DETENGAN el segundero del reloj. En Cuba el tiempo no pasa. Las horas extienden sus minutos en el aire con el humo de los habanos. Y, como los buenos habanos, hay que saborear todas sus capas. Cada calada desprende aroma a cultura, mestizaje y leyendas, a una revolución de melena y boina negra, a jazz latino y chachachá, a batallitas de mecedora y confidencias de café, a paraísos coloniales y paraísos con palmeras al pie del Caribe. Cuba es una tierra con historia e historias. Una isla donde el futuro se diluye en ron y santería y el presente se vive, se bebe, se habla, se baila a pie de calle. El suyo es un Caribe con sabor añejo, aroma colonial y reminiscencias españolas. Es un Caribe que sabe a casa. Donde el novelista Ernest Hemingway dejó por escrito sus últimos 22 años de vida. Donde la literatura ha puesto coordenadas a sus musas y la historia se reescribe a mano. Según palabras del mismísimo Federico García Lorca, Cuba “es sencillamente una maravilla”. Las maravillas literarias comienzan a tomar cuerpo al pie de la costa noroccidental de la isla. Allí está La Habana, la capital de la república. La que fuera llave del Nuevo Mundo es la mejor llave para abrir las puertas de Cuba. Es una ciudad para perderse y encontrarse. Para hacer historia y vivir historias. No hagan planes. La Habana se vive sobre la marcha. LA HABANA VIEJA Para comenzar a perderse, nada mejor que ir a la Habana Vieja. El centro histórico de la ciudad es un auténtico museo al aire libre plagado de fortalezas, castillos, murallas, mansiones coloniales, espectaculares edificios, antiguos cafés, y restaurantes criollos. Patrimonio de la Humanidad desde 1982, la Unesco sigue trabajando en las labores de restauración, aunque la Habana Vieja mantiene casi intacto el encanto añejo y descolorido del paso del tiempo. Empiecen a hacer historia sobre legendarias piedras. Los castillos de El Morro y La Cabaña recorren cinco siglos de historia habanera. Para hacer historia in situ, hay que esperarse hasta las nueve de la noche. Es la hora a la que se celebra la Ceremonia del Cañonazo, que rememora el disparo que antiguamente anunciaba la hora del cierre de las puertas de las murallas de la ciudad. Después, cojan fuerzas de camino. En el castillo de la Real Fuerza se halla la segunda fortaleza más antigua de las Américas. Miren hacia arriba. Ahí está La Giraldilla, el símbolo de la ciudad y logotipo del ron Havana Club. Sigan caminando hasta encontrarse con Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria. Su monumento preside la Plaza de las Armas, la más antigua de La Habana. Disfruten del arte barroco, neoclásico y grecorromano y pidan un deseo a un árbol centenario -la ceiba que señala el lugar donde se celebró la misa fundacional de la ciudad-. Dice la leyenda que el deseo sólo se cumple si se hace en silencio mientras se dan tres vueltas alrededor del tronco. Aguarden al atardecer. Los faroles de la plaza siguen encendiéndose cada noche, recordando que La Habana fue la primera ciudad de América que tuvo alumbrado de gas. En la Plaza de la Catedral hay que to- TEXTO ANA SÁNCHEZ I destinos con sabor añejo Destino del mes CUBA La isla desprende aroma a habano, a cultura colonial, a jazz latino y a una revolución de melena y boina negra Cuba es un lugar donde el futuro se diluye en ron y el presente se vive y se baila a pie de calle CUBA Cuba Centroamérica Capital La Habana Superficie 11.000 km2 Idioma Español Gobierno República Moneda Peso cubano, aunque en el mercado turístico es el dólar o el peso convertible. En algunas zonas comienza a circular el euro. La Cuba central DE CAMINO a Santiago desde La Habana es inevitable parar en el centro de la isla, en la provincia de Sancti Spíritus. Allí el arte colonial mantiene el pulso con el tiempo sin despeinarse. Trinidad de Cuba es una de las ciudades coloniales de las Américas en mejor estado de conservación. Patrimonio de la Humanidad, Trinidad es un laberinto de tejas rojas, viejas