CRACOVIA ES EL ALMA de Polonia, el lugar donde se conserva el espíritu de un país cargado de historia, de arte, de arquitectura, de cultura y de tradiciones. Un espíritu que se hace presente en cada uno de sus rincones, un alma que impregna cada piedra de la antigua capital. No en vano su casco antiguo ha sido declarado por la Unesco como Lugar Protegido de la Historia Universal, algo que se hace sentir en todo momento pero que no impide que Cracovia sea también una ciudad moderna y proyectada hacia el futuro. El pasado se hace presente en la catedral de Wavel, donde eran coronados los reyes, donde destaca en lugar privilegiado la tumba de plata de San Estanislao y donde es posible contemplar la fabulosa colección de tapices de Arras. Pero la ciudad no se comprende hasta que no se llega a su corazón: a la plaza Rynek Glowny, un espacio donde destaca la Sukiennica o Lonja de las Pañerías, el lugar donde los antiguos mercaderes vendían sus mercancías y d o n d e hoy es c a s i obligatorio adquirir alguna pieza de arte local y saborear un café. Contemplar las casas que bordean la plaza, recorrer el mercado medieval más grande de Europa resulta toda una experiencia única cuyo mejor remate es deleitarse con la cocina polaca del restaurante Wierzynek, cuya fundación en 1364 le convierte en el más antiguo de cuantos tienen sus puertas abiertas en el continente y cuya decoración incluye antiguos candelabros, antiguas armaduras y relojes que han medido el paso de los siglos. Las murallas de la ciudad, la puerta Florian, el distrito judío de Kaziniers, el Camino Real o la Torre del Ayuntamiento son otros puntos de interés que el sonido de la trompeta, que suena desde el campanario de la iglesia de Santa María, se encarga de ambientar. Pero no todo concluye aquí. Los espectáculos culturales, la oferta gastronómica y la artesanía local –con el ámbar en lugar destacado– son atractivos que se adaptan a todos los deseos.