ESCAPADA DESDE TOULOUSE A DOS CIUDADES QUE PRESUMEN DE CAMPANARIOS DE EXCEPCIÓN

Toulouse se encuentra a apenas tres horas de Barcelona en tren de alta velocidad, algo que abre las puertas a una escapada no solo a la conocida como la ‘ciudad rosa’ sino también a todo Midi-Pyrénées y sus 26 Grandes Parajes. De ellos, los más accesibles desde Toulouse son Albi, que se encuentra a una hora de trayecto en tren, y Rodez, a dos horas de camino. Una vez en alguna de estas localidades, dos días son suficientes para, como mínimo, conocer sus puntos más destacados.

Texto: Xavi Datzira / DESTINOS

El magnetismo de las dos torres

albi

Saliendo el viernes por la tarde en tren de Barcelona hacia Toulouse (pasando allí una noche), se puede estar el sábado a primera hora en Albi para disfrutar especialmente de su ciudad episcopal, Patrimonio de la Humanidad. Nada más llegar, conviene pasear por el centro antiguo, el Vieil Alby, que se despliega en torno a la catedral de Sainte-Cécile y su imponente campanario-torreón. Herencia de la edad media, el barrio invita a explorar las callejuelas bordeadas de casas de construcción entramada de madera, las tiendas de artesanía, los bonitos palacetes construidos en el Renacimiento gracias al comercio del pastel (un pigmento azul de gran popularidad en la época) y otros tesoros del patrimonio albigense.

En la zona antigua también destaca el mercado cubierto, con sus miles de colores. En la época medieval, los alrededores de la catedral y de la colegiata Saint Salvi se empleaban ya para el comercio. A partir de 1860, como otras tantas ciudades francesas, Albi se lanza a la construcción de edificios públicos monumentales y se toma la decisión de construir un mercado de alimentación cubierto, imitando las Halles en París. Se diseñará un mercado triangular cubierto, de estructuras metálicas, paredes de ladrillo y grandes persianas.

Pero el objeto de todas las miradas es la catedral de Sainte-Cécile, que domina la ciudad de una manera magistral. Rodeada de comercios y restaurantes, es una obra maestra del arte gótico meridional. Impresionan sus montajes de ladrillos y su campanario-torreón, mientras que en el interior reina una atmósfera cargada de espiritualidad, con su enorme pintura mural del Juicio Final situada debajo del órgano y el más extenso conjunto de pinturas italianas realizadas en Francia al principio del Renacimiento.

TOULOUSE-LAUTREC. Adosado a la catedral, y casi tan majestuoso, aparece el palacio de la Berbie, la antigua residencia de los poderosos obispos de Albi. Actualmente alberga el museo Toulouse-Lautrec, consagrado al famoso pintor nacido en la ciudad en 1864. En él se puede descubrir la personalidad singular de Henri de Toulouse-Lautrec y su universo de cabarets, prostíbulos, circos, hipódromos… con más de 1.000 cuadros de juventud, retratos principales, dibujos, carteles y litografías.

Enteramente renovado y reestructurado, el museo se encuentra entre los grandes museos contemporáneos de Francia. Las instalaciones se abren, además, a unos jardines a la francesa, creados en el siglo XVII. Dispuestos sobre las terrazas del Tarn, reservan un punto de vista inolvidable sobre el río y la ciudad.

rodez

Nada más salir de la estación de tren, tras el viaje desde Toulouse, se puede enfilar directamente hacia el centro antiguo de Rodez, capital del Aveyron, cuna de algunas de las más bellas creaciones francesas, desde el cuchillo de Laguiole al viaducto de Millau pasando por el queso Roquefort. La ciudad aparece ensalzada por la potencia de la catedral de Notre Dame, acabada a principios del siglo XVI. Con 87 metros de alto, su campanario de encaje de gres rojo se enfila hacia el cielo, abarcando a su alrededor el casco histórico y los barrios de tejados azulados, sujetos a la pendiente. Esta imponente construcción emite una energía magnética, que es todavía más impactante de noche, cuando aparece iluminada por 500 proyectores.

Paseando por las plazas de la Cité, Du Bourg, Foch o por las calles de Bonald y Neuve, el visitan-te descubrirá moradas renacentistas y coquetos palacetes (Delauro, Adhémar, Bonald…), tiendas con productos locales y cafés que se amontonan unos contra otros, dotando la ciudad de vida social. En el centro de la ciudad también se encuentra el Haras National (Acaballadero Nacional), epicentro de los deportes ecuestres.

ARTE EN NEGRO. El museo Pierre Soulages se sitúa cerca del centro histórico. Nacido en Rodez, Soulages es uno de los pintores franceses vivos

más famosos del mundo y conocido por su predilección por el color negro. El pintor abstracto donó a su ciudad un número considerable de sus obras (alrededor de 500 obras y documentos), lo que permitió inaugurar en el 2014 un museo dedicado a su trabajo. Su arquitectura con determinación contemporánea es en sí mismo una emoción estética. Enteramente revestido de acero corten (que transmite una sensación de material oxidado), el museo se extiende sobre 6.000 metros cuadrados. Además de las salas de exposición, alberga el Café Bras, que tiene como objetivo extender los conceptos del museo a la gastronomía, tanto de la mano de la alta cocina como de los platos más informales. Está liderado por los chefs Michel y Sébastien Bras, que cuentan con tres estrellas Michelin en su restaurante de Laguiole. De hecho, todo el departamento del Aveyron alberga un buen número de restaurantes estrellados, así como numerosos mercados y tabernas para degustar las especialidades locales.

Asimismo, existen otros dos museos que vale la pena visitar. El museo Denys Puech revela el talento de este escultor, gran premio de Roma en 1884, que sorprende con su arte contemporáneo. El museo Fenaille, por su parte, acoge al visitan-te en el majestuoso marco del palacete Jouéry (siglos XIV-XVI), antes de hacerle vibrar con su excepcional colección de estatuas-menhires.