mansiones encaladas, hierro forjado y calles adoquinadas. Sitúense en la Plaza Mayor y déjense llevar. Tras Trinidad, pongan rumbo a Sancti Spíritus. Crucen el puente Yayabo, el único de piedra con arcos que hay en Cuba, y paseen por la calle Llano. Y no se vayan sin poner banda sonora a su visita. El Coro de Claro, en el Teatro Principal, les dejará un sabor de boca de renombre internacional. LA VISITA La Habana Santiago de Cuba Guantánamo La Fe Camagüey Matanzas Holguín destinos 9 jueves 26 de junio del 2003 marse su tiempo. Se dice que la catedral de San Cristóbal -un impresionante ejemplo del barroco colonial- acogió un tiempo los restos del mismísimo Cristóbal Colón. Disfruten de las vistas y, si se atreven, dejen su futuro en manos de las santeras cubanas. Las encontrarán alrededor de la catedral, vestidas de blanco y, seguramente, disfrutando con un tradicional habano en la boca. UN PASEO POR EL MALECÓN Ya en Centro Habana, es obligado un paseo por El Malecón. El rompeolas de La Habana tiene más de seis kilómetros de largo. De camino al centro, cojan La Rampa. Es la calle 23. Pasarán por exóticos hoteles e históricos parques y museos antes de desembocar en la Plaza de la Revolución José Martí, bautizada con el nombre del héroe nacional de Cuba. Allí es donde Fidel Castro da su discurso anual el 1 de enero ante la mirada de dos millones de personas y de un gigantesco Che Guevara instalado en un mural. Sigan caminando hasta llegar al cementerio. Al final de la calle 23 se levanta la inmensa necrópolis de Colón, un impresionante mausoleo de mármol y granito, comparable al de París, en el que incluso encontrarán una réplica de La Piedad de Miguel Ángel. El turismo en La Habana sigue de noche. Al suroeste de la ciudad está El Tropicana, el mismo que se inauguró en 1931 como el mayor cabaret del mundo. Sigan la noche callejeando. Déjense recomendar -y acompañar- por los cubanos. Es la mejor forma de conocer Cuba en primera persona al ritmo de la salsa y el son. LA ‘CIUDAD DE HÉROES’ Sigan el ritmo del jazz latino cuando hagan el equipaje. Tras La Habana, cojan la carretera central o, si lo prefieren, el avión, y diríjanse al sureste. No se pueden perder Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande de la isla, instalada al pie de la bahía, con la Sierra Maestra al fondo. Allí el estilo colonial esconde las mejores notas negras. Para empezar a descubrir esta ciudad de héroes -tiene un título que lo verifica-, sitúense en el Parque Céspedes. Allí encontrarán una de las casas más antiguas de Cuba, la Casa Diego Velázquez, construida por el primer gobernador del país. Sin moverse del parque, miren al flanco norte. Verán el Ayuntamiento, desde donde Fidel Castro proclamó la Independencia de la Revolución, el 1 de enero de 1959. Y miren al sur, donde se levanta la catedral Santa Iglesia Basílica, una de las construcciones eclesiásticas más antiguas del Nuevo Mundo. Siguiendo la calle de Heredia, descubrirán teatros, impresionantes mansiones coloniales, restaurantes y museos. Deténganse en el museo más antiguo de Cuba, fundado por el barón del ron Emilio Bacardí. Otra parada obligada es la escalera de la calle Padre Pico, desde donde se pueden contemplar las mejores vistas del puerto y de los tejados rojos de Santiago de Cuba. La ciudad de héroes tiene a sus propios héroes enterrados al norte. En el cementerio Santa Ifigenia yacen los héroes de la revolución cubana, entre los que se encuentra el mismísimo José Martí. Los otros héroes de Santiago de Cuba llevan una guitarra en la mano. La música cubana tiene su sede en la Casa de la Trova -abierta al público-, donde se reúnen los músicos más célebres del país. No se vayan de Santiago sin visitarla un sábado por la noche. La Casa de la Trova más antigua y famosa de Cuba se convierte en el foco de un minicarnaval que desfila por la calle de Heredia. Las notas desprenden aroma a cabaret al este de la ciudad. Santiago tiene su propio Tropicana.