ESTÁ CLARO QUE EL SUR tiene un encanto especial. Quien lo ponga en duda haría bien en visitar Córdoba el próximo mes de mayo. Ahora que la primavera entra en pleno apogeo, los sentimientos se desbordan en esta ciudad a orillas del Guadalquivir, la misma que maravilló al mundo bajo el dominio árabe, cuando llegó a tener más de medio millón de habitantes al amparo de una mezquita que en su día fue el mayor centro religioso islámico de occidente. El mayo cordobés es la imagen perfecta del paraíso andaluz, de sus fiestas y sus gentes. Es el momento de la Gran Dama de Andalucía. Desde el primer día de mayo, la ciudad se coloca el traje de fiesta, el de la primavera estimulante y casi pagana, y modifica el escenario de su cotidianidad. Las calles explotan de júbilo con la elegancia de los jardines, las cruces de sus plazuelas, las macetas de los patios y la algarabía de sus casetas. Los cordobeses se visten de gala para despedir el curso que finaliza y dar la bienvenida al verano. Antes de luchar contra el calor, los azahares modifican hasta el olor de una ciudad, que se entrega para dar lo mejor de sí durante este mes. El desvarío festivo del mayo cordobés arranca con el concurso de las Cruces de Mayo. Reducto de una religiosidad atada a la noche de los tiempos, las cruces se levantan cuajadas de flores en las plazas, pasajes y recintos abiertos, adornados con la naturaleza característica del mes de mayo. Tampoco faltan los mantones de manila, las colchas multicolores y toda la sabiduría popular en un escenario de película, animado por las asociaciones de vecinos y las peñas. El recorrido se suele realizar de noche, en la que los bailes y canciones se mezclan con el vino y los toques de guitarra en una fusión artística muy particular. LOS PATIOS Y LA FERIA Acabado el concurso de cruces, comienza el festival de los patios cordobeses, la segunda eclosión festiva del mayo cordobés. Los dueños de las casas con patio las llenan de flores, macetas y pozos para que los visitantes disfruten de la estética cordobesa. Barrios añejos como los de San Agustín, San Lorenzo, La Judera y San Basilio se convierten en reductos de las casas típicas cordobesas, que se abren a todos los visitantes, junto a los festivales de cante y sevillanas organizados por el ayuntamiento. Otro de los pilares del mayo cordobés es la feria de Nuestra Señora de la Salud, que se celebra a finales de mes, como colofón de unas fiestas llenas de alegría y color. Las casetas, el paseo central de la ciudad y la calle del infierno se engalanan para el público. ¿Cuál es la receta? Una mezcla explosiva de ingredientes como el paseo de caballos, los trajes de faralaes, las sevillanas y el vino, que trascienden al origen de una festividad basada antiguamente en las transacciones de ganado. Las romerías de Santo Domingo y Linares, las corridas taurinas y las actuaciones de flamenco son otras de las manifestaciones características del mayo cordobés, una fiesta sin igual en España que engrandece el encanto de las tierras del sur. Merece la pena su visita.