CONOCER A FONDO UN país no es fácil. Y más si éste ofrece una gran diversidad de contrastes. Descubrir la República de Croacia puede ser una aventura apasionante. La costa croata es una de las más diáfanas del mundo, con el mayor número de islas del Mediterráneo. Sus monumentos y su herencia histórica colocan a este joven país en un lugar privilegiado de la cultura europea. La diversidad de Croacia está presente en numerosos lugares: la capital Zagreb; la ciudad monumental de Dubrovnik; los palacios dioclesianos de Split; la basílica eufrasiana de Porec o el teatro de Hvar. Pero también se encuentra en los antiguos castillos, las fuentes termales, la caza abundante, los paseos, las excursiones, las estaciones de esquí, las playas, el mar y las naturalezas vírgenes. Sin embargo, uno de los rasgos que identifican a Croacia como un país único en Europa es la mezcla de diferentes culturas: occidental, oriental, centroeuropea y meridional- mediterránea. Sus ciudades son un ejemplo vivo de las huellas que ha ido dejando el paso del tiempo. Split y Dubrovnik forman parte del patrimonio universal de la Unesco. FUERA DE LO COMÚN Fuera del circuito urbano, Croacia ofrece al visitante un amplio abanico de destinos turísticos. Largas playas, numerosas islas y castillos, densos bosques (Gorski kotar), inmensos campos de trigo (Eslavonia), termas, montañas… Actualmente, Croacia dispone de una red de 480 hoteles, 77 centros turísticos y unos 300 cámpings, suficiente para no caer en la saturación. Una rica gastronomía y una amplia lista de tradiciones populares permiten conocer un poco mejor la historia y las costumbres de este joven país europeo que alberga un sinfín de atractivos por descubrir. Pero quizás una de las atracciones más interesantes de su oferta turística sea la oportunidad de pernoctar en faros. Construidos entre 1818 y 1880, muchas de estas edificaciones situadas en las islas y promontorios croatas se han restaurado con el fin de alojar a los turistas. Cada faro guarda una leyenda. Tras los muros de piedra, los faros restaurados ofrecen alojamiento en apartamentos amueblados de dos o tres estrellas. La época moderna ha variado su primitiva función de guiar a buen puerto a las naves que llegaban por el mar Adriático. Ahora sirven de morada a los viajeros más intrépidos.