EN POCAS HORAS se puede pasar de la selva amazónica de la región de El Oriente a tocar el cielo en las cimas volcánicas de los Andes, bañarse en el Pacífico o atravesar la Nariz del Diablo. En el segundo país más pequeño de Suramérica cabe todo esto y mucho más. Ecuador tiene 640 kilómetros de costa, donde se extienden impresionantes playas que atraen a surfistas de todo el mundo, y donde se enmarcan coloridos pueblos de tradiciones ancestrales. A 3.000 metros a nivel del mar, en la cordillera de los Andes, se levanta Quito, la capital, donde viven casi dos millones de personas. Su casco antiguo es Patrimonio de la Humanidad. Un buen momento para visitarla es el 6 de diciembre, cuando se celebra la fundación de la ciudad y la fiesta inunda las calles. Cuenca es la otra gran ciudad colonial. Su centro histórico también es Patrimonio de la Humanidad, aunque lo más interesante quizá es ver cómo trabaja un maestro artesano de sombreros Panamá. Y es que los famosos sombreros de paja fina que han cubierto la cabeza de Napoleón, Winston Churchill o Paul Newman son ecuatorianos. Lo que sucede es que Theodore Roosevelt se fotografió con uno de ellos mientras visitaba la construcción del canal de Panamá, y se quedaron con el nombre de sombrero de Panamá. En Ecuador se conocen como jipijapa –nombre de una ciudad pequeña de la provincia de Manabí, de dónde se suponía que era original–, o como montecristi o toquilla. Aunque la capital es Quito, Guayaquil es la mayor ciudad del país con dos millones de habitantes, además de su motor económico. Es conocida como la perla del Pacífico y se encuentra en pleno desarrollo y modernización. Guayaquil conserva barrios históricos como Las Peñas o Cerro Santa Ana. Desde aquí se puede realizar una ruta por diferentes pueblos de la costa: es recomendable alquilar un coche para detenerse en parajes de arena blanca como la Playa de los Frailes donde solo algunos cangrejos toman el sol, y conocer pueblos como Manta, Salinas, Bahía de Caraquez o Esmeraldas.

EN AUTOBÚS Y TREN

Las carreteras no son especialmente buenas, pero los servicios de autobús son baratos (aproximadamente un dólar por una hora de viaje) y muy numerosos para llegar a todo el país. El viajero puede subir o bajar en cualquier punto del recorrido, tanto en las ciudades como en medio de la carretera. Además, es toda una experiencia porque subir a un autobús es como entrar en un gran supermercado: se puede comprar cualquier cosa que necesites, especialmente comida y bebida. Un billete de autobús urbano, en el que siempre suena la radio, cuesta unos 0,25 dólares, aunque hay que tener la habilidad de subir y bajar prácticamente en marcha. Tomar un taxi cuesta un dólar (en ciudades pequeñas) o dos dólares (si es un poco más grande). Aunque para viaje espectacular, el recorrido en tren por la Nariz del Diablo: se recomienda el trayecto completo entre Alausí y Riobamba. Aunque tarda tres horas en recorrer 100 kilómetros –intentando no arrollar a cualquier tipo de animal doméstico–, el paisaje andino vale la pena. Todo parece realmente barato en Ecuador, excepto llegar hasta Galápagos. El vuelo es más caro para los extranjeros y además hay que pagar una tasa especial (100 dólares). El archipiélago es Patrimonio Natural de la Humanidad, Reserva de la Biosfera, Parque Nacional y Reserva de Recursos Marinos. Por eso se intenta que la explotación turística se realice de forma ordenada. Para finalizar, un dato curioso: fue aquí donde Charles Darwin formuló su teoría de la evolución.