ANTIGUA CAPITAL DE PRUSIA, metrópoli cultural en los años 20 del siglo XX, valga la redundancia, y capital de la actual alemana. Está claro. Berlín no deja de evolucionar, como buena ciudad joven. Ahora, vuelve a estar en pleno auge. Basta circular por sus calles. Palpitan de vida. Las avenidas, los mercados de arte, sus 300 establecimientos de moda y los más de 7.000 bares y restaurantes de la ciudad son un reducto de dinamismo y emoción para todos los visitantes. Desde su fundación como aldea de pescadores hasta su conversión en sede de la corte prusiana, Berlín ha sido siempre una referencia obligada en la historia de Europa. En la actualidad, vive una transformación que la consolida como una de las principales ciudades del mundo, especialmente en el campo del arte y la cultura. El visitante puede escoger entre tres óperas, dos salas de conciertos y 35 teatros, además de espectáculos musicales, revistas y otras variedades. Si prefieren el arte, la oferta es inagotable, con objetos fuera de lo común, desde Nefertiti a Beuys, en 170 museos. DE LA DIVISIÓN A LA UNIÓN La segunda guerra mundial causó la destrucción del 90% de Berlín. Los agujeros de bala aún se observan en los edificios de una ciudad que se convirtió en el centro de la época dorada de los años 20 y acabó reducida a escombros tras el terror de la dictadura nazi. El 13 de agosto de 1961 se comenzó a construir el muro de Berlín, que dividió a la ciudad y separó a los habitantes cruelmente. Tres décadas después, el 9 de noviembre de 1989, los berlineses celebraron la caída del muro. Empezaba una nueva vida. Berlín se transforma día tras día. Los tesoros de sus museos son de una variedad sorprendente. El altar de Pérgamo y la puerta de la ciudad de Babilonia son la base del museo de Pérgamo, situado en la conocida Isla de los Museos, declarada Monumento de la Humanidad por la Unesco en 1999. El busto de Nefertiti, en el Museo Egipcio de Charlottenburg, es otra de las joyas, como la Pinacoteca y la Nueva Galería Nacional del Kulturforum. La novedad viene representada por el Museo del Cine en Potsdamer Platz, en el que se puede contemplar todo el legado de Marlene Dietrich. El museo del muro en Checkpoint Charlie, la exposición The Story of Berlin y la arquitectura del Museo Egipcio son otras visitas obligadas. LA MOVIDA NOCTURNA Los palacios de Berlín son el ejemplo más bello de la arquitectura prusiana, con una combinación fascinante de la magnificiencia barroca y la severidad clasicista. Tampoco faltan las zonas verdes, en especial el Tiergarten, auténtico pulmón de la capital, que en verano se transforma en una gran superficie para alegres barbacoas. El bosque de Grunewald, ideal para paseos a pie o en bici; los lagos Wannsee y Müggelsee; y el jardín botánico con su amplia diversidad de plantas tropicales son otros de los parajes más interesantes de la ciudad, que combinan a la perfección todos los sentidos. Para los amantes de la movida y fanáticos del baile, queda la legendaria vida nocturna de Berlín. Los after-work-clubs son la nueva moda. Allí se reúnen los berlineses después de trabajar para beber y bailar. Por otra parte, los hackesche hofe, en el centro de la ciudad, son el punto de partida ideal para la vida nocturna, rodeados de conocidos restaurantes. Los cócteles exquisitos de bares y lounges al son de una salsa o un tango también son habituales, por no hablar de los famosos templos del tecno, donde la fiesta se alarga hasta el día siguiente. Un ejemplo más de una ciudad llena de vida.