LO QUE EMPIEZA

como una noche solita- ria vagando por la (todavía) desconocida Gi- nebra fácilmente puede desembocar en una butaca de Le Scandale, el Alhambar o cual- quiera de los eclécticos locales de moda, con- gregando a un nutrido grupo de suizos, ale- manes, italianos, portugueses o españoles con quienes compartir historias. La ciudad es, ante todo, cosmopolita, abierta, amable, tolerante. Y no podía ser de otra forma, te- niendo en cuenta que un 40% de la pobla- ción no es autóctona.

 Tras unos dulzones kirs (cóctel hecho con vino blanco y casís) la noche se dilata y, al día siguiente, el amanecer parece mareado. Per- fecto para un paseo junto al lago Leman, el más grande de Europa occidental, y centro de la vida ginebrina. En verano, es playa don- de pescar, bañarse, practicar deportes acuá- ticos o efectuar rápidas travesías de una ori- lla a otra sobre una mouette. En invierno, atempera el clima de la ciudad y ofrece ro- mánticas estampas, especialmente hasta el próximo día 7 de enero, con las creativas ins- talaciones nocturnas del Festival de los Ár- boles y las Luces. En el interior del lago se eleva el Jet d’Eau (en la imagen), al que los ginebrinos se refieren sencillamente como el chorro, con su deslumbrante penacho de es- puma blanca de 140 metros de altura, con- vertido en símbolo de la ciudad. Mirando en la dirección en que fluye el Ró- dano, la ciudad parece dual. En la orilla iz- quierda, las pintorescas callejuelas del casco antiguo, la catedral protestante (sobre un es- pectacular museo arqueológico y junto al Mu- seo de la Reforma) y la zona eminentemen- te comercial, con las marcas más internacio- nales y exclusivas.

 En la orilla derecha, ho- teles y las organizaciones internacionales, co- mo la Cruz Roja, la Oficina de las Naciones Acnur, el Unicef o la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Para ir de una a otra, basta con hacerlo a pie o en bicicleta, pues las distancias en Ginebra nunca son dema- siado largas. Además, es una forma de im- pregnarse del carácter de una ciudad limpia y verde (la segunda de Europa después de Londres). Vigila el paseo Le Salève, la mon- taña de los ginebrinos, en la inmediata Fran- cia. Y más allá, en los días claros, se perfila el Mont Blanc, el pico más alto de Europa oc- cidental. Con sus 4.808 metros, es una pres- tigiosa región alpina, con las reputadas esta- ciones del Jura y de los Alpes.

 MOTOR CON POMPA

Pero al volver la mirada a la ciudad, y olvi- dando por un momento lo bucólico del pa- seo saludable, sobrecoge la ostentación, que lleva a los ginebrinos a pasearse por sus ca- lles con fastuosos vehículos. Allí se mueve di- nero, de eso no hay duda. Y 450 bancos pri- vados dan fe de ello. Dar salida a esta riqueza es fácil en Ginebra. A ello colaboran unos treinta museos, entre los que están el Patek Philippe, el Museo de Arte e Historia, el de Historia Natural o la Fun- dación Bodmer, un sorprendente homenaje a la historia de la escritura a través de obras originales de todos los tiempos. También es fácil perderse con el bolsillo lleno entre el lla- mado mercado de las pulgas, que cada miér- coles y sábado toma la plaza de Plainpalais. Un rastro con tenderetes donde se amonto- nan muñecos antiguos, ropa usada, libros vie- jos, discos de vinilo, sellos o cachivaches di- fíciles de identificar.

 EXCURSIONES BUCÓLICAS

 Los alrededores de Ginebra esconden algu- nas visitas recomendables, como es Carou- ge, construido por arquitectos de Turín en el siglo XVIII y restaurado en los años 60. En él destacan los patios y los jardines interiores de muchas viviendas y la actividad artesanal, que conforma un barrio creativo y original: fabri- cantes de pasta de vidrio, de prendas de hi- lo, jabones, tes, relojes. Objetos que embau- can, a precios –digamos– poco asequibles. Y tampoco hay que olvidar Hermance, otra villa junto al lago, compuesta por casitas de piedra que parecen salidas de un cuento. Además, el viaje hasta el pueblo viene acom- pañado de geométricos paisajes que ejem- plifican el viñedo ginebrino, de 1.500 hectá- reas, del que nacen las variedades de uva con las que se fabrica, entre otros vinos, el gine- brino Gamaret. Exquisito, y todavía algo desconocido. Como toda Ginebra.

ATRACTIVA CIUDAD

 El compromiso humanitario y la reputada gastronomía la caracterizan

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