Apasionante y exótica, es demasiado oriental para ser europea y excesivamente occidental para ser asiática

Visitar Turquía siempre es una experiencia única que un auténtico viajero nunca debería dejar pasar. Su ubicación, entre Oriente y Occidente, entre Europa y Asia, la han convertido a lo largo de los siglos en un enclave muy deseado por reyes, sultanes y emperadores, que la han contemplado siempre como un punto estratégico de vital importancia entre dos mundos muy distintos. Cuna de imperios y civilizaciones, protagonista de grandes momentos de la historia de la humanidad y repleta de enclaves únicos que se reparten a lo largo del país, tiene en su apasionante, exótica y atrayente capital, Estambul, un auténtico crisol de culturas y religiones.

No es de extrañar que sea una de las ciudades más visitadas del mundo, y es que haber sido capital de tres imperios –Romano, Bizantino y Otomano– es un hecho que ningún viajero puede dejar pasar por alto. La antigua Constantinopla está situada entre dos mares, el Mar de Mármara y el Mar Negro; entre dos continentes, Europa y Asia; y entre dos mundos distintos, el tradicional y el moderno. Actualmente es una urbe caótica y serena demasiado oriental para ser europea y excesivamente occidental para ser asiática. Estambul es una ciudad que atrapa al visitante, con sus muchos monumentos históricos, sus maravillas naturales como el Cuerno de Oro y el Bósforo, y por supuesto con sus muchas calles, plazas y bulliciosos mercados repletos de historia y arte.

Famosa esplanada. Aunque las recomendaciones son muchas, existen algunas visitas que no deben pasarse por alto. Por ejemplo, sus dos mezquitas más conocidas, la espectacular Santa Sofía y la imponente Mezquita Azul, ubicadas una frente a la otra, junto al estrecho del Bósforo, en la famosa explanada de las mezquitas. La Mezquita Azul es uno de los monumentos más visitados de toda Turquía, y la única del país que cuenta con seis minaretes. Dedicada al culto y a la oración, es una auténtica joya arquitectónica que debe su nombre a los colores de las baldosas y cerámicas que la recubren.

Por su parte, la basílica de Santa Sofía, es actualmente la representación más esplendorosa del arte bizantino e impresiona por sus dimensiones, su historia y sus mosaicos. Aunque no está destinada a la oración, esta enorme basílica, la cuarta del mundo con un área cubierta más grande, es aún considerada un centro de espiritualidad.

Estambul posee uno de los palacios más espectaculares de Oriente, el grandioso Palacio de Topkapi. Esta antigua residencia de sultanes, hoy convertida en museo, está formada por una serie de edificios situados en torno a cuatro patios a los que se accede a través de grandes portales y que guardan fastuosas estancias propias de la época dorada del imperio otomano. Pero una de las visitas más curiosas es la de la Cisterna Basílica, construida en el año 532 a. C. La que fue la reserva de agua más grande de la ciudad, también llamada palacio sumergido, es un recinto mágico que traslada al visitante del bullicio a la tranquilidad que invade este lugar, a 10 metros bajo tierra. Sus más de 330 columnas, traídas de templos precristianos, esconden un misterioso secreto: dos enormes cabezas de Medusa que ha generado todo tipo de leyendas.

Pero no todas las visitas más culturales sirven para descubrir esta ciudad tan excitante. Bastará recorrer sus calles principales, desde la imponente Plaza Taksim hasta la Torre de Galata, y disfrutar del espectáculo de los pescadores vendiendo su mercancía en las orillas del Bósforo al atardecer para descubrir el día a día de los habitantes de la ciudad. Pasear, comprar y poder regatear por el Gran Bazar o el Bazar de las Especies es, sin duda, otra de las experiencias que se deben realizar en Estambul. Los visitantes pueden encontrar auténticas gangas entre sus más de 3.500 puestos, y sus interminables calles y callejuelas.

Y si se dispone de tiempo, nada mejor para terminar el día que reservar una visita a alguno de los centenarios baños árabes que están esparcidos por toda la ciudad, una agradable experiencia para desconectar y relajarse como un auténtico turco.

Texto: Carlos Vidal