OCT2009[1]_Page_13_Image_0004El vino está ligado indeleblemente a su tierra, de donde hereda una personalidad que lo diferencia de cualquier otro. Su carácter, su sabor, su aroma, sus matices… Todo tiene una razón de ser, que radica en los viñedos, el clima, la bodega, la tradición, la técnica o incluso en la gente que lo rodea. Con el incremento de la cultura vinícola, han aumentado también las personas interesadas no solo en aproximarse a un caldo degustando una copa (o algunas más), sino que buscan entenderlo en toda su complejidad. Y esto solamente puede hacerse sobre el terreno. En España, existen 13 Rutas del Vino certificadas por la Asociación Española de Ciudades del Vino (Acevin), que permiten maridar vino y viajes, proporcionando una poderosa motivación para quemar kilómetros: el placer.

El enoturismo abre las puertas a una experiencia sensorial, en la que se puede catar un vino en la misma tierra donde ha nacido, pero, además, sumergirse por completo en todo lo que le envuelve, acumulando vivencias y sensaciones. Recorrer las principales bodegas de una región vitivinícola habilita para probar los diversos tipos de uva que crecen en la zona, aprender a reconocer al instante las hojas de vid para averiguar la variedad de uva, participar en todo tipo de catas y degustaciones, pasear entre viñedos, tocar las barricas de roble con las propias manos, hablar con los productores o celebrar por todo lo alto una fiesta de la vendimia. Actividades relacionadas con el mundo vinícola, a las que se añade la oportunidad de descubrir la historia de los pueblos, conocer su tradición, conectar con su estilo de vida, charlar con la gente del lugar y, por supuesto, maridar su vino con la gastronomía local.

El Penedès

OCT2009[1]_Page_12_Image_0002El viaje puede comenzar bien cerca, en el Penedès, recorriendo masías, bodegas y pueblos que guardan en cada rincón el secreto de la elaboración del cava o de vinos jóvenes de excepcional calidad e intensidad aromática. La ruta pasa por los castillos de Castellet, Gelida, Mediona, Odèrdola y Sant Martí Sarroca y, por su puesto, por localidades tan ligadas a la tradición vinícola como Sant Sadurní d’Anoia y Vilafranca del Penedès.

El broche final lo pone el Vinseum, el museo de las culturas del vino de Catalunya.

Ribeiro y Rías Baixas de Galicia

Luego, el camino ya apunta hacia el noroeste de la Península, donde las DO de Ribeiro y Rías Baixas de Galicia sorprenden por la sombra de sus parras y el perfecto maridaje con la gastronomía del mar. Una tierra muy activa desde tiempos antiguos, tal y como atestiguan las vías romanas, los restos de minas, los lavaderos de oro o los castros, cuyas gentes han estado íntimamente ligadas al cultivo de la vid.

La rioja, más de 400 bodegas

OCT2009[1]_Page_13_Image_0003Hacia el este, la Rioja Alavesa posee interminables paisajes de viñedos y un abanico de bodegas inagotable (cerca de 400), desde la más tradicional a la más vanguardista, como se refleja, por ejemplo, en las Bodegas Ysios, diseñadas por el arquitecto Santiago Calatrava a partir de la sublimación de una hilera de barricas. Una larga lista para elegir dónde maridar cualquiera de sus vinos con una afamada cocina de autor o la cocina vasca más tradicional, y saborear una gastronomía fiel a sus raíces, bendecida por una despensa prodigiosa repleta de legumbres, hortalizas y verduras, chacinas, carnes y dulces.

Navarra

Junto a esta tierra se encuentra Navarra, que se enorgullece de su rosado, de sus tintos y blancos, cargados de historias y emociones, fruto de la tradición y la innovación. La intensidad de estos vinos procede de la variedad garnacha, la más extendida, que casa a la perfección con unos productos de gran calidad como son los pimientos, las alcachofas, los espárragos o las trufas, salidos todos ellos del campo navarro.

Tierra del Quijote

La Mancha, tierra del Quijote, sorprende por sus itinerarios de leyenda –con los implacables molinos de viento con los que se enfrentó el caballero de la triste figura, en primer plano– y su mar de viñas, la superficie más extensa de Europa. Recorre unos pueblos donde confluye una cultura vitivinícola arraigada desde época ancestral, un patrimonio artístico y paisajístico único y una gastronomía popular con nombre propio. Vinos de gran sabor, calidad y aroma para maridar con platos como los duelos y quebrantos, el pisto, las gachas, el ajoarriero y otros que ya hiciera famosos Cervantes en la novela más universal de la literatura española. Esta ruta, denominada Caminos del Vino, abarca siete pueblos de las provincias de Albacete, Ciudad Real y Cuenca.

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Andalucia

En Andalucía, la ruta de Montilla-Moriles, en la provincia de Córdoba, descubre los secretos de los racimos secados al sol y de los colores de sus vinos generosos e invita a adentrarse en la historia y la cultura de una región que mantiene hondas improntas de culturas como la judía, la cristiana, la musulmana o la romana. Un recorrido aderezado con una ruta del flamenco, visitas a almazaras o alfarerías y paseos por reservas y parques naturales, como las Sierras Subbéticas. También en territorio andaluz, la Ruta del Vino y el Brandy del Marco de Jerez acerca a la amplísima paleta de colores y aromas de unos vinos diferentes, salidos de sus extensos campos de tierra blanca albariza. Bodegas tan particulares como sus vinos, vinagres y brandis, junto a un rico patrimonio histórico-artístico y la amable acogida de sus gentes hace de la visita una experiencia inolvidable.

Tacoronte-Acentejo

El número trece para completar el total de rutas certificadas por Acevin corresponde a la de Tacoronte-Acentejo, en el norte de Tenerife, donde el visitante se encuentra con unos peculiares vinos elaborados con las variedades listán negro y negramoll, además de otras como la tintilla, listán blanco, malvasía, gual, marmajuel. Todas ellas con el valor añadido de ser cien por cien canarias y prácticamente únicas en el mundo. Y tras catar sus caldos, aún queda tiempo de dejarse acariciar por el Atlántico en sus playas de arena y piscinas naturales, asombrarse con los majestuosos acantilados marinos, pasear por calles históricas llenas de vida, caminar por bosques de laurisilva y disfrutar de su variada gastronomía, eso sí, siempre bajo la atenta mirada del Teide. Punto y final de un viaje guiado siempre por el placer de descubrir nuevos matices de cada caldo, fruto de entrar en contacto directo con la tierra donde han nacido y de la que han heredado su carácter. Una forma diferente de entrar en contacto con una enorme variedad de paisajes, culturas, tradiciones y estilos de vida, que, en todo caso, siempre maridan con una buena copa de vino.

Viajes y vino

Las 13 Rutas del Vino certificadas por la Asociación Española de Ciudades del Vino (Acevin) han pasado por un proceso de verificación para garantizar el cumplimiento de los criterios de calidad y normas de autorregulación que fija la entidad. Escapadas que representan una oferta diversa, profesionalizada, original y enfocada a un tipo de turismo no masivo y respetuoso con el entorno, en la que participan no solo las bodegas y los consejos reguladores de cada denominación de origen, sino también restaurantes, hoteles y comercios.

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