CROACIA HA SABIDO renacer. Poco más de diez años después de la firma del acuerdo de Dayton (EEUU) que puso fin a la guerra que asoló las regiones que formaban la antigua Yugoslavia, este país de casi 4,5 millones de habitantes se ha descubierto como uno de los enclaves turísticos menos conocidos pero más atractivos de toda la costa mediterránea. Y ha renacido con clase, sin precipitaciones ni parches; sacando partido de todo aquello que la naturaleza ofrecía. Con una cultura tan desconocida como sorprendente, Croacia cuenta con un patrimonio que incluye monumentos considerados obras maestras del arte europeo. Como lugar de encuentro de civilizaciones, esta región ha sabido absorber las expresiones artísticas de cada pueblo para acabar fundiéndolas en una propia, caracterizada por el respeto al origen de cada obra. En un espacio equivalente a Irlanda o Dinamarca, esta exrepública yugoslava alberga hasta ocho parques nacionales, diez parques de naturaleza y dos reservas protegidas. De entre todas estas perlas naturales destacan los Lagos de Plitvice, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El mayor atractivo de este parque único en el mundo son sus 16 pequeños lagos entrelazados con cascadas. El parque, situado en el centro del país, está rodeado de tupidos bosques de haya, abeto y picea que en alguna zonas da la sensación de selva virgen. Además del espectáculo acuático, el lugar es rico en cuevas, donde uno puede toparse con un modosito oso pardo.

COSTA DE LUJO
La costa merece capítulo aparte. El litoral croata cuenta con 1.185 islas, islotes y peñascos, dato que invita a plantearse una ruta en velero, mucho más económica que lo que uno podría imaginar y un modo original y atractivo de conocer un país. De obligado cumplimiento es la visita a Dubrovnik, una ciudad monumento cuya singularidad reside en su ágil relación con la historia del país y la herencia cultural. Construida para ser contemplada a pie, esta ciudad presume de ser la ciudad de los peatones. En 1978, el célebre oceanógrafo Jacques Cousteau dijo de las aguas de esta ciudad amurallada que eran las más claras y limpias del Mediterráneo. Una acreditada opinión que supone todo un reto pero que todavía hoy es vigente gracias al tenaz esfuerzo por ofrecer un turismo ecológico que respete el entorno. El brillo y la solera de esta pequeña ciudad histórica, que fue una de las más afectadas durante la guerra, es el mejor espejo de un pequeño país que disfruta con euforia merecida de su propio renacimiento.