Hay lugares con encanto que multiplican su atractivo durante las fechas navideñas. Este es el caso de la región de Flandes, en Bélgica, que se convierte en digno escenario de un cuento de Charles Dickens con una amplia propuesta de turismo y ocio. Se trata de un destino apto para todos los bolsillos. Fronteriza con Francia y Holanda, Flandes cuenta con una muy buena comunicación en avión desde las principales ciudades españolas, así como con una extensa red ferroviaria que permite combinar diversas capitales en una misma escapada.

Aun así, es difícil escoger solo una de sus ciudades como destino porque muchas de ellas cuentan con el reconocimiento de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Tal es el caso de la Grand Place de Bruselas, un lugar donde se encuentran las antiguas casas gremiales y que el dramaturgo Jean Cocteau definió como el teatro más bello del mundo por su arquitectura y habitantes variopintos. Actualmente, la Grand Place, además de acoger mercadillos y festivales, cuenta con una amplia oferta de restaurantes y cafés. Otras de las obras arqui- tectónicas exclusivas de Flandes –y que tam- bién ostentan la distinción de la Unesco– son los campanarios y los beaterios. Los primeros eran torres civiles construidas en la Edad Media para guardar los privilegios de la ciudad, que también hacían las funciones de torres de vigilancia. Entre las más bellas, la de Gantes y la de Malinas, con un imponente carrillón.

Para conocer el origen de los beatarios hay que viajar hasta los tiempos de las cruzadas, en los que funcionaban como pequeñas comunidades, en las afueras de las ciudades, para mujeres solteras o viudas. El paso de los siglos ha dado a estas construcciones otros usos. Ahora están habitados por monjas benedictinas, en Brujas, o por estudiantes, en Lovaina.

Un escenario de cuento durante las fechas navideñas

Mercadillos, moda y vida nocturna. Uno de los mayores reclamos para aquellos que visitan Flandes durante esta época del año son los mercadillos de Navidad, que se pueden visitar en Amberes, Brujas, Bruselas, Gante, Lovaina y Malinas. Comienzan su actividad a finales de noviembre y se prolonga hasta después de Año Nuevo (para conocer fechas y actividades, consultar www.visitflandes.net). Aunque el clima es templado, la nieve siempre hace acto de presencia, así que una de las mejores maneras de superar el frío es tomar un vino caliente en uno de los muchos puestos que lo ofrecen o bien darse un paseo por la multitud de tiendas flamencas con el objetivo de hacerse con algún producto típico, como los pralinés, las piezas de encaje o los cómics. Mención especial merece el diseño de moda en Flandes. En Amberes, coronada como una de las capitales europeas de la moda, se pueden adquirir las creaciones de diseñadores flamencos con fama internacional, como Dirk Bikkembergs o la joven Ann Demeulemeester.

Rompiendo con los tópicos, Flandes goza de una vida nocturna envidiable. En las ciudades universitarias, como Lovaina, los locales no cierran hasta bien entrada la madrugada. La música está presente en la gran mayoría de los clubes, como en Bruselas y Amberes, donde reinan los estilos tecno y disco. Para un ambiente más relajado, Brujas, con sus canales iluminados, ofrece una estampa perfecta antes de ir a dormir y reponer fuerzas.

La gastronomía de Flandes

Aquellos con espíritu de bon vivant encontrarán su sitio en Flandes, sobre todo los que sientan debilidad por el chocolate en todas sus variantes posibles. La calidad del cacao belga traspasa fronteras. Con una producción anual de 172.000 toneladas anuales, el país cuenta con más de 2.100 chocolaterías, muchas de las cuales aún continúan haciendo sus bombones de manera completa- mente artesanal. Algunas de ellas, como Neuhaus, cuenta con más de un siglo de actividad. Los bombones –pralinés– se suelen vender en unas pequeñas y llamativas cajas llamadas ballotins, diseñadas especialmente para una conservación óptima del preciado producto. Aun así, el mejor consejo es no guardarlos en el frigorífico, pues perderían su caracterís- tico aroma. Más allá de los bombones,

las galletas de especias –speculoos–, las gominolas artesanas –cuberdons– y los gofres –wafels–, la cerveza se sitúa como otra de los grandes reclamos de esta tierra. Existen más de 365 variedades de esta bebida, muchas de las cuales se sirven en jarras diseñadas para que no se pierda ni un ápice de su sabor y cuerpo. Las opciones son casi infinitas. Se puede degustar cerveza de frambuesa, blanca, como no de chocolate y de Lambic, la más conocida en Bruselas. Esta variedad se elabora con una fermentación espontánea que da como resultado una bebida seca y rotundamente efervescente que, como el vino, mejora con los años.

Texto: Ángela Plaza

Foto: Turismo de Flandes