ASTURIAS ES UN PARAÍSO donde el mar roza la montaña y los bosques todavía som- brean los ríos. En cualquier zona de esta co- munidad en la que uno se encuentre, se es- tá a un paso de Gijón, la ciudad más activa del Principado. Situada en el centro de la cor- nisa cantábrica, inicio de la Ruta de la Plata y en pleno Camino del Norte de Santiago, Gijón huele a mar y a cultura. Sus más de 2.500 años de historia recuerdan las huellas de la civilización romana. El Parque Arqueo- lógico de la Campa Torres, el barrio de Ci- madevilla y las Termas Romanas del Campo Valdés son los principales vestigios romanos que descubren el origen de la ciudad. Sin olvidar su pasado, Gijón ha cultivado con entusiasmo el modernismo arquitectó- nico y la vanguardia escultórica, simboliza- da en el impresionante Elogio del Horizonte, de Eduardo Chillida, que corona la ciudad desde el cerro de Santa Catalina. Municipio verde por excelencia, Gijón cuen- ta con más de 15.000 hectáreas de espa- cios verdes y 5.000 árboles en su casco ur- bano. El Jardín Botánico Atlántico merece una visita. Es un espacio diseñado para al- bergar más de 30.000 plantas y hasta 2.000 especies de todo el mundo. A finales de año también se podrá visitar el Acuario de Po- niente, un complejo con 67 acuarios que ofre- cerán al visitante un recorrido por una do- cena de zonas marítimas de todo el mundo. Y es que estamos ante una de las princi- pales villas marineras de la España verde, que un día fue uno de los más importantes puertos balleneros del norte español y hoy es puerto deportivo. La Estación Náutica Gi- jón Costa Verde es un rincón privilegiado pa- ra vivir el mar y practicar deportes náuticos: vela, submarinismo, pesca excursiones en barco, avistamiento de aves marinas, delfi- nes y otros cetáceos.

INNOVACIONES CULINARIAS

Gijón aporta a la gastronomía astur origina- les innovaciones a partir de unas recetas cu- linarias tradicionales. El viajero no debe mar- charse sin haber probado los pescados y mariscos del Cantábrico, regados por la si- dra, caldo astur por antonomasia. Una op- ción muy recomendable es cenar en una es- picha típica asturiana, tradicionalmente em- pleada como remate de las faenas agrícolas, en las que se juntaban vecinos y parientes. Consiste en la degustación de sidra natural y de los productos de la cocina del país, aña- diendo de vez en cuando canciones, músi- ca y bailes populares.

TEXTO ANNA RIERA