APOYADO SOBRE UN PORTAL

 mile- nario, uno enmudece, en una mezcla de emoción y cansancio. Se compensa la es- casez de oxígeno inspirando profunda- mente, como un reto a la capacidad pul- monar. El viento atraviesa los ventanales de una arrugada ciudadela, juega entre las piedras resquebrajadas, silva una me- lodía cuya cadencia nos hace sentir par- te de un todo, que abrió los ojos hace de- masiados siglos como para referirnos a él con certeza. El silencio en Machu Picchu es mágico, una constante histórica y mís- tica que dice más que habla. Aunque su nombre significa montaña vieja, su edad no parece corresponder- se con el desarrollo de las construcciones que alguna vez rezumaron vida en uno de los enclaves arquitectónicos más bellos del planeta, admirable por la solidez edi- ficatoria y ubicado estratégicamente pa- ra evitar la presencia enemiga. Su protec- ción natural, bendición divina, se funda- menta en profundos cañones e impresio- nantes montañas.

 Con motivo, pues, los incas llamaban a estas cumbres Apus (dio- ses tutelares). Seguramente tuviera una finalidad reli- giosa. Quizás fuera un monasterio donde convivían muchas jóvenes. Tal vez un cen- tro de observación astronómica o un lu- gar de descanso y recogimiento para el soberano cuzqueño. Y lo más probable es que combinara un poco de todo ello. Lo que constituye otro misterio es su fecha de construcción. Los expertos se- ñalan que posiblemente se remonte a la época final del imperio inca, cuando Ma- chu Picchu comenzó a dar forma a la pie- dra, aprovechando todos los espacios en armonía con la funcionalidad. Así es co- mo la ciudad perdida de los incas dife- renció dos sectores: la zona urbana, que comprende templos, palacios, plazas, mausoleos, depósitos, talleres, escalina- tas o fuentes; y la zona agrícola, con an- denes o terrazas para el cultivo.

CUZCO

Si los incas la consideraban la casa y mo- rada de los dioses por algo sería. Su nom- bre en quechua, Qosqo, significa ombli- go del mundo, debido a que de ella partía una vasta red de caminos que unía prác- ticamente toda Suramérica, desde el sur de Colombia hasta el norte de Argentina. Hoy, la ciudad de Cuzco sigue siendo el principal destino turístico del Perú y uno de los más im- portantes del continente. Ubicada en la región suroriental de la Cordillera de los Andes, Cuzco es una ciu- dad mestiza y colonial, con espléndidos templos y casonas que se levantan sobre basamentos de roca finamente labrada y con una rica gastronomía compuesta por platos que combinan los productos del ande, como el choclo, las papas y el ají, con la carne de cerdo y de carnero in- troducidas por los españoles. La fusión hispano-andina se refleja en los nombres de las calles, de las perso- nas, los edificios o las danzas. Absoluta- mente todos los aspectos de la vida se ven acariciados por esta mezcla irreme- diable que se produjo cuando, en marzo de 1534, Francisco Pizarro ordenó la fun- dación española. Pero ni los recursos in- vertidos, ni la imposición y ni el derrame de sangre fueron suficientes para aniqui- lar completamente el legado de un pue- blo nacido entre los siglos XI y XII.

RECORRIDO POR LA CIUDAD

El templo del Koricancha es testigo de ex- cepción de la fusión de las culturas inca y occidental. Sus muros de piedra finamente pulida sirvieron como cimiento para la construcción del convento de Santo Do- mingo. Se dice que sus paredes estuvie- ron recubiertas por láminas de oro y pla- ta, en aquellos tiempos en los que el tem- plo estaba dedicado al culto del sol, y al- bergaba en ocasiones imágenes de otras deidades y momias de gobernantes. Tan- to lujo hacía que la entrada al templo es- tuviera restringida a las más altas perso- nalidades de la época. Por otro lado, la catedral, del siglo XVI y estilo barroco, se caracteriza por su precio- so altar, que contiene siete toneladas de plata. Saliendo de Cuzco, pero muy cerca de ella, lugar destinado al culto al agua y al des- canso del monarca del imperio. Destacan en él un conjunto de acueductos, canales y pequeñas cascadas labradas en la roca destinadas a conducir el agua provenien- te de un manantial cercano.

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 Según los es- pecialistas, fue una suerte de jardín real, poblado de una profusa vegetación or- namental, que era mantenida gracias a un intrincado sistema de canales. Así es Perú, donde detrás de ca- da cosa hay algo más, intacto y misterioso. Donde todo signifi- ca más de lo que parece: una montaña es un dios; una la- guna, una leyenda; una mi- rada, un recuerdo; y un suspiro, parte de lo que se es- conde de- trás del adiós. destaca la fortaleza de Sacsayhuamán, un imponente ejemplo de arquitectura militar inca, construida con grandes bloques de granito y dedicada a resguardar la ciudad de los ataques invasores. Sacsayhuamán (en quechua, halcón satisfecho) está cons- tituida por tres grandes terrazas super- puestas en forma de zigzag y bordeadas por enormes murallas de roca de hasta 300 metros de longitud. Por su cercanía y elevación con respecto a Cuzco y por las dimensiones de sus piedras –de has- ta 5 metros de altura y 350 toneladas de peso– sirvió de cantera para ciertas edifi- caciones de la época colonial. Un kilómetro más allá se encuentra Ken- ko, un centro construido sobre un singu- lar afloramiento de roca caliza, con gale- rías subterráneas y un anfiteatro semicircu- lar.

Posiblemente fue un enclave ceremo- nial, ya que en su centro se aprecia un mo- nolito gigante, posiblemente de un animal, que fue la deidad principal. Junto a la anterior visita se encuentra Puca Pucara (en quechua, fortaleza roja), una construcción militar compuesta de es- calinatas, terrazas y grandes muros, que formaba parte del sistema de defensa de la capital del imperio.

Cuzco es comúnmente reconocido por el valor de su artesanía. El turis- mo, principal fuente de ingresos del ugar, se siente especialmente atraí- do por tejidos realizados en telares, piezas de cerámica, joyas en plata, réplicas de las pinturas cuzqueñas, peletería o tallados en madera deco- rados con pan de oro. Es igualmen- te típica la imaginería del lugar, que costumbra a reproducir a los Reyes Magos, vírgenes, Niños Manuelitos y arcángeles, así como las máscaras típicas lugareñas. Estos productos pueden adquirirse en cualquier rin- cón de la ciudad, aunque el barrio de San Blas con- centra algunos de los talle- res más importan- tes, como es el caso de los de Edilberto Mérida, An- tonio Olave o Jesús La Torre. Cuzco Perú

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