PERSONAJES ILUSTRES como Goethe, Heine y Napoleón quedaron fascinados por los encantos de Dusseldorf. Una ciudad que se autoproclama como “una metrópoli moderna con una tradición de más de 700 años”. Pero la urbe alemana presenta algunos rasgos característicos que sirven para identificarla. En primer lugar, Dusseldorf es conocida por ser el centro neurálgico del famoso carnaval renano. También es una de las ciudades feriales más importantes del mundo. Además, es la cuna del Altbier (cerveza muy fermentada), y del Löwensenf (mostaza muy picante), y es el lugar donde se fabrica el popular detergente Persil. Sin duda, la presencia del Rin imprime carácter a la ciudad e influye en la vida de sus habitantes. Dusseldorf posee uno de los paseos más bellos que se pueden realizar, el Rheinuferpromenade. La escalinata del Burgplatz (plaza del castillo) es uno de los puntos de reunión preferidos por los dusseldurfeses y sus visitantes. La capital de Renania del Norte-Westfalia es una de las ciudades más elegantes del mundo para ir de compras, es cita obligada para los amantes de la arquitectura y el diseño y no tiene rival en Alemania en cuanto al arte moderno y contemporáneo. CURIOSIDADES TURÍSTICAS Dos paseos –el Königsallee y el Rheinuferpromenade– permiten descubrir los enclaves más interesantes de Dusseldorf. El Kö tiene fama de ser uno de los bulevares más hermosos del mundo. Pasajes y vías comerciales albergan nobles almacenes y elegantes tiendas para deleite del turista. La Schadowstrasse registra el volumen de ventas más alto de Alemania. Alrededor de 260 bares y cafeterías componen la barra más larga del mundo. Para recorrerla hay que llegar hasta el casco viejo (Altstadt). Aquí se pueden visitar museos de renombre, la iglesia de St. Andreas, la torre del castillo –donde se pueden revivir más de 2.000 años de historia naviera–, la basílica de S. Lambertus, el ayuntamiento y la casa natal de Heinrich Heine, hijo predilecto de Dusseldorf. El Rheinuferpromenade tiene dos niveles. El tráfico circula por el inferior, mientras desde el superior se aprecia una vista impresionate sobre el Rin y las fachadas modernistas del barrio Oberkassel. A bordo de un barco se puede realizar una travesía para visitar la torre del Rin, las ruinas del palacio del legendario emperador Barbarroja en Kaiserswerth, el templo japonés en Niederkassel y el castillo Benrath, construido hace más de 200 años. INTERÉS POR LA CULTURA La riqueza cultural de Dusseldorf se pone de relieve a través de instituciones como la Academia de Bellas Artes, establecida en 1773, y la amplia lista de museos que forman un eje artístico de primer orden. Entre los más destacados figuran el Museo Alemán de la Cerámica y el Museo del Arte de Dusseldorf en el Ehrenhof. El interés por la cultura se completa con los espectáculos musicales de la Ópera Alemana del Rin, las funciones de los teatros experimentales, las salas de conciertos –la Tonhalle y la Philipshalle–, los festivales… Otro punto de encuentro es el bar literario Schnabelewopski, en el corazón del casco viejo, donde los jóvenes poetas se citan para leer sus composiciones. La modernidad no está reñida con la tradición. Dusseldorf mantiene unas costumbres muy arraigadas. En verano predominan las fiestas regionales (en julio se celebra la verbena más grande del Rin). En invierno se viven los días locos del carnaval y el 10 de noviembre se conmemora a Santo Martín, el legionario romano que según la leyenda compartió su abrigo con un pordiosero que tiritaba de frío. Visitar Dusseldorf exige una premisa indispensable: llevar siempre dinero suelto en los bolsillos. ¿Por qué? En cualquier momento el visitante se verá sorprendido por las piruetas de los Düsseldorfer Radschläger (los niños acróbatas de Dusseldorf que hacen la rueda). Esta tradición se remonta a 700 años atrás, cuando la gente se dedicó a realizar acrobacias después del triunfo del arzobispo de Colonia en la batalla de Worringen (1288).