El Desierto blanco y los bellos oasis

El Desierto Blanco del Sahra al-Beida
De niños nos enseñan a pintar el desierto con dunas amarillas y alguna que otra palmera. Por algún mecanismo extraño, esos tópicos calan en nuestro subconsciente como verdades absolutas y, cuando son rebatidas por la evidencia, algo en nosotros se desequilibra. De ahí el estupor que se siente al entrar en el desierto Blanco (Sahra al-Beida), una vasta extensión de tierra en el Egipto occidental entre Bahariyya y el oasis de Farafra, 450 kilómetros al suroeste de El Cairo.

El lugar es popular por sus inusuales formaciones rocosas, color blanco nieve. Son en realidad tiza erosionada durante siglos por la arena y el viento seco. Unos hongos que, en ocasiones, alcanzan los 20 metros de altura y que también se asemejan a cúpulas, minaretes, castillos y torres. Con un poco de imaginación, alguno puede creer ver en este paisaje onírico la silueta de un ave a punto de alzar el vuelo o la de un camello en el horizonte.

Formas traidoras que a veces sorprenden con la aparición de algún fósil marino incrustado, revelando que hace millones de años toda esta zona estaba cubierta por el mar.

A medida que el viajero se introduce en los 300 kilómetros cuadrados del espacio protegido del desierto Blanco, más seducido se siente por este paisaje casi lunar, que invita a montar un campamento y pasar la noche, especialmente en invierno, cuando las temperaturas son suaves. Justo antes de marcharse el sol, así como también al alba, es cuando se puede disfrutar de los mejores paisajes, pues las misteriosas formas adquieren tonos rosas y anaranjados.El Desierto del Sahra Al Beida

Lamentablemente, el desierto Blanco corre el riesgo de convertirse en víctima de su propio éxito, ya que cada vez es visitado por más gente. Es fácil, por la noche, encontrar en el horizonte luces de hogueras, junto a tambores y canciones, lo que amenaza la sensación de aislamiento.

Pero lo peor está por llegar: la luz del día descubre los restos de los fuegos apagados, desperdicios y marcas de neumáticos sobre las blancas rocas. ¿La alternativa cuál es? En Egipto, por supuesto, el camello. Eso sí, con un GPS en la mochila, por si acaso.

El Oasis de Baharivya

El Oasis de Baharivya
Es quizás uno de los mejores puntos de partida para la inspección del desierto Blanco. El Oasis de Baharivy está completamente rodeado de elevadas cordilleras, gran parte de su suelo está cubierto de verdes plantíos de palmeras datileras y salpicado por docenas de refrescantes manantiales. Las cónicas colinas diseminadas por el valle probablemente fueron islas en la prehistoria. Mucho más tarde, en la época faraónica, el oasis fue un centro agrícola productor de vino, que se vendía en el valle del Nilo e incluso en Roma. Su estratégica ubicación en las rutas entre Libia y el valle afianzó su prosperidad en épocas posteriores.

Estos silenciosos testigos de una época pasada arrojan luz sobre la vida en este lugar durante el periodo grecorromano, un intervalo de 600 años que marca la transición entre las eras faraónica y cristiana.

Recientemente, deslumbrantes hallazgos arqueológicos, como las momias doradas, le han reservado un lugar notable en el mapa turístico. Del origen de este descubrimiento se responsabiliza a un asno que, en 1996, tropezó con un agujero cerca del templo de Alejandro Magno.

Las Momias Doradas de Baharivya

Entonces su jinete vio el rostro de una momia dorada asomando en la arena. Tras años de exploración, los radares han revelado la existencia de más de 10.000 restos humanos momificados.

El Oasis de Farafra

El Oasis de Farafra
Farafra es el oasis menos poblado y más remoto del desierto occidental, ideal para los que anhelan abandonarse al sueño entre palmerales. De hecho, descanso es de lo poco que puede ofrecer, además de una visita a la fuente sulfurosa de Bir Sitta o al manantial romano de Ain Bishay.  El lago de Mufid como en otros oasis, las casas estan pintadas de color azul y tambien decoradas con paisajes,pajaros y animales, las obras hecho a mano del artista Badr es una combinacion de casa, museo y studio exponando su pinturas y ceramicos esta situado en un jardin lleno de esculturas hechos de objetos del desierto circundante.

Recientemente, el Gobierno egipcio ha intensificado sus esfuerzos por revitalizar la región, y los cultivos de aceitunas, dátiles, albaricoques, guayaba higos, naranjas, manzanas y girasoles crecen lentamente.

Por último, Siwa

Es con diferencia el oasis más cautivador de Egipto, donde numerosos manantiales fluyen libremente alimentando a cientos de olivos, frutales y palmeras datileras, que también procuran sombra y refrescan los pueblos de adobe del valle.

El Oasis de Siwa

Su principal atractivo es su sereno ambiente. La bicicleta, que se alquila en cualquier parte, es el medio de transporte más adecuado para ir de un lugar a otro. Con ella se puede visitar la pequeña ciudad, dispuesta en torno a la plaza del mercado: el museo (que contiene una modesta exhibición de ropa tradicional, joyas y artesanía típica del oasis), las ruinas de la fortaleza de Shali (del siglo XIII) o alguna de las cafeterías llenas de cojines, ideales para relajarse y revisar nuestros tópicos sobre el desierto.

Datos de Egipto

  • Capital: El Cairo.
  • Superficie: 1.001.450 km2.
  • Población: 78.887.000 hab.
  • Moneda: Libra.
  • Idioma: Árabe.

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