómetros de la ciudad, esta finca no solo ofrece demostraciones ecuestres (la próxima es el 24 de abril), sino que también permite recorrer a caballo el tramo que la separa de Medina Azahara, la ciudad palatina construida por el califa Adb al-Rahman III, capital del califato de Al-Andaluz, que albergó el máximo esplendor cultural de la Europa del siglo X.