CUBA TIENE PLAYAS impresionantes, como la mayoría de islas caribeñas, pero sobre todo tiene sabor. Tanto, que es imposible no quedarse prendado de él cuando se camina por Santiago de Cuba, en la parte oriental de la isla, que acumula en todos sus adoquines la magia de las miles de noches que han sido teñidas de son y bolero gracias a trovadores de la talla de Compay Segundo o Eliades Ochoa. El viaje comienza en esta ciudad, emparedada entre el mar y la Sierra Maestra, para dirigirse luego hacia Holguín, apenas a unos 140 kilómetros más al norte, donde la naturaleza cubana se presenta en todo su esplendor. Es justo en este punto donde desembarcó Cristóbal Colón, quedando acto seguido deslumbrado por la belleza que contemplaban sus ojos. Pero, una vez en Santiago, importan más la gestas libertarias de su gente, que las impresiones del descubridor. En el cementerio de Santa Ifigenia reposan los restos del gran héroe nacional de Cuba, José Martí, y de otros protagonistas de las distintas guerras de independencia contra las potencias colonizadoras. En el museo que alberga el Cuartel Moncada quedan recogidas desde los tempranos momentos de la conquista española de la isla hasta las luchas de la guerrilla en la vecina Sierra Maestra. De hecho, fue en este cuartel donde se vivió el primer envite de la revolución y fue en el ayuntamiento de la ciudad donde quedó confirmada la derrota del dictador Fulgencio Batista, el primer día de enero de 1959.

DOS ARTERIAS
Dos arterias principales conducen al viajero entre las empinadas calles de la ciudad y los edificios de dispares estilos arquitectónicos que aparecen a cada paso. La calle Enramada, que baja hasta el mismo puerto, es la avenida comercial por excelencia y la calle Aguilera es la más larga de Santiago. Entre las dos conducen a lugares imprescindibles como la plaza de Marte, donde destaca una columna rematada con el gorro frigio y la estrella de cinco puntas, o el parque Céspedes, lugar idóneo para entremezclarse con los santiagueros. Otros barrios donde perderse es más que recomendable son el Centro Histórico Urbano o el Tivolí, zona de relieve accidentado y foco de tradiciones culturales y populares fuertemente enraizadas que se traducen en danzas, ritmos, costumbres y fiestas. Con el ritmo todavía en el cuerpo, la ruta prevista se aleja de Santiago de Cuba hacia el norte para dirigirse a la región de Holguín, uno de los puntos de la isla que ha experimentado un mayor crecimiento como destino turístico en los últimos años, gracias sobre todo al generoso despliegue de naturaleza que ofrecen sus altas sierras y sus playas de finas arenas marcadas por la constante presencia de formaciones orográficas, que les aportan una personalidad propia a las del resto del país. Sus aguas turquesas, cálidas y tranquilas están protegidas de manera natural por las formaciones coralinas y por la tupida vegetación que las rodean. El viajero se encuentra así con parajes como Guardalavaca, Esmeralda, Pesquero, Don Nino, Playa Blanca –muy cerca de donde desembarcó Cristóbal Colón– y Cayo Saetía, un monumento natural dotado con 12 playas totalmente vírgenes. Tranquilidad asegurada, aunque no hay que olvidar que esto es Cuba y la música se lleva en las venas. En Holguín se interpreta el son de forma particular y convive en armonía con la décima campesina, de origen canario. Incluso seguro que se escucha algún que otro ritmo en pleno parque natural Bahía de Naranjo. Y entre playa y naturaleza, un paseo por Holguín, la capital, hasta el centro cultural Plaza de la Marqueta o por los conjuntos arquitectónicos de tipo colonial de la ciudad de Gibara. Si no, una excursión para descubrir los restos de la cultura aborigen en Banes o la impresionante caída de agua del Salto del Guayabo. Y por último, otra vez música. En sus discotecas, en sus teatros y en sus cabarets. En cualquier caso, mucho ritmo y también mucho sabor.