EN POCOS lugares, las tradiciones de fin de año tienen más sentido que en Japón. El 31 de diciembre, las familias suelen llevar a cabo una limpieza general de la casa, el susu-harai, con el fin de echar la mala suerte acumulada y dejar vía la libre a la bonanza que está por venir. Al llegar la noche, se suele cenar soba, fideos que representan una vida longeva. Cuando se acerca la medianoche, los templos emprenden el Joya no kane, una serie de 108 campanadas para ahuyentar los 108 pecados que enumera el budismo. Al día siguiente tiene lugar el hatsumode, la primera visita al templo para rezar por la prosperidad y la salud. Luego, se celebra la comida especial de Año Nuevo, que se compone de entre 20 y 30 recetas tradicionales. El primer sake del año que se bebe de forma ceremonial es el O-Toso, para traer la paz al hogar. 14 destinos +Concierto de Año Nuevo en Viena EL 1 DE ENERO MÁS CLÁSICO UNA BUENA forma de alejarse de la superficialidad de la gran mayoría de fiestas que se organizan en Fin de Año consiste en plantear un viaje diferente, orientado a conocer de primera mano la realidad cotidiana de países en vías de desarrollo o de minorías discriminadas, desde el punto de vista de la cooperación y el diálogo intercultural. La oenegé Solidaritat pel Desenvolupament i la Pau (Sodepau) propone para finales de diciembre una estancia en Estambul y otra en comunidades rurales de Marruecos. En el primer caso, se trata de una visita de siete días a las diferentes culturas que comparten la capital turca, en especial los tres millones de kurdos que viven en ella, aunque también las minorías griegas, armenias y judías. Recorridos por barrios tradicionales, mercados, mezquitas, una vuelta en barco por el Bósforo e intercambio de puntos de vista con diversas asociaciones y entidades. En el segundo caso, se trata de 10 días conociendo proyectos y compartiendo experiencias con familias de diferentes regiones del Atlas y el Sáhara, como Missour, Golmina, Ait Jaber y Fez. Para la última noche del año, la actividad más especial: dormir en una jaima en pleno desierto. +Cooperación en Turquía y Marruecos OTRA REALIDAD COTIDIANA SI VIENA ya es de por sí uno de los lugares más emblemáticos para escuchar un concierto de música clásica, hacerlo el primer día del año adquiere ya una connotación histórica. Cada 1 de enero, la Orquesta Filarmónica de Viena interpreta piezas de toda la familia Strauss, con diferentes bises que tradicionalmente acaban con el vals del Danubio Azul, para enlazar a continuación con la Marcha Radetzky, que acompaña el público con palmas, en uno de los pocos excesos permitidos a la audiencia de la música culta. Un recital que también se puede observar a través de una pantalla gigante en la plaza del Ayuntamiento de la capital austriaca y que se emite por televisión en más de 50 países. Este año, el argentinoisraelí Daniel Barenboim será el director de orquesta. Por la tarde, le toca el turno a Beethoven y su novena sinfonía, de la mano de la Orquesta Sinfónica de Viena. Además, desde ese día quedará inaugurado el año dedicado a Joseph Haydn, quien comenzó su carrera musical como miembro del coro de la catedral de St. Stephan. Diversas rutas guiarán por los lugares clave de la vida del autor y la exposición Haydn-Hasse-Mozart mostrará la relación que se estableció entre los tres músicos. Sin duda, un inicio de año de elevado nivel. jueves 11 de diciembre del 2008 +Alejar los pecados en Japón