PARA ENTENDER algunos aspectos de El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, como por ejemplo la dualidad del protagonista, algunos críticos han subrayado históricamente la influencia que tuvo sobre el novelista Robert Louis Stevenson su Edimburgo natal. En aquellos primeros años del siglo XIX, la ciudad escocesa era, en realidad, dos en una: por un lado, la Edimburgo de los barrios respetables, religiosos y bienpensantes; por otro, la Edimburgo bohemia, la de los burdeles y la delincuencia. El contraste de ambas fue lo que, en opinión de los expertos, despertó en Stevenson la fascinación por el tema de la dualidad de la naturaleza humana y le proporcionó el material necesario para construir la historia de Jekyll y Hyde, el doctor que, durante la noche, se transformaba en una terrible criatura. Pero lo mejor es que, si Stevenson levantara la cabeza, vería que, de alguna forma, esa duali- dad todavía hoy es vigente, pues la ciudad sigue teniendo dos caras: la ciudad moderna –conocida como New Town– y la antigua, u Old Town. Es gracias a esta última que Edimburgo es patrimonio mundial, por sus barrios medievales y georgianos. El referente máximo de la vieja metrópoli es el castillo, situado sobre la cima volcánica de la Milla Real. En su interior se exponen las joyas de la corona escocesa, los torreones, el enorme cañón, la capilla medieval, la sala de cofres (con los objetos simbólicos de la realeza) y la piedra del Destino, que se utilizaba en la edad media para la coronación de los reyes. Aunque, mejor que todo esto es la vista panorámica que se tiene desde el lugar: hacia el sur, la escuela de George Heriot y los montes Pentland; hacia el norte, la mirada se pierde más allá de la calle Princess, en dirección a Leith (el puerto) y al estuario de Forth. Para descender del castillo, existen varias opciones. En primer lugar, se puede hacer por la calle de George IV Bridge, para alcanzar el Museo Real y el Museo Nacional de Escocia, que se encuentran uno al lado del otro y contienen colecciones internacionales de objetos representativos para la historia del país. La bajada también se puede hacer por la Milla Real, que se convierte en la calle High, para acabar frente al centro administrativo del ayuntamiento de la ciudad. El edificio se erige sobre los cimientos de una calle diezmada por la peste del siglo XVII, conservando de manera perfecta el plano de la vía que existía debajo. Allí los visitantes pueden remontarse 300 años atrás y visitar la Mary King’s Close, que tiene la reputación de ser la calle más embrujada de toda la ciudad. Continuando a lo largo de la Milla Real, y antes de llegar al Parlamento se puede hacer otra parada para rememorar el pasado en el Museo de la Infancia, el de Edimburgo o en The People’s Story, que repasa la historia social de Edimburgo desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad. Ahora bien, si lo que gusta es el arte, se tiene que abandonar el castillo a través de The Mound, para llegar a la Galería Nacional y la Real Academia Escocesa, lugares que combinan la obra de El Ticiano o El Greco y la de los maestros escoceses. LA OTRA CARA New Town fue la solución para la superpoblación que sufría Old Town en el siglo XVIII. La ciudad se había vuelto demasiado compacta. Por eso, en 1766 se organizó un concurso para diseñar la ampliación urbanística. Lo ganó James Craig, un arquitecto de 22 años, autor de un plan caracterizado por su rígido carácter ortogonal, que concordaba con las ideas de racionalismo de la era de la Ilustración. Hoy día, el núcleo básico de esta nueva ciudad está constituido por tres calles paralelas que concentran gran parte de la vida social y económica. La calle Princess es una de las grandes avenidas comerciales del continente, y tiene la peculiaridad de que solo se permite construir edificios por un lado, para no perjudicar la vista que se contempla de Old Town. La segunda es la calle George, que tradicionalmente reunía la mayoría de los grandes bancos y que, paulatinamente, se está transformando en la calle de copas por antonomasia. Por último, la calle Queen, donde sigue habiendo bastantes oficinas y centros bancarios en funcionamiento. Enmedio de todas ellas, un sinfín de placitas y rincones ideales para adentrarse en una buena novela. Y si está inspirada en Edimburgo, mejor.