COMO EL AVE FÉNIX, la biblioteca de Alejandría resurge de las cenizas. Parecía que no iba a ser posible recuperar de nuevo el símbolo de Alejandría, asolado una y otra vez por las batallas de la historia. Pero, por fin, ha sido más fuerte a las visicitudes y ha ganado la guerra. 1.612 años después, ha vuelto a abrir sus puertas con la pretensión de volver a ser el centro del saber y de la cultura universal. Iniciada por Ptolomeo I en el 290 antes de Cristo y finalizada con Ptolomeo II, la antigua biblioteca de la ciudad fundada por Alejandro Magno (en el 332 aC) fue pasto de las llamas en la guerra que enfrentó a Julio César y Marco Antonio por la mítica Cleopatra VIII. Volvió a ser reconstruida para ser quemada de nuevo en el año 390, época del emperador romano Tiodocio, por ser considerada un baluarte del paganismo. Desde entonces no ha sido fácil aunar voluntades e intereses que permitieran encontrar la financiación necesaria para hacer realidad la idea que en 1974 tuvo el entonces rector de la Universidad de Alejandría, Mamdough Lofti Diowar, de resucitar el legendario símbolo de su ciudad. Hasta quince años después no se convocó el concurso por el que en 1989 se concedió la construcción de la obra al grupo noruego Snohetta, que la realizó en colaboración con el arquitecto austriaco Christoph Kapeller. En octubre del 2002 renació, por fin, con la esperanza de que la historia no acabe de nuevo con ella. “La nueva biblioteca de Alejandría es el símbolo de la sabiduría, la paz y el respeto del otro. El abrazo de las diferentes culturas y religiones”, declaró el ministro de Turismo de Egipto, El Beltagui, con motivo de su inauguración. Arquímedes, Euclides, Eratóstenes fueron algunos de los destacados estudiosos que hincaron codos en la antigua biblioteca. Allí se tradujo al griego toda la sabiduría de la Antigüedad. En su mayor época de esplendor, llegó a almacenar 700.000 libros en rollos de papel. Ahora, la nueva construcción da cabida a un arsenal de títulos (más de dos millones de ejemplares) que vapulean a la incultura y la ignorancia. La reconstrucción del símbolo cultural de Alejandría es tan significativo que la Biblioteca Nacional de Madrid inauguró el pasado jueves una importante exposición en su honor, con fotos, documentos y libros. Además, contó con la asistencia de la reina Sofía. La muestra estará hasta septiembre y sus organizadores están planeando traerla también a Barcelona. BUCEANDO EN EL PASADO En Alejandría también se puede disfrutar de una experiencia inolvidable para todo buceador y descubrir los tesoros arqueológicos de la antigua ciudad de Cleopatra. A cinco metros de profundidad se encuentra la mayor columna intacta del que fuera el barrio Real, además de ánforas griegas, embarcaciones y restos de estatuas de la época faraónica, así como un avión caído durante la Segunda Guerra Mundial. Cada inmersión tiene una duración de entre 15 y 20 minutos y se realiza acompañado de un guía. Además, por las cercanías, los arqueólogos submarinos creen haber encontrado los restos de la séptima maravilla del mundo: el faro de Alejandría. A siete metros de profundidad, han descubierto un campo de ruinas dominado por esfinges, mujeres y hombres de imponentes dimensiones y existe un proyecto para transformar este formidable yacimiento en un parque arqueológico submarino. Se trata de una fórmula que garantizaría la conservación de los vestigios allí donde la historia los ha dejado