CULTURA NO ES solo desollar codos en una biblioteca, abonarse al canal de documentales científicos o recitar la lista de los reyes godos, tal y como –sorprendentemente– se obligaba a hacer en las escuelas españolas no hace tantos años. Hay otra cultura más amable, y es la que se adquiere viajando, impregnándonos sin darnos cuenta de tradición y costumbre, de idioma e historia. Además, descubrir nuevas tierras también nos acerca a los centros de cultura por antonomasia: los museos. Y Flandes va bien servida. Primero, Amberes. Tras el éxito que tuvo esta misma iniciativa el año pasado, el próximo 16 de agosto se celebra la Noche de los Museos, durante la que estas instalaciones estarán abiertas de 19.00 a 01.00 horas. A ellos se podrá acceder habiendo obtenido un único billete a un precio de seis euros (gratuito para los menores de 19 años). A parte de mostrar las colecciones permanentes y las exposiciones temporales, esa noche los museos brindan la oportunidad de participar en acciones especiales: paseos llenos de sorpresas, narraciones de historias y anécdotas, cócteles, conciertos, proyección de películas… El Museo del Diamante, por ejemplo, reunirá a talladores que transmitirán a los visitantes los secretos de las piedras preciosas. Y en la biblioteca Hendrik Conscience, algunos expertos se dedicarán a tasar los libros más valiosos que lleven los visitantes. Al margen de esta intensa noche, Amberes tiene otras muchas atracciones destacables, como Aquatopia, un acuario futurista que acoge una fascinante colección de peces tropicales y criaturas únicas del mundo submarino en un entorno altamente tecnológico. Tiburones, pirañas, pulpos… En Aquatopia la naturaleza se muestra en todo su esplendor y diversidad. Los animales sirven de guía al visitante a través de una selva tropical, cuevas subacuáticas, arrecifes de coral o las profundidades del océano.

EN LA CAPITAL

Para comenzar a visitar Bruselas por todo lo grande, hay que dirigirse a lo más pequeño: MiniEurope es un curioso parque con más de 350 miniaturas de edificios representativos de todo el continente. Invita, por encima de todo, a viajar, haciendo escala en las góndolas venecianas, la Grand Place de Bruselas o la Acrópolis de Atenas. Los monumentos son exactos a sus originales hasta el mínimo detalle. Y aún habiéndose utilizado una escala de 1/25 en todos los casos, no dejan de impresionar: el Big Ben llega a alcanzar los 4 metros de altura; y con sus 13 metros, la torre Eiffel supera en altura a un edificio de 3 plantas. De la arquitectura, al medioambiente. El Museo de Ciencias Naturales, con exposiciones de minerales terrestres, piedras lunares, moluscos, crustáceos, insectos… Y después de varios años de trabajo, la mayor exposición de dinosaurios de Europa, con 32 esqueletos, entre ellos el impresionante tyrannosaurus rex, el triceratops, el largo stegosaurus o el olorotitan. Y el que es casi una insignia de Bruselas es el Atomium, con sus nueve átomos aumentados nada menos que 150 billones de veces, sus 102 metros de altura y sus 2.400 toneladas de peso. Fue construido con motivo de la Exposición Universal de 1958 y en su construcción trabajaron 15.000 personas. La entrada al Atomium no es precisamente barata, pero merece la pena adentrarse en este monumento, subir (en ascensor) hasta el átomo más elevado y disfrutar de unas magníficas vistas de la ciudad. El descenso se efectúa mediante escaleras mecánicas y, a menudo, algunos de los átomos se convierten en salas de exposición.