UN PASEO POR la arquitectura británica de última generación permite comprobar la conjunción de modernidad y tradición que es actualmente Gran Bretaña. Personajes como Richard Rogers, Zaha Hadid o Norman Foster son los responsables de la creación de edificios espectaculares, que surgen de la reinterpretación del uso de materiales clásicos, como el cristal. Y si de metal y acero va la cosa, es obligatorio comenzar por el norte de Inglaterra, centro de la revolución industrial. En Manchester, a un lado del canal, aparece la impresionante estructura metálica deconstructivista del Imperial War Museum North, diseñado por el prestigioso arquitecto Daniel Libeskind. Al otro lado queda el no menos imponente centro de arte The Lowry, que alberga el mayor teatro de Gran Bretaña fuera de Londres. Y en pleno centro histórico se alza el museo Urbis, diseñado por Ian Simpson y al lado del cual la catedral de la localidad parece quedarse pequeña. También en el centro de la ciudad de Birmingham, y como si de un ovni recién aterrizado se tratase, se encuentra otro de esos iconos futuristas. El edificio de los almacenes Selfridges es obra del estudio Future Systems y está basado en el diseño de cota de malla de Paco Rabanne. Más al norte, en Newcastle Gateshead, se encuentran otros ejemplos imprescindibles de la nueva arquitectura británica. En la zona del puerto fluvial está el Millennium Bridge, un puente que se abre y se cierra como un párpado. Y a pocos metros está el impresionante conjunto de cristal y acero diseñado por Norman Foster, The Sage Gateshead, un templo dedicado a la música y al descubrimiento de nuevos sonidos.

PERSONALIDAD GALESA

Cardiff fue nombrada capital de Gales en 1955, convirtiéndose así en la capital más joven europea. Por esta razón no podía quedarse atrás en lo que respecta a arquitectura de última generación. Sus tres mejores iconos arquitectónicos contienen las tres características que definen la personalidad galesa. Por un lado, la música, representada por la Bay Opera House de la prestigiosa Zaha Hadid, cuyo diseño tiene el objetivo de reproducir la sensación de euforia y drama de una noche en la ópera. Por el otro, el rugby, el segundo símbolo nacional, representado en el Cardiff Millenium Stadium, unos de los edificios más admirados por los británicos. Finalmente, el futurista Great Glass House de Norman Foster. Una moderna estructura es actualmente sede del jardín botánico nacional y representa un claro ejemplo de arquitectura sostenible. En el tema de los jardines, todas las miradas se dirigen al The Eden Project en el suroeste de Inglaterra. La península de Cornualles puede presumir de poseer la construcción moderna más valorada por los propios británicos, en una reciente encuesta de la BBC. Eden es un espectacular proyecto que como bien indica su lema pretende conectar plantas, gente y lugares. Un auténtico organismo futurista en perfecta simbiosis con la naturaleza. En Edimburgo, la sede del Parlamento del arquitecto catalán Enric Miralles ha entrado a formar parte de la iconografía simbólica de Escocia. De la misma forma que la torre de la compañía de seguros Swis Reinsurance (foto), alias El Pepinillo, pariente directa de la torre Agbar de Barcelona, que también ha sido rebautizada con diversos y cariñosos apodos.