EL MUNDO AL REVÉS. Nuestros mayores acostumbran a comentar cómo han cambiado las cosas. Y a veces no les falta razón. Las vacaciones eran antes sinónimo de llenar el coche de bultos y plantarse en el pueblo. Ahora viajar es mucho más. Es salir de la rutina, es descubrir, es abrazar nuevas culturas. Y es, sobre todo, buscar lo que nos es ajeno. Para los que vivimos en países más o menos cálidos, la novedad podría residir, por ejemplo, en la Laponia finlandesa, donde uno puede alojarse en construcciones de nieve y hielo, que se renuevan por completo cada temporada y que solo pueden levantarse cuando las temperaturas descienden por debajo de los diez grados bajo cero. Algo que suele ocurrir en esta zona desde finales de octubre y durante el mes de noviembre. Las habitaciones están entre tres y cinco grados bajo cero, independientemente de la temperatura exterior, pero las pieles de reno y los sacos de dormir especiales permiten no pasar frío y descansar cálidamente durante la noche. Y, aunque la temperatura exterior alcance los -30º C, nadie debe asustarse, pues el clima es muy seco y la sensación térmica es de temperaturas bastante más elevadas. Al tiempo que uno se hospeda, en estos establecimientos puede conocer también la cultura lapona gracias a su decoración y a las exposiciones que ofrecen. Entre ellas destacan las esculturas de hielo: auténticas obras de arte que solo pueden sobrevivir en el corazón lapón. Y es que tanto la escultura como la arquitectura de hielo es todo un arte en Finlandia, donde incluso se han creado escuelas para estudiar nuevas técnicas. Fuera de estos confortables alojamientos, no debe olvidarse el interminable listado de actividades de inmersión en la naturaleza: excursiones en trineos o en motos de nieve, esquí, pernoctaciones en cabañas… Los más atrevidos tienen asegurado un baño en agua helada. Y los que busquen el calor en medio de la nieve, las saunas, típicas en todo el país.

CARÁCTER MONUMENTAL

El Snow Castle de Kemi es una obra maestra de la arquitectura de nieve y hielo. Sorprendió por primera vez en 1996, con 30.000 cubos de hielo reunidos en 13.500 metros cuadrados de extensión, lo que le valió entrar en el Libro Guinness de los Récords. El castillo es un magnífico ejemplo del gran talento y la destreza de los arquitectos y constructores locales y un auténtico espectáculo de luces y efectos sonoros. Se construye cada año cuando las temperaturas descienden por debajo de los diez grados bajo cero, normalmente en noviembre. En el 2008 abrirá sus puertas del 26 de enero hasta el 6 de abril. Si el viajero desea ampliar su estancia unos días en los alrededores del castillo, el Snow Hotel es el marco ideal para vivir las sensaciones de una noche ártica. Dispone de 20 habitaciones dobles, tres para grupos de cinco personas y una suite de luna de miel. La recepción es una instalación de madera muy acogedora, pero lo realmente especial se encuentra en las habitaciones, decoradas por estudiantes de la Universidad de Laponia o la Kemi Art School, con motivos de la vida ártica. El Snow Restaurant, por otro lado, está abierto en las mismas fechas que el hotel y durante el horario de apertura del castillo. El mobiliario es de hielo, como las múltiples esculturas, y las sillas están cubiertas de pieles de reno. Tiene aforo para 120 personas y dispone de un comedor privado para grupos y espacios reservados. Su carta ofrece desde almuerzos rápidos y aperitivos hasta comidas a la carta, además de bebidas frías y calientes. Cambio de rumbo. En Saariselkä, en el norte de Laponia, junto a los parques nacionales de Urho Kekkonen y de Lemmenjoki, se encuentra un auténtico poblado de especial encanto, con 31 cabañas de troncos, 20 iglús de nieve y 20 de cristal. Es el llamado Iglu Village Kakslauttanen. Los iglús de nieve pueden ser desde individuales hasta de 5 personas, y permiten al huésped una experiencia de inmersión en la tranquilidad más absoluta. La alternativa son los originales y únicos iglús de cristal de Kakslauttanen, idóneos para los más frioleros y los fanáticos observadores de auroras boreales. Como su nombre indica, están construidos en cristal térmico, disponen de calefacción graduable, y permiten ver lo que hay fuera del propio iglú sin exponerse a la temperatura exterior: contemplar el espectáculo de estrellas del cielo finlandés y, con suerte, hasta la aurora boreal (las probabilidades de avistamiento aumentan en los meses de septiembre, octubre, febrero y marzo). Los iglús de cristal vienen provistos de aseos básicos y camas motorizadas. Y cada mañana, los más atrevidos pueden darse un baño en agua helada o, los más frioleros, una sauna, aprovechando que en Kakslauttanen se encuentra la sauna de humo más grande del mundo. POBLADO HELADO El Snow Village, a 150 kilómetros de Rovaniemi y al oeste de Laponia, se encuentra entre las estaciones de esquí de Ylläs y Levi. Ocupa 7.500 metros cuadrados e incluye restaurante, bar, habitaciones y suites de hotel, así como esculturas exteriores de agua cristalizada. Además de los 20 iglús dobles y las artísticamente decoradas suites de hielo, cuenta con un planta subterránea con sauna, aseos, un par de habitaciones y un acogedor salón con una gran chimenea. El Snow Village ofrece al visitante una larga lista de actividades árticas, como travesías en trineos tirados por perros husky. Y para parejas interesadas en casarse en un paraje único, existe una íntima capilla para llevar a cabo la ceremonia, y hasta una suite de luna de miel en el propio Snow Hotel, un alojamiento funcional, hermoso y acogedor, que levantan cada año arquitectos y expertos del hielo. Y en este caso, subir la temperatura es también cosa de los recién estrenados esposos